viernes, 2 de octubre de 2026

¡Oh Francia!

 En estos días de comienzo del otoño deberíamos estar allí. Un asunto de papeleo nos ha retenido en casa, bien que lo lamentaba yo.

El plan era dormir en Torla entrar por Bielsa, quizá ver el circo glaciar de Gavarníe, muchos puertos famosos del Tour de Francia por allí, pasar por Foix, ir a Mompelier, Nímes, Avignon, Marsella... con el incierto destino de entrar en Italia, con intenciones de llegar aTurín y luego dar la vuelta por otras carreteras.

Pues hace dos o tres días hubo grandes avenidas de agua en Mompelier, justo cuando deberíamos andar por allí. Hoy quizá estuviéramos en Avignon, pero mejor que estemos en casa.

Una huelga estudiantil muy violenta está colapsando el tráfico y la vida de las ciudades, hay vandalismo y hasta incendios. Cargas policiales, gases lacrimógenos y muchos jovencitos y jovencitas destruyendo en exhibición de sus hormonas rebeldes. 

Probablemente si fuera joven me gustaría participar en eso, correr al lado de chicas guapas y arriesgadas, con colegas valientes luchando contra la policía, grabando para contarlo, hablando en asambleas; pero no, soy viejo y la razón acumulada me dice que solo son hormonas alborotadas, que destruyendo y provocando no se consigue más que destruir y provocar, que esas heridas de guerra contra el poder policial durarán mucho tiempo y uno querrá olvidarlas aunque en principio presumiera mucho de ellas.

Amo a la Francia limpia, la jardinera, la de los museos y monumentos, la de los esmerados mercados de productos frescos, la de las fuentes públicas; esa que os muestro, la que les gusta a los viejos cultos y curiosos, que es lo que debo ser.

Los jóvenes siempre han ido entusiastas a las guerras, alistándose, desfilando. Luego la guerra es otra cosa, enfrente hay otros jóvenes, y a todos los dirigen gentes frías con oficio de guerreros. Pienso en Senderos de Gloria y también en los cuentos de Heinrich Böll: uno emprende con entusiasmo destructor y se destruye por el camino, destruyendo injustamente a su supuesto enemigo, que tiene las mismas inquietudes que él, y en poco tiempo, el mismo hastío.

La CNT en un congreso del 14 de agosto de 1.936, (la guerra civil había comenzado el el 18 de julio) valoraba como uno de los logros del año haber provocado la guerra que propiciaría la revolución; en esos ardores adolescentes andaban todavía. Hoy los mocitos franceses se quejan de que hay pocos medios en sus institutos, goteras, pocos profesores... los franceses han tenido muchos hijos y parece que no los han criado bien, son un problema, -el problema suele ser el dinero que cuesta todo- y con estos destrozos agravan el problema. 

Pobres profesores, ¿cómo entrarán a las aulas el próximo día que se recupere la normalidad?

La economía francesa se va a quedar este año sin el dinero que pagamos en hoteles, en avituallamientos, en gasolina, en peajes de autopista, en entradas de museos, en desayunos y en comidas. 

Volveremos, pero no con intención de pasar miedo, ni de ver vandalismos, ni de sufrir. Los niños heroicos de ahora dirán que ellos tuvieron su mayo del 68 casi sesenta años después, como los niñatos que acampan en la puerta del Sol de Madrid, que habrán tenido su 15 M. 

Eso es: de viejo uno lo ve claro, aunque menos claro que de joven, que le parece lo más natural del mundo apuntarse a un bombardeo.

Bueno, afortunadamente nos hemos librado de ello, y los franceses son muy trabajadores y lo restaurarán pronto.

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