martes, 12 de mayo de 2026

La BONDAD

 Creo que mis lectores lo tenéis que saber: soy bueno, generoso, de buenos sentimientos. Me lo han reconocido siempre; además se me nota en la cara y en los ademanes, por si fuera poco soy simpático, me hago querer, hago favores, para guinda del pastel la gente me pregunta cómo ir a los sitios, soy solvente en estas contestaciones y me disgusto y reexamino cuando no he sido capaz de mostrar claramente el buen camino. 

¿Y por qué confieso esta evidencia ahora a vosotros, que ya lo sabéis, acaso me lo confieso a mí mismo, que siempre lo supe?

Hace un año andábamos de viaje por la ciudad de Guadalajara (ya os lo contaré pero es que, por variar, colé este larguísimo viaje a Francia, ya que llevaba muchos viajes por España seguidos) (soy tan bueno que necesito explicarme ¿verdad?)



Bien, andábamos cerca de la Concatedral de Guadalajara y estaba cerrada. Cerca hay un monumento funerario visitable, que a mí no me interesaba mucho y al que costaba dos euros entrar. Mi mujer entró y de esa manera lo veríamos los dos a través de sus fotos y así me ahorraba ese par de euros.



Me senté a la sombra de unas techumbres que rodean la Concatedral (os aclararé que las capitales de provincia españolas que no tienen catedral, como Cáceres ,que depende de Coria, o Soria, que depende del Burgo de Osma, o Guadalajara que es gobernada eclesiásticamente por el obispado de Sigüenza, tienen una iglesia capital que suele ser la más grande y céntrica y se llama "concatedral")

Bien, sentado yo allí se me acercó un niño deficiente, a enseñarme un juguete que le habían comprado, y yo le hice caso. Tendría doce o catorce años y no hablaba, sus padres estaban un poco alejados con un hijo más pequeño que estaba bien. El deficiente se acercó y sus padres nos miraban de reojo, para que no sintieran que me molestaba mucho o por si yo tenía una relación mala hacia el muchacho. Fui bueno, atento, le dije cosas y como que me entendía y le gustaba que se las dijera, volvía a ofrecerme su juguete, quería regalármelo y yo seguía tratándole bien (la verdad es que sabía que pronto vendría mi mujer y me rescataría) porque no me disgustaba estar simpatizando con él en ese tiempo muerto. Después se acercaron sus padres me saludaron me agradecieron y yo me despedí del muchacho que también, como nosotros, estaba pasando el día allí con sus padres.

Entonces se acercó un hombre mayor a darme conversación, sin duda había estado observando mi bondad. Tardé en darme cuenta, porque, aunque vestía de negro, yo estaba sentado y no le veía el alzacuellos, de que era un cura. Para mí que quiso recompensarme con su conversación. Más tarde me dijo que tenía 95 años y que era de Molina de Aragón, lugar donde hemos estado, -hicimos noche-, entonces inmediatamente calculé y le pregunté por sus recuerdos de la guerra, (Molina cayó en zona republicana) y me dijo que miraban a los aviones que pasaban para distinguir si eran de los nacionales o de los republicanos, él tenía once años entonces. Mi mujer vino y se incorporó a esta conversación que se animaba, le alabé su salud y su oído, creo que me mostró que tenía un audífono, y aclaró que le era necesario, porque se dedicaba a confesar a la gente, porque ya no daba misas, pero ayudaba en lo que podía. Le comenté que hacía menos de una hora había tenido un encontronazo con un cura sudamericano que se dirigió a mí de malas maneras en otra parroquia que estaba abierta, porque yo me había acercado a fotografiar algún destrozo o lista de asesinados de la Guerra Civil. Este hombre me dijo que no le conocía pero que en esa parroquia pasan cosas raras. Nos comentó también sobre su salud de que había tenido cinco operaciones, una de ellas de próstata, y recordé que por internet nos recomiendan a los viejos tener actividad sexual, o al menos masturbatoria, porque es bueno para la próstata; y claro, este hombre no lo debió practicar. Nos dijo que se dirigía a abrir la concatedral y que esperáramos un poco; que él se metería por una puerta pequeña y luego, desde dentro, correría el tranco de la grande, nos recomendó que viéramos una capilla moderna. Le pedí que me dejara hacerle una foto, no por nada más que recordar esa buena conversación cuando la viera.



