sábado, 30 de diciembre de 2023

El imposible mundo de la escritura sin lectura

Hace unos seis o siete años supe la verdad aunque no me enteré. 

Un conocido de una asociacion cultural llamada Ávila Abierta, de la que nunca fui miembro, me propuso ser jurado de un concurso de cuentos que habían convocado por internet. Para mí fue un honor en los primeros segundos: uno lee las diatribas finales de los premios donde están escritores conocidos y se podría sentir bien siendo parte de aquello. Pero es un mal rollo: nos entregamos a la literatura para leer lo que es mejor y reconocemos igual o mejor que lo que escribimos, y no para perder el tiempo desbrozando un monte. Aunque leí todo lo que me pasaron no me gustó nada y renuncié, después de señalar a otro miembro del jurado, los que me parecieron menos malos y los detalles por los que hundía los demás. No tuve ni la curiosidad de saber a qué relato premiaron.

El problema epidémico surgió cuando en los 90 se popularizaron los ordenadores donde era fácil escribir sin apretar mucho los dedos y corregir sin repetir todo lo escrito, hasta interpolar, y también auxiliarse de correctores ortográficos y diccionarios de sinónimos. Quien antes de aquello quería ser escritor tenía que contratar a una mecanógrafa, como hacía Miguel Delibes, o pelearse con la Olivetti y la paciencia. Ahora con el procesador de textos está al alcance de cualquiera, gracias al bienestar social el mundo desarrollado tenemos mucho tiempo para este ocio, que se multiplica exponencialmente con las jubilaciones y las prejubilaciones tan abundantes últimamente.

Muchos de los prejubilados tenían pendiente escribir una novela, y otros que no lo son todavía aprovecharon "el obligado parón del COVID" para iniciar la que les rondaba en la cabeza.

No tengo duda de que sin necesidad de lo anterior la oferta multiplicaba a la demanda, y que Argentina está llena de Borgeses y de Cortázares, Colombia llena de Garcías Márqueces y España de Camilos Josés Celas y todos los países del mundo y en todos los idiomas igual.

¿Y quién puede decidir quienes son los buenos? Alguien que los leyera a todos, lo cual es imposible como contar la arena del desierto; hay que contratar "negros" lectores, lo que probablemente antes se hacía por pasión y por honor pero hoy habrá que pagarlos, y bien, porque es ingrato e ingente: ni siquiera yo fui capaz de ser jurado de un concurso de cuentos. Tiene que ser gente con criterio, pongamos profesores de literatura o filólogos en paro. ¿Cuántos son necesarios para reducir mil novelas a las cinco mejores para que se las lea y dilucide el gran jurado final de nombres sonoros entre los que solía estar Pere Ginferrer? Cien profesores de literatura leyéndose 10 novelas por obligación cada uno, o doscientos, para asegurar que la manía o el mal día que le tocó leer la novela no descartó una "Ciudad y los perros". No: es imposible y carísimo. Porque supongamos que cada lector de 10 novelas hunde 9 y salva una, nos quedan 100 novelas ¿quién sigue seleccionando hasta llegar a las cinco últimas? Mejor saber ya a quién le vas a dar el premio y librarte de todo eso otro: es decir, directamente no leerlas. 

No hay paredes para colgar todos los cuadros que se pintan en España, ni patios o muebles para todas las esculturas. Es imposible escuchar todas las versiones que hay en Youtube de Recuerdos de la Alhambra o del Preludio en do mayor del clave bien temperado de Bach.

Algo parecido sucede con las fotografías. El mundo es enorme e inabarcable, cada paisaje puede producir diariamente varios instantes maravillosos de puesta de sol, todos los otoños millones de árboles despliegan múltiples paletas multicolores, con variedad de luces y de nubes, y muchísimas personas son capaces de apreciarlo y capturarlo. Detalles minerales, vegetales y animales, cada uno con su enfoque y su luz variable: todo puede ser arte fotográfico.  Cuando mi mujer y yo recogíamos conchas o cantos rodados en la playa al final nos aburríamos, todas eran tan igual y distintamente hermosas que no podía ser.

Hacen falta lectores que no quieran ser escritores, que compren y lean dócilmente lo bueno lo regular y lo malo, el problema es que las editoriales tienen que ser un negocio rentable, ¿quién leerá por gusto, con fe de estar haciendo algo interesante, que recompense el tiempo invertido cualquier cosa incierta?


Soltarlo en la red como hago yo es igual que lanzar una botella con un mensaje al mar.

