Jesucristo vino al mundo para su pasión y muerte, lo de hacer milagros y soltar parábolas está muy bien, pero era propaganda y autoayuda, lo relevante era su pasión y muerte, luego salió bien porque resucitó, aunque esto no abunda en las iglesias, a diferencia de la pasión y muerte. Por eso cuando estuvo reflexionando en el monte de los olivos, se le ocurrió decir "Padre, aparta de mí este cáliz". Hay una canción en portugués que canta María Bethania con este título.
Yo, no creyendo en Dios ni tampoco en Jesucristo, le comprendo este gesto humano. "¡Coño! lo a gustito que estamos en casa, mirando al huerto y recogiendo sus últimos frutos, porque en setiembre y octubre, aún, el muy generoso, sigue dando, decidimos ir a arriesgar nuestra vida por las carreteras, a gastar un dineral en hoteles, peajes, gasolinas, comidas y entradas, arriesgándonos a todos los avatares de un viaje... anda que si nos morimos en accidente van a tener que localizar a nuestra hija en Inglaterra para que se desplace a decidir sobre nuestros restos.... Bueno, no es para tanto, lo normal son unas cuantas discusiones, algún día que nos toque dormir en el coche, muchas ganas de mear cuando no hay dónde, y yo que sé... la amenaza de otro vértigo, una avería mecánica... pero a medida que se acercan los días -queda poco menos de un mes- entra mucha inquietud.
Pero vinimos a este mundo para viajar: es nuestro cáliz mientras tengamos dinero y salud. Cuando nos ponemos en marcha, según nos alejamos de casa, me siento cada vez más vivo, más pleno, más Capitán Trueno. Así tengo algo que contar a mis nietos que sois vosotros, a falta de otros mejores.
Hace poco tiempo que dejé de revivir el último viaje a Francia narrándolo aquí; pues ya la echo de menos y esta mañana no he podido por menos que volver a mirar el mapa para planear. Se planea sobre un plano, pero luego la batalla -o el viaje- se va desarrollando un poco por su cuenta: nos entretenemos, que nuestros viajes son puro entretenimiento e improvisación.
Pero es el entretenimiento mejor de la vida a los sesenta años, salvo aquello de los nietos que sería otra cosa que no depende de nosotros.







