Después nos abrió y la verdad es que no encontramos nada interesante en la concatedral: había sido saqueada de lo original y lo nuevo no nos pareció de interés, pero sí le vi en su puesto de trabajo y entonces le pedí un retrato que me concedió y salió así de bien.


Las buenas personas solemos reconocernos, sinceramente. Antes de hacer la foto me comentó que  es que se quedaba frío toda la tarde aquí sentado. Creo que corresponde a una manta eléctrica el interruptor y los cables que tiene a la izquierda en la foto.


Pienso que si volviera a encontrarle me atrevería a preguntarle por generalidades de este oficio: lo que habrán cambiado las cosas en los últimos setenta años en ese puesto. Lo que se ha debido de aprender en un sitio así para aconsejar y resolver en la medida de lo posible; como delegado de Dios, nada menos.


La Historia

 Los que me seguís veis que lamento las destrucciones culturales que se han producido a lo largo de la historia. Me parece una tremenda falta de respeto ya desde que se tachara en Egipto la obra escultórica relativa a Akenatón a todo lo que siguió después. Me duelen más, y las busco en mis viajes por España, las destrucciones que hicieron los descontrolados del bando republicano  en 1936 en las iglesias y celebro efusivamente todo lo que se salvó y a quienes arriesgaron su vida por hacerlo.

Hoy estoy leyendo "La historia de la Revolución Francesa" de Norman Hampson y aparecen muchos incendios y destrucciones de palacios  e iglesias que se hicieron a finales del siglo XVIII. Por ejemplo, el Ayuntamiento de París, que es precioso como está hoy, lo quemaron, así que la historia también regenera y reedifica, en el caso de Francia, con muy buen gusto.

Aquí tenemos un "tatuaje" o una "pintada" hecho por la revolución francesa en la catedral de Chartres. Me gusta haberlo encontrado porque es expresivo de aquel momento histórico. La revolución demolió totalmente la Abadía de Cluny, la más influyente de Europa e inspiradora del Románico, pero hoy hay en París (y no lo vimos en 2015) un museo exclusivamente dedicado a Cluny. Los franceses, tan republicanos ellos, tienen las catedrales, las iglesias y los palacios con tal mimo y atención, que parece que se sintieran avergonzados de esa parte de la historia iconoclasta. Es una cultura que comenzó en el siglo XIX con la figura destacada del arquitecto Violet le Duc, y muchísima gente desconocida que le pagó sus restauraciones y arquitecturas, porque hacen falta muchas voluntades y muchas artesanías para recuperar lo que ellos han recuperado en estos dos últimos siglos.


Nosotros viajamos para ver lo que está ahí; alabamos, como parte de la humanidad, que nos lo cuiden y también que nos cuenten su historia, por triste que sea. Los cristianos españoles del siglo XIV  construyeron una catedral dentro de la Mezquita de Córdoba y, gracias a ello, conservamos lo uno y lo parte de lo otro. En Granada demolieron la mezquita para hacer sobre ella la catedral, y en Carmona y en Ronda y en muchos sitos más. Por volver a Francia, los bombardeos de la segunda guerra mundial acabaron y mutilaron mucho arte y barrios populares franceses. También se arrasó Coventry en Inglaterra, y muchos lugares de Alemania, con toda la saña vengativa posible. (Creo que nunca iremos a Alemania, porque además de ser ya viejos, no sabemos el idioma y porque será triste pensar todo lo que se perdió en los años cuarenta y que ya no podemos ver)

Aprender y disfrutar, sumergirse, hasta dejarse engañar. El arte, el trabajo humano nos motiva.

¡Qué ganas tengo de seguir descubriendo, aunque aún no hemos acabado Chartres que fue el punto más al norte de nuestro viaje de otoño de 2025, pronto comenzaremos a bajar en el mapa, y después aparecerán viajes que hicimos por España y que tengo guardados, o dormidos por aquí.

lunes, 11 de mayo de 2026

Los brutales japoneses, redentores de Asia

Quizá esté yo equivocado, pero esta mañana se me han ocurrido todas estas consideraciones.