Me gustaría haber sido cualquier escritor famoso de los muchos buenos que hay. Tener voz. Pero agradezco mucho el comprobar que me lea alquien, aunque no pueda comprobar quién eres, ni siquiera saber si no eres más que una ilusión informática artificial para que me anime y me dé vidilla.

Aún

 Aún se acentuaba diacríticamente cuando significa "todavía". No sé si lo habrán cambiado en estos últimos años.

Aún no se nota que hayamos doblado el equinocio. Esta mañana sobre las ocho parecía que había menos luz que ayer aquí en Béjar, el tercio oeste de la península Ibérica. He oído, (o creo sin mucha fe) que por las mañanas sigue reduciéndose la luz, mientras que se empieza a ganar más por las tardes.

Los viejos de la edad de mi padre decían: "para Reyes ya se conocen las tardes". Espero ese renacer de la luz, este otoñinvierno ha sido muy duro para mí moral. Tampoco ignoro que dentro de seis o siete meses vendrán los calores y desearé que aparezca el frío.

Pero quiero ya más luz, que renazca de esta noche estirada. Quien vive en Suecia o en Canadá me dirá que ¡ya me vale!

jueves, 28 de diciembre de 2023

Líneas rojas

 En España durante muchos años hubo una banda terrorista, (la ETA) que propugnaba la independencia de las provincias vascas y la anexión de Navarra a ese proyecto independentista. Mataron a más de 800 personas, pero dejaron heridas a muchas otras, fisica y psicológicamente.

Hay 12 miembros del Partido Socialista Obrero Español que fueron asesinados: Germán González López, Enrique Casas, Vicente Gajate, Fernando Múgica, Francisco Tomás y Valiente, Fernando Buesa, Juan María Jáuregui , Ernest Lluch, Froilán Elespe, Juan Priede, Joseba Pagazaurtundua e Isaias Carrasco, y lo fueron singularmente: alguien siguió sus movimientos y uno o varios matarifes ejecutaron el crimen. El suelo se manchó de sangre roja. Todos nos estremecimos. La organización terrorista jugaba una partida de ajedrez para desestabilizarnos y jugaba con balas y explosivos con los que destruían órganos vitales de gente de todos los partidos y profesiones para lograr su "sagrado" fin.

La democracia española admite que sus herederos políticos se presenten defendiendo aquel proyecto, es lícito recabar votos para ello. Yo no lo niego.

Lo que no es lícito, a mi modo de ver, es que el actual PSOE, olvidando lo que pasaba hace poco más de diez años, en que los terroristas fueron desarticulados gracias al trabajo de mucha gente, que no se rindieron ni pidieron perdón, que aún homenajean a los asesinos que vuelven a sus pueblos después de cumplir su condena, cedan ahora con sus votos una institución tan importante y simbólica como el ayuntamiento de Pamplona a esa formación política, cuando siempre dijeron que nunca cruzarían esa línea roja de sangre, de la sangre de sus 12 compañeros y de los ochocientos más que fueron calculadamente asesinados sin pararse a pensar en todos los demás daños colaterales que produjeron sus bombas y aquel miedo que teníamos todos.

Ayer era el día de los santos inocentes, que recuerda que Herodes por tratar de eliminar a Jesucristo mandó matar a todos los niños de su edad. Para mí los santos inocentes del PSOE son  Germán González López, Enrique Casas, Vicente Gajate, Fernando Múgica, Francisco Tomás y Valiente. Fernando Buesa, Juan María Jáuregui , Ernest Lluch, Froilán Elespe, Juan Priede, Joseba Pagazaurtundua e Isaias Carrasco. 

Yo ni olvido las promesas, ni olvido a esta pobre gente cuya muerte señalada, calculada y ejecutada nos dio un mal día a los españoles, mientras los terroristas lo celebraban con champán o con cava catalán (parece que esa era su costumbre)

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Tú no sabías hasta ahora que eres importante

Mirando las estadísticas llevo observándote varias semanas. Eres fiel, supongo que le has ordenado (ordenar suena demasiado militar, pero como son tan obedientes acatan) a tu máquina que te avise cuando publico algo nuevo, para leerme cuanto antes, y no fallas: yo lo compruebo ilusionado, hasta responsabilizado para estar a la altura de tu fidelidad.

