Esta es una frase que un joven le dice a Florita en una novela de Carmen Martín Gaite. Me recordó la fascinación que yo tenía de adolescente por las chicas misteriosas, silenciosas, con vida anterior, con quizá traumas para redimir; esas que parece que han sufrido, que están heridas.
No sé si era un afán paternalista lo que yo tenía hace cuarenta y cinco años; quizá el cerebro reptiliano del cura misionero que no se llegó a desarrollárseme dentro, o simplemente, que me daban miedo las transparentes, las alegres, las desenfadadas, las libérrimas, las avasalladoras. (Hay que pensar que las heroínas del Capitán Trueno, el Jabato o el Guerrero del Antifaz eran personajes débiles, secundarios).
Por otro lado, decían entonces que una forma de enamorar a las chicas era despertar su sentimiento maternal, de manera que algunos chicos se ponían colonia "Nenuco" que era la que echaban a los bebés, para engatusar y aprovecharse de las incautas.
En el lado opuesto del gusto, muchas chicas buscaban también "malotes", marginados, para redimirlos ellas. La palabra malote es de ahora, con cierta frecuencia aparece en el programa "Frist dates", donde los concursantes como que confiesan sus pensamientos. ¿Es posible que con toda la violencia de género que padece la sociedad, todavía haya mujeres que los prefieran malotes? Sujetos bravíos, con la testosterona a flor de piel, con alardes de violencia y de mala educación hacia los demás, malvados que prefieren pisar a ser pisados accidentalmente, que van al choque en la vida para salir airosos por intimidación o, directamente, por la fuerza.
Lo que uno sabe de viejo, quisiera haberlo conocido joven, supongo que por este motivo es que hay religiones que prometen la reencarnación. Estaría bien tener otra oportunidad para eliminar la morralla de la vida y quedarse con los buenos pescados, disfrutar, enriquecerse, no dar palos de ciego sino de vidente.
Pero por "todo lo que no entiendo de ti" se hacen las canciones de amor que nos siguen gustando
Una mujer se ha perdido, conocía el delirio y el polvo, se ha perdido su bella locura, su breve figura, debajo de mi, se ha perdido su forma de amar.
De viejo, Silvio Rodríguez no escribe canciones de amor, y menos a esos amores misteriosos, incomprensibles.
La vida es así, una quiniela, un juego, ahí está su encanto. No tendría sentido tener la clarividencia de acertar todos los resultados de la Bonoloto. El dinero carecería de valor si viniera por un grifo, o por tarifa plana, que es una expresión más de ahora. Si yo no hubiera perdido, tropezado, sufrido por mujeres, o trabajos que no conseguí concentrándome solo en lo que iba a ser mi triunfo y felicidad, la vida habría sido como el cielo: un aburrimiento.
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POSDATA. Haced el favor de no ser severos con todas las contradicciones que han aflorado en este artículo, a veces uno se pone a escribir todo lo que se le ocurre.



















