Los japoneses nunca admiten inmigrantes, es por eso que han inventado un montón de máquinas y robots para que realicen el trabajo que hacen ahora en España africanos e iberoamericanos. Siempre lucharon contra todas las influencias externas, sus samurais cerraron el país en siglos anteriores al XX. Un santo de San Esteban del Valle (Ávila) llamado San Pedro Bautista, pagó su afición proselitista de bautizar japoneses con la vida. En su pueblo cuando le celebran exclaman "protomártir en Japón".

Los japoneses a comienzos del siglo XX dieron una gran paliza militar a los rusos allá por las costas de Vladivostok. 

No solo eso, que invadieron Corea, Manchuria (quisieron hacer un país títere llamado Manchkuo, según estudié yo en Derecho Internacional Público), gran parte de China y de Indochina, incluida Filpinas. No llegaron a la India porque no les dio tiempo. Al imperialismo japonés lo frenaron los americanos bloqueándoles el petróleo, por lo que los asiáticos les atacaron en Perl Harboor; a partir de entonces fueron ellos los que recibieron la gran paliza, terminando con las bombas atómicas y la invasión soviética de la Isla de Sajalín (que se han quedado con ella, y es un sitio del que carezco de información).

La brutalidad imperial japonesa despertó a China, primero con Chang Kai Chek y después con Mao Ze Toug, que con su revolución comunista echó a Chang Kai Chek a la gran isla de Formosa, hoy conocida por Taiwan, (antes China nacionalista).

Entretanto los japoneses removieron a los británicos, holandeses y franceses de Indochina, y nada volvió a ser igual. Los vietnamitas dieron una gran paliza a los franceses en Tien dien Fiu, y decidieron dejarlo, oportunidad que quisieron aprovechar los norteamericanos para ocupar el vacío francés. China y la URSS apoyaron a los vietnamitas comunistas que resistieron a los americanos hasta expulsarlos. Los británicos y holandeses habían perdido todas sus colonias incluida la India, consecuencia de no poder mantener más que su guerra europea y quedarse exhaustos por aquella defensa.

Claro que esto es un resumen que yo me acabo de hacer mentalmente mezcla de muchos documentales y unas pocas de lecturas, pero nadie me había hecho llegar al título que corona este artículo, al menos conscientemente. Supongo que la gente que me lee en Asia lo tendrá más claro. Les pido disculpas por mi ignorancia, por los nombres mal escritos que no me he molestado en verificar  y por mi excesiva simplificación si es que la hubiere. De los japoneses de aquella época tengo en la retina vistas escenas sanguinarias, y también lecturas sobre el tema de la esclavización de las mujeres coreanas, secuestradas y transportadas para desahogo de sus soldados. Pero tuve una muy buena relación con un guitarrista japonés que vivía en Salamanca llamado Takashi Miura. 

(Ahora voy a buscar en la Wikipedia algo de la isla de Sajalín, que me ha entrado curiosidad)  

domingo, 10 de mayo de 2026

Más callejeo por Chartres

 







La instalación fija para los mercados de productos "de cercanía" a los que son tan militantemente aficionados los franceses, permite asegurarlos frente a la lluvia y el sol.


a la derecha hay un elegante tienda relacionada con el chocolate



Era sábado por la tarde y la luz maravillosa.


fijaos en esos fotogramas de película que daban a la calle. Os haré una ampliación

Los Puentes de Madison es una obra maestra del cine y de la excitación sexual sin mostrar un milímetro de carne pudenda. Las otras deben ser dos actrices famosas de una película francesa que yo no he visto: excitar así es mucho más sencillo. Si esto fuera Facebook me lo tacharían.


Volvamos a la catedral, que siempre se nos aparece.
Esta es la parte Sur que aún no ha sido limpiada, pero tiene una escalinata muy cinematográfica.

La parte que está a la derecha es el Tesoro, donde cuesta dinerito entrar y por eso no lo hicimos.

                      me encanta el verdín de la cubierta de La Catedral- Creo que es cobre de lo que está formado.

Esta mañana no para de llover

 Cuando estás harto de que llueva y cuando se empecina tanto en continuar parece que nunca dejará de hacerlo, que viviremos eternamente sumidos en la grisura y la impotencia de no poder salir de casa sin calarnos, de comenzar a oler la asechanza de una gotera los que vivimos arriba del todo, o la capilaridad de las humedades los que viven a ras de suelo.

Yo pido sol para que los árboles empiecen a dar frutos: espero cerezas pronto, y albaricoques, y frambuesas, también las ciruelas no deberían tardar, después las peras y por último, las manzanas.