Tengo alguien, una persona que sigue este blog desde Suecia. No conozco a nadie de allí, nunca he hablado con un sueco, sí con bastantes daneses, admiraba mucho al guitarrista sueco Goran Scholscher cuando solo podía escucharle, pero al ver la inexpresiva cara me he decepcionado, no transmite la música: hasta un día le hice una mala crítica, pero es que el aria de las variaciones Goldberg pedía otro aire que el suyo. Hay cien guitarristas con los que lo paso mucho mejor en youtube , aunque estoy suscrito y le escucho sus novedades.

También puedes ser un chileno. Muchos fueron acogidos allí tras el golpe de Pinochet, aunque para mí solo existe uno que haya sido capaz de conocer y admirar: Julio Numhauser el autor de la canción Todo Cambia. 

Pero puedes ser cualquiera: un estudiante de español, un inmigrante de cualquier lugar donde hablamos este idioma. No importa, yo te aprecio y siento el enorme orgullo de que me aprecies, aunque supongo que no acertaré siempre. Gracias, por supuesto, a todos los demás y a ti singularmente porque las estadísticas me muestran tu singularidad. Un mapa rellenado y un número han construído en mí un sentimiento.

martes, 26 de diciembre de 2023

Tirar la toalla

 Los boxeadores sudan mucho y en sus rincones siempre hay toallas para secarlos, pero también ese utensilio textil es un medio de comunicación: si el entrenador ve que están matando a su pupilo puede parar el combate tirando la toalla al ring.

Uno lleva todos los tramos de la vida tirando la toalla: de niño hacia el año 74, quería ser futbolista, sabía que ni siquiera era el mejor de mis compañeros pero "alguien me descubriría", parecido sucedió con la guitarra, con los estudios, con las conquistas sexuales o amorosas, hasta con las ilusiones políticas aunque  siempre quedó la literatura como reservorio de ilusión  de ganar.

La vida es perder, ir resignándose; todo merma, todo defrauda, hasta lo más grande que es la paternidad, la continuación de la apuesta ilusionada por la prolongación de la vida. Al final uno tiene que conformarse con un bastón porque otros llevan dos, o con dos, porque otros van en sillade ruedas, o con ir en silla de ruedas, porque a otros ni les bajan de la cama.

Pero el dramático momento de tirar la toalla dando por muerta una posibilidad duele, es contra natura. Estamos construídos de ilusiones, un niño es un iluso que crece, un viejo, que yo ya lo soy, es un cascarrabias decepcionado.

Aunque siempre vive el iluso reinventándose con el rabillo del ojo.

"El olvido que seremos", final

Una obra magnífica acabó con un escalarecedor epílogo sobre el ser y el quedar. 

Y si mis recuerdos entran en armonía con algunos de ustedes, y si lo que yo he sentido (y dejaré de sentir) es comprensible e identificable con algo que ustedes sienten o han sentido, entonces este olvido que seremos puede postergarse por un instante más, en el fugaz reverberar de sus neuronas, gracias a los ojos, pocos o mucho, que alguna vez se detengan en estas letras.

"No somos nadie" se dice todavía en los velatorios por algunas personas más castizas. Héctor Abad Gómez, el protagonista involuntario de esta novela-biografía, aupado por su hijo, dio un paso más en el éter. Gracias a este libro es alguien aunque se borre su nombre de mi recuerdo y del vuestro en pocas semanas: tuvo quien le escribiera. 

Colombia es un país en el que matar y morir siempre ha resultado barato. Los muertos, aún los héroes, como lo fue esté médico, no son más que número de muertos, y sus nombres no son más que nombres. Cualquiera es otro de tantos, que no se recordarán por muchos años a no ser que alguien los renueve y los vuelva a dar vida escrita.

Hubo una gran novela de Vázquez Montalbán, llamada Galíndez que también resucitó a un muerto, y luego vino Vargas Llosa y rodeó la historia con la Fiesta del Chivo, con lo que volvió a revivir colateralmente. Sin estos dos grandes escritores no habría nada vivo de aquel hombre, más que para algún historiador de tésis de las tantas que el tribunal no se lee. Gracias a los eximios escritores saldrá aquel nombre por muchos años en los crucigramas y en los concursos televisivos de cultura general, y alguien más leerá su historia literaria para conmoverse y disfrutar de la narración.

Héctor Abad Gómez, el padre de Faciolince, hubiera sido una muerte inútil más, un nombre en la ristra, una suma. Ignoro si sirvió de algo su vida de luchador público, de valiente, de líder heróico. Creo, después de leer la novela, que no, y está de acuerdo conmigo el autor (y yo con él).

