martes, 31 de marzo de 2026

El más bello pabellón de caza

Se llama Chambord y es de cuento. Cuesta 21 euros entrar pero sería estúpido pasar cerca y no hacerlo.

Es enorme, tienes que tener una corte impresionante o un montonazo de amigos para llenar esto. Y solo tiene sentido lleno como estaba aquella soleada tarde de sábado, si no en un sitio así te tiene que entrar agorafobia.





 
A pesar de los 21 euros Francisco I todavía te pide que le ayudes a mantener este lugar. 
"Chambord necesita de usted" "Salvad el ala Francisco I" "Convertíos e guardián del patrimonio"
"Hagan un donativo en este código QR"


Por este césped había caballos correteando con sus jinetes que invitaban a un espectáculo ecuestre en un pabellón de este gran recinto.


lunes, 30 de marzo de 2026

Baroja: La sensualidad pervertida.

 Pío Baroja nació en 1872. En 1920, se sentía un viejo y no tenía más que cuarenta y ocho años, trece menos de los que tengo yo ahora.

Era un famoso escritor, que vivía de ello y se había confesado muchas veces en sus libros, como yo me confieso en el blog, pero él lo hace a través de sus personajes. No creo que yo haya leído muchas más de veinte novelas suyas, pero sé que le conozco, como cualquiera que haya leído mi blog me conoce a mí.

Cuando uno no tiene mucho que decir escribe, pero sobre todo cuando uno no tiene mucho que vivir; y de la vida que ha tenido saca y sonsaca, y después lo redondea inventando. Me gusta mucho este pensamiento:

Pero la literatura es eso: darle un fin a lo que no lo tiene, ponerle un principio a lo que se nos ha presentado sin principio.

Me gusta de siempre la polisemia de las palabras "fin" y "principio". Me podría confirmar con la mera interpretación lineal o temporal que creo que es lo que el autor quiso decir. La literatura es rellenar una historia que hemos conocido o que hemos inventado para adelante o para atrás; es el trabajo artesano de darle forma como a una pella de barro con el arte que tenga uno en sus manos y en su imaginación.

Pero también podemos interpretarlo filosóficamente, darle a "fin" un sentido moral o filosófico, una finalidad, una digestión, algo que aproveche; y a "principio" relacionarlo con algún valor eterno, transcendente.

Hay mucha literatura, y mucha de Baroja también, que no pretende más que contar aventuras y viajes, historias fáciles y entretenidas, pero este libro de La Sensualidad Pervertida, es un ajuste de cuentas consigo mismo. Más tarde después de terminar la Guerra Civil, a comienzos de los cuarenta Don Pío escribió deliberadamente sus memorias (que no he leído). 

Pero en este libro necesitó pararse, necesita preguntarse lo que ha hecho él como hombre, como hombre hacia las mujeres, (sale un homosexual en la historia pero creo que lo saca deliberada y precisamente para diferenciarse de él) porque necesita a sus 48 años aclarar a los lectores que él no es marica ni invertido, ni tampoco un insociable recalcitrante, sino que nunca ha dado con la mujer adecuada.

Aunque haya casi cien años de diferencia con mi vida, me reconozco en sus aproximaciones al conocimiento sexual, como muchacho de pueblo sin libros, yo con una sola televisión que solo sacó una teta en 1981 y Manuel Fraga armó un escándalo en el Congreso de los Diputados por la película "Maravillas". Me gustan las historias iniciáticas de pueblo, no sé si gente que haya nacido mucho más tarde que yo, con videos, con internet, con libros, revistas, educación sexual etc, le podrá reconfortar tanto leer estos descubrimientos.

Baroja parece haberse enamorado a destiempo de bastantes mujeres y quiere decírnoslo, y también nos dice, sin detalles, que ha tenido contactos sexuales no pagados, (que pagados entiendo que también).

 Al final termina su epílogo autoentrevistándose.

-Usted se ha reído mucho de las mujeres.

 -No; hubiera sido reírme de la Naturaleza, y yo soy poca cosa para eso.

-Entonces, ¿por qué habla tan mal de nosotras?

-¿Qué quiere usted? Esto no es más que amor y entusiasmo disimulado por ustedes y dolor por el fracaso. 

domingo, 29 de marzo de 2026

Volví a entrar, más tranquilamente en la iglesia de San Nicolás de Blois

 













Modernas vidrieras, que me gustaron en su modernidad.