No he hablado de los melocotones, cuyas hojas, este año, como otros que llovió mucho, se arrugan y se ponen anaranjadas por un hongo, si no les corre bien el aire y el calor en primavera.

Tiempo llegará de las grandes sequedades, de las olas de calor, de los temores de incendio, de las peleas por el riego; y también parecerán inacabables.

Los sabios ancestrales se preocupaban mucho más que nosotros por el cielo, miraban el movimiento de las estrellas y después inventaron los calendarios: era importantísimo prever la anual inundación del Nilo, pero también cuándo sembrar, ya fueran los cereales de otoño, como las hortalizas de primavera. Inventaron el calendario y le pusieron festividades de santos para jalonarlo.

Pienso ahora en las pobres mujeres gallegas, que no supieran nunca cuándo lavar, porque ignoraran siempre cuándo se secaría la ropa que tendieran, si es que encontraban un hueco de claridad para hacerlo.

También es una lata, estropea el sueño y termina volviendo loca a la gente, el viento: le dan ventoleras decían; sobre todo si el aire viene del Este, el aire solano.

Pues en lo que escribí esto, se paró la lluvia, ahora extraño el repiqueteo en las tejas y en el silencio escucho los acúfenos dentro de mi oído; hasta se ha colado un rayo de sol por la ventana, pero enseguida las nubes lo han vuelto a tapar.

¡Qué poca paciencia tenemos los hombres! enseguida hablamos de diluvios, por eso nos hicieron recordar que hubo cuarenta días y cuarenta noches, y la pertinaz sequía de que hablaba Franco, una palabra que siempre estará relacionada con él. Como resilencia con el actual Pedro Sánchez.




No puedo bajar al huerto porque todas las briznas de hierba que veis me están esperando para darme un lametón e introducirse en la parte de abajo de mis pantalones, y, sobre todo, para perforar mi calzado calándome hasta el último hilo de cada calcetín.

 

sábado, 9 de mayo de 2026

Espero que no me demanden por esto.

 En la relectura de Cien Años de Soledad encontré esta excitante narración. Será un placer arduo copiarla aquí, y creo -además- que es ilegal hacerlo. No obstante, aparte de que pueda resultar interesante para vosotros leerlo directamente, (o releerlo) necesito exponer toda esta historia para comentar; simplificarla estropearía la conclusión a la que necesito llegar.

Eran las cuatro y media de la tarde, cuando Amaranta Úrsula salió del baño. Aureliano la vio pasar frente a su cuarto, con una bata de pliegues tenues y una toalla enrollada en la cabeza como un turbante. La siguió casi en puntillas, tambaleándose de la borrachera, y entró al dormitorio nupcial en el momento en que ella se abrió la bata y se la volvió a cerrar espantada. Hizo una señal silenciosa hacia el cuarto contiguo, cuya puerta estaba entreabierta, y donde Aureliano sabía que Gastón (1) empezaba a escribir una carta.

(1) Gastón es el marido belga de Amaranta, que ha venido con ella a la casa de los Buendía. Aureliano es pariente indefinido, quizá hermano de Amaranta, en cualquier caso se han criado juntos. La situación que se presenta es excitante porque está el belga al lado, y también impide a Amaranta gritar o revolverse con ruido y violencia para que no se origine una escena violentísima al desvelarse los acosos de su pariente. (esta explicación es mía)

-Vete- dijo sin voz.

