Ayer tomé un álbum de fotos porque echo de menos a mi hija ahora que se aproximan sus veintiséis años. Entonces tenía ocho meses y la hermana de mi mujer y su marido habían aceptado nuestra invitación a venir a Zamora, donde vivíamos. Se mosquearon un poco por el camino porque su niña tuvo colitis y tuvieron que parar el coche al lado de la carretera y cambiarla, no obstante las pusimos juntas para hacerles fotos. Fue una corta jornada, no estoy seguro pero creo que ni siquiera se quedaron a dormir.
A la izquierda cuñada Raquel y su hija carla, mi hija con chupete, y mi mujer están a la derecha.Nuestra hija pilló una gastroenteritis que hubiera podido ser mortal, en un momento en que devolvía todo y manchaba pañales decidimos urgentemente ir a urgencias. Yo veía que se iba.
Fue la primera vez que nos separábamos de ella, la dejamos en manos de extraños. Lloró desgarradoramente detrás de una pared donde la engancharon un gotero en el bracito, no nos permitieron presenciar las maniobras.
Ahí salvaron su vida, en el Hospital de La Concha. Hacía unas décadas hubiera muerto, yo vi la muerte en su carita minutos antes de coger el coche con decisión, con la misma que los sanitarios nos la arrancaron de las manos para salvarla.
Verdaderamente la resucitaron, su aspecto vital cambió en un día.
Hubiera sido la tragedia de mi vida, hubiera perdido el humor, seguramente hubiéramos intentado tener otro hijo; no habría sido igual, siempre quedaría ese poso de tristeza y de temor.
Ni siquiera en ese momento negocié con el Dios que me inculcaron de niño. Desde que lo soy, siempre he sido un ateo consecuente, aunque hubiera valido la pena; su vida y la nuestra valen todas las penas que pueda haber. Después brilló (dos o tres días ingresada) e iluminó nuestra vida de alegría, de orgullo, de ternura, de triunfos y satisfacciones, y de tantos descubrimientos que solo son posibles de la manita de una hija.
Esta foto es de unas semanas después. Está dormida, pero también cada vez que la veo en el álbum, me estremezco porque podría estar amortajada. Me da hasta repelús poner esta foto y relacionarla con aquel suceso; todo sea por la elocuencia de la imagen y la transmisión del sentimiento.



