A estas alturas finales de marzo del 26 ya hace tiempo que quitaron los andamios y celebraron un concierto de música clásica para reinaugurar el templo


Ya os anticipo que veremos muchos más vitrales, y que este me gusta mucho.




sábado, 28 de marzo de 2026

Y la luz nos siguió deslumbrando de belleza

 

Al fondo la basílica moderna
El hermoso puente y la catedral
La iglesia de San Nicolás y el palacio real


El Loira siempre está
En el centro del puente algo monumental.
Cuando les funciona el cielo a los franceses da gusto





Al fondo la catedral, tan sombría como estaba el día anterior.


Arriba de esa escalinata está la estatua de Denis Papin
La Iglesia de San Nicolás donde volveremos a entrar
Encima de ella está el castillo palacio, desde esa terraza saqué las fotos de antesdeayer.
El barrio de los artistas, que en Francia promocionan mucho esto.


Para acabar una foto que, sin figurante, no merecería la pena.

viernes, 27 de marzo de 2026

Examinando pelusillas en mi ombligo

 Descubrirme es gratis, y redescubrirme también. Algunas personas lo hacen de vez en cuando y yo les copio con complacencia. Llevo más de dieciséis años escribiendo, publicando, solo hace un par de años que decidí hacerlo todos los días, observando la fidelidad de algunas nacionalidades que me leen puntualmente, todos los días; no sé si todo lo que escribo, porque algunas veces dirán, "esté tío... qué pesado es".

Porque todos nos repetimos, y solo se dan cuenta los demás. Los que nos miran andar saben mejor que nosotros cómo es nuestra figura andante y lo saben de lejos.

Acabo de releer lo que escribí de Pablo Iglesias en mayo de 2014. Doce años después me asombra mi clarividencia, mi penetración. No parezco yo. También he leído que "Todo estaba en el Quijote", que escribí cuando Facebook compró Watsapp (hasta 2023 no nos hicimos mi mujer y yo de ese servicio: ahí no fui tan clarividente, -o sí-)

Me gusto, tengo autoestima, tuve una buena crianza, viví en un sitio rodeado de hermosura: a 1.100 metros de altura; como había muy poca iluminación abría la puerta de mi casa en verano y veía un millón de estrellas clavadas en mí. Mis padres me quisieron, tuve mucha facilidad para hacer amigos, y para preguntar y escuchar a los viejos. Por eso me gusto, me salvo, levito. Tengo una obra detrás de mí y hay gente que se pone a leerla toda, o mucha parte de ella: lo "monitorizo" en el apartado de estadísticas.

No pude llegar a más que a dos premios remunerados, el primero de los cuales originó este blog que es de lejísimos mi mejor obra.

Ya no sé ni cuántos árboles he plantado en mi huerto, y sigo plantando manzanos reinetos de semillas que saco del corazón de las más dulces que recolecto: eso es porque confío en mi futuro.

En una jardinera de mi terraza trasplanté los arbolitos que hice germinar de las manzanas reineta que me comí el año pasado. Al fondo está mi famoso huerto.



¡Cuánto queda para septiembre! lo que daría por una de ellas, bien áspera de piel, para comérmela haciendo cubitos con la navaja.

¡España tiene la fruta más dulce de Europa!

jueves, 26 de marzo de 2026

Apariciones providenciales

 El pasado domingo vi, trasteando con el mando de la televisión, un poco de la película Indiana Jones en el Templo Maldito. Todo está articulado para que la narración vaya encadenando una acción espectacular con otra, y surge el cambio o la oportunidad de escapar cuando es más necesario para que no muera la historia. Modestamente así nos sucedió al terminar de ver exhaustivamente el contenido museístico del castillo palacio de Blois, un milagro espectacular justo cuando teníamos que terminar la visita. Poco a poco dejó de llover y entre el escote de las nubes se fue desnudando, con una ovación, LA LUZ. 


Aparecía el azul, el color preferido de los franceses.
Y de pronto podíamos andar por el patio. Lo tomamos.

                         La magnífica escalera se mostraba contundentemente bella.
y ver los colores de los escudos, la salamandra









La iglesia de San Nicolás, donde volveremos a entrar.





Una escampada en toda regla

Los tejados, aún húmedos, refulgían agradecimiento.

Habíamos acertado, desde una terraza del palacio, contemplábamos el ave fénix de la luz
Y también nos animaba el calorcillo que traía, que no sale en las fotos.







Después de recoger los paraguas salimos otra vez a la calle, a la explanada



Tan distinta a cómo habíamos entrado dos horas y media antes. Mirad el animoso andar de la mujer de rosa.