Aureliano sonrió, la levantó por la cintura con las dos manos, como una maceta de begonias, y la tiró bocarriba en la cama. De un tirón brutal la despojó de la túnica de baño antes de que ella tuviera tiempo de impedirlo, y se asomó al abismo de su desnudez recién lavada, que no tenía un matiz de la piel, ni una veta de vellos, ni un lugar recóndito que él no hubiera imaginado en las tinieblas de otros cuartos. Amaranta Úrsula se defendía sinceramente, con astucias de hembra sabia, comadrejeando el escurridizo y flexible y fragante cuerpo de comadreja, mientras trataba de destroncarle los riñones con las rodillas y le alacraneaba la cara con las uñas, pero sin que él ni ella emitieran un suspiro que no pudiera confundirse con la respiración de alguien que contemplara el parsimonioso crepúsculo de abril por la ventana abierta. Era una lucha feroz, una batalla a muerte, que sin embargo parecía desprovista de toda violencia, porque estaba hecha de agresiones distorsionadas  y evasivas espectrales, lentas, cautelosas, solemnes, de modo que entre una y otras había tiempo para que volvieran a florecer las petunias y Gastón olvidara sus sueños de aeronauta en el cuarto vecino, como si fueran dos amantes enemigos tratando de reconciliarse en el fondo de un estanque diáfano. En el fragor del encarnizado y ceremonioso forcejeo, Amaranta Úrsula comprendió que la meticulosidad de su silencio era tan irracional, que habría podido despertar las sospechas del marido contiguo, mucho más que los estrépitos de guerra que trataban de evitar. Entonces empezó a reír con los labios apretados, sin renunciar a la lucha, pero defendiéndose con mordiscos falsos y descomadrejeando el cuerpo poco a poco, hasta que ambos tuvieron la conciencia de ser al mismo tiempo adversarios y cómplices, y la brega degeneró en un retozo convencional y las agresiones se volvieron caricias. De pronto, casi jugando, como una travesura más, Amaranta Úrsula descuidó la defensa y cuando trato de reaccionar, asustada de lo que ella misma había hecho posible, ya era demasiado tarde. Una conmoción descomunal la inmovilizó en su centro de gravedad, la sembró en su sitio, y su voluntad definitiva fue demolida por la ansiedad irresistible de descubrir que eran los silbos anaranjados y los globos invisibles que la esperaban al otro lado de la muerte. Apenas tuvo tiempo de estirar la mano y buscar a ciegas la toalla, y meterse una mordaza entre los dientes, para que no se le salieran los chillidos de gata que ya le estaban desgarrando las entrañas.


Sin duda es una violación punible hasta casi el final, porque hasta la conmoción descomunal que inmovilizó a Amaranta en su centro de gravedad, y la sembró en su sitio, todo era derecho penal, que se trastocó por esa magia de la introducción del pene: de pronto ella cede y se entrega definitivamente. Después se convertirán en amantes, engañando al rubio europeo que se terminará yendo y ellos concibiendo un hijo.

Esta escena de resistencia femenina con la boca chica "en el fondo lo estás deseando, nena" es el sueño de todos los violadores, que al final su argumento central convencerá contundentemente a la que se resiste. Hay películas clásicas de Hollywood donde algo parecido a esto sucede (sin pornografía), con lo cual es muy posible que sea una fantasía de muchos hombres, entre los cuales yo no me he encontrado nunca. No sé si cuando tuve 16 años esta escena me excitaría; es posible, pero no me llega la memoria a tanto. Ahora, que soy padre de una mujer de 25 años, y con todo lo que ha llovido en las noticias y en las declaraciones políticas ya no es posible que lo lea con complacencia y con excitación.

¿Cuántas violaciones se habrán producido por la lectura de esta escena como guía, o como inspiradora de una manera de "convencer" a base de buenos pichazos, que no sabían ellas que se desplegaría como el mejor de los argumentos?

No solo eso, que las engatusarían para siempre como los ratones de Hamelín con la flauta del flautista.

Yo mismo, hace treinta y tantos años, tuve una seria actuación contra exhibicionista que, después de haberse "promocionado" días antes en la soledad de un garaje, volvía a exhibirse esta vez con una trampa en el motor del coche para que su víctima no pudiera escapar a la realización efectiva de su fantasía.

Estoy persuadido de que las mujeres de ahora, y las de antes también, sienten lógicos reparos frente a escenas como la que narra García Márquez, y que Cien Años es un libro más preferido por los hombres que por las mujeres.

Los que lo habéis leído también recordaréis que eran mujeres mitómanas las que se metían por las noches en la tienda de campaña a que las plantara el gran guerrero Aureliano, para, nueve meses después llevar a los hijos, todos varones, a que los reconociera y bautizara en Macondo Úrsula Iguarán, la madre de este coronel que se levantó 32 veces contra el gobierno y perdió los 32 levantamientos.



viernes, 8 de mayo de 2026

La silueta de La Catedral de Chartres

 Ya he dicho que se ve desde casi todos los lugares, eso es porque está donde debe estar, en la meseta más alta de la ciudad y, afortunadamente, a nadie se le ocurrió competir en el horizonte con su belleza 





Este es el barrio veneciano de Chartres.




Había luna llena.