Lo único para lo que sirve la novela es para que yo, que hoy la acabé de leer, recuerde y sienta su ejemplo: soy uno más, aunque compré el libro de segunda mano así que ya contó otra persona por mí antes. Mi blog es poca cosa pero algo extiende ese ejemplo de amor y sacrificio. El hijo puede estar hoy un poco más feliz por la breve resonancia que le añado ahora a su padre en vosotros.

Y todo sucede en Medellín en del famoso cártel, el del más famoso muerto -gran atracción turística- Pablo Escobar, que no llega a salir en sus 274 páginas. Parece que en Colombia hay o hubo  hasta violencias paralelas.

Que le maten a uno a su padre brutalmente, con seis balazos, de un minuto para otro arrancado de la vida con muchas asuntos pendientes de hacer y muchos deudos, tiene que ser lo peor, de lo más horrible e incomprensible; de lo que te despierte muchas veces en la cama y te preguntes, ¿por qué? o si pudiste evitarlo tú en cualquier momento. Una dolorosa zozobra de años, que tampoco se puede (aunque yo creo que la escritura sí ayuda) exhorzizar, racionalizar, transformar en algo bueno, positivo valioso literaria, filosóficamente. Pero siempre parecerá para algunas personas (para mí no) que el autor no lo sufrió tanto cuando ha sido capaz de escribirlo coherentemente, con oficio, jugando con los tiempos y con las escenas: el hecho de que el sufrimiento de un asesinato haya sido manipulado envuelto y presentado, no quita un ´ápice del dolor que sintió su autor y sigue sintiendo, seguro. Sería tanto como decír que lo único lícito sería dar gritos y alaridos, porque montar frases con sujeto verbo y predicado ya es demasiado racional.

Yo defiendo la literatura, y espero que lo que escribo sea leído por vosotros como parte de mis verdaderos sentimientos, porque es así, aunque les dé forma, manipulo. 

Siento una gran solidaridad con Héctor Abad Faciolince.

lunes, 25 de diciembre de 2023

"El olvido que seremos" segunda crónica de una muerte anunciada.

 No sé cómo alguien puede desprenderse de un libro tan hermoso, si lo ha leído. Lo habrán hecho los hijos o los sobrinos con todos los libros de algún muerto al que debo estar agradecido, por dejar esa herencia a alguien que no la apreció.

No he vivido en un país mortífero, aunque sí: viví los años de la ETA que mató a mucha gente, y dudo que ninguno de los hijos o hermanos de los asesinados pueda leer sin desgarro las últimas páginas de esta crónica de vida y de muerte.

El libro está escrito por su hijo, veinte años después, aunque no es cierto: el autor, que ya era escritor,ha estado masticando la muerte de su padre hasta que se hizo una pasta inteligible, hasta que pudo tener la perspectiva para convertirlo en palabras flotantes en sus mares de lágrimas y espuma rabiosa, y llegaran a una playa como una botella con mensaje, y eso me encontré yo el pasado viernes 22 día de la lotería de navidad que me tocó este premio por un euro.

Nada conocía yo de Héctor Abad Faciolince. ni idea de que este libro tuviera ya una sexta reimpresión en enero de 2009. Aprendo de la vida, que siempre está dispuesta a enseñarme tesoros desconocidos del conocimieto. Una vez más.



El libro es ameno y tiene el humor de la vida que se va volcando en el mal humor de un asesinato, con todos los detalles en carnes vivas de aquel día, todo lo que pasó y lo que pudo haberse evitado moviendo una brizna de realidad, pero pasó. En el bolsillo del asesinado su hijo encontró, copiado a mano, un enjundioso soneto de Borges que contiene la frase "el olvido que seremos". 

Y yo no puedo dejar de evocar el olvido, los olvidos de la democracia española también que vive al bollo y se olvida los que quedaron en el hoyo, hasta hace bien pocos años. Yo he sentido muchos asesinatos de guardias civiles ametrallados por las famosas "nueve milímetros parabellum", pero ninguno como el último guardia civil asesinado en Mallorca, quizá por bomba-lapa. Mi compañera de oficina de entonces tenía un hijo en la Guardia Civil, aunque estaba en la Seo de Urgel, menos mal, pero ella, como madre, se puso mala y yo escuché aquellas llamadas, ha sido en Mallorca, y sentí aquellas vibraciones mortales en directo.

No olvideis esta joya, es una delicia que todo hijo debe leer si quería mucho a su padre. Seguro que aún  se puede comprar nueva, pero si algún heredero la regala a un lugar de libros de segunda mano, lanzáos a ella. 

Será una gran experiencia. De verdad.