miércoles, 21 de octubre de 2026

El claustro de la catedral de Évora

 En la entrada por 5 euros te ofrecen además de subir al tejado y sus vistas, (que es lo mejor del paquete) y la estrecha pero hermosa catedral, el "tesoro" donde hay cuadros casullas y estatuas -pero no dejan fotografiar allí- y este claustro también, que está plagado de tumbas de obispos, pero que además tiene servicio y yo esto lo agradezco mucho siempre y en todo lugar.


Me llamó la atención el símbolo masculino, que parece una antigua llave de antiguas latas, con un circulito encima que significa cabeza. (a lo mejor alguien ve una cabeza unida a un pene, yo que sé). Ahora también reparo que estamos en tierra de hermosos mármoles porque seguramente no me fijé apremiado por las ganas de vaciar mi vejiga. 



También se puede subir a pasear por encima del claustro

En cada esquina interior hay un evangelista.

¿Podría ser San Martín partiendo su capa?


San Juan con su águila.


¿Santiago?






martes, 20 de octubre de 2026

Me siento como un tango

Sola, fané, descangallada, la vi esa madrugada, salir de un cabaré 

(...) nunca creí que la vería en un "requescat in pace" como el de hoy

(...) triste venganza la del tiempo 

que le hace ver desecho 

lo que uno amó

Y este encuentro me ha hecho tanto

 mal que si lo pienso más termino envenenao

esta noche me emborracho, me mamo bien mamao, 

pa no pensar...


Supongo que esto le habrá pasado a alguien, que se enamoró de una mujer ideal, pero ella se estropeó, se fue con los peores, se emborrachó, se drogó, se casó con un maltratador que la pegó, que la emputeció, y un mal día uno se la encuentra ajada y le duele, porque aún piensa en aquella chica ideal.., y él no tiene la culpa.

Así me siento yo al mirar las escenas de Francia. Siento este maltrato como propio, ese pisoteo, esa destrucción. 

Me dolieron también las Torres Gemelas, y me duele ver viejas películas o documentales donde salían. Tampoco tengo la culpa de nada, pero me compadezco del sufrimiento humano, de la desilusión.

Podía haberlo visto venir, porque ya lo vi en París, en los mismos Campos Elíseos donde había muchas mujeres musulmanas (magrebíes) ociosas con sus hijos, sentadas viendo pasar a la gente rica del mundo concretamente a mujeres árabes del Golfo con sus criados que salían llenos de paquetes, probablemente algunas con "las joyas de Zapatero". Francia ha subvencionado tener muchos hijos y estas mujeres humildes, que debían estar "con la pata quebrada y en casa" criaron a muchos, animadas por el machismo de sus maridos y por la remuneración.

Pero también vi que los hombres-armario de seguridad de esos establecimientos: eran negrazos subsaharianos ebúrneos, imponentes, que parecen mas sumisos, y sencillos. Por el contrario, la mirada de un "moro" siempre nos parece -a los españoles como a los franceses- como reivindicativa, como insolente, como peligrosa, desconfiamos, tenemos miedo de su traición. Será racismo pero está ahí, yo lo vi, o lo imaginé. Tienen un sitio más complicado en cualquier sociedad europea.

En el viaje del año pasado, todas las limpiadoras de los hoteles con las que nos cruzábamos mientras hacían las habitaciones y nosotros salíamos eran de razas oscuras, solo vi una "blanca" en Bourges, lo recuerdo bien porque llamó nuestra atención y lo comentamos.

Los hijos de esas mujeres son franceses de segunda o tercera generación, y no beben vino ni comen cerdo, y van a esos institutos sabiendo que sus madres se dedican a eso de las limpiezas y sus padres a recoger basura y trabajos así, mientras que las de sus compañeros de instituto son funcionarias, ingenieras o se dedican al comercio.

El componente racial es una parte, luego está la mala educación, la glorificación de la Revolución, tan iconoclasta de 1789, con su guillotina, su terror, y luego la de 1830, y 1848, y la Comuna de París. No sé cuántas veces han tirado y reconstruido la columna de la Plaza Vendome, epitome del lujo, que también disfrutamos en aquel viaje de 2015. Joyas, lujo, perfumes, alta costura... Educar en la destrucción revolucionaria como algo francés quizá tenga estas consecuencias.

También recuerdo que en París no residimos, fue en un hotel de Montrouge, y nos metíamos en la ciudad en metro, (mi hija iba cantando las estaciones que nos repetía la voz mientras las atravesábamos) París es muy cara; deslumbrante e inasequible para el público normal, y también para los franceses pobres; pero todos podemos entrar en metro a su corazón, para admirarla o para destruirla, pero nunca será nuestra.

Escribirlo me extrae un poco de la depresión del enamorado que ve el triste destino de su objeto amado. 

Creo que no me escuecen tanto las inundaciones, ni los terremotos, ni los accidentes, ni los incendios no provocados.

Estoy perdiendo

 Estoy perdiendo demasiadas facultades en estos tiempos. Ya me cuesta mucho leer sin gafas de cerca, por supuesto que ya hace quince años que no se me ocurriría conducir sin gafas de lejos. Estoy sordo, necesito todos los subtítulos que puedan brindarme en la televisión, por eso he dejado de ir al teatro, aunque todavía resisto a comprarme audífonos. 

Además padezco de acúfenos; sucede que, por vivir en un oasis de tranquilidad sonora, a veces oigo mi corazón, y también mis acúfenos. Los acúfenos me brotan, sobre todo, cuando oigo mucho rato música grabada, nunca cuando toco la guitarra; pero rara vez aguanto sentado pulsándola más de veinte minutos, y me da pereza hacerlo, (también porque no avanzo: estoy estancado).

Aunque hoy me siento a escribir porque estoy perdiendo mi concentración al leer. Esto siempre me ha pasado por mi tendencia a la fantasía y a la creación: tropezaba en el texto con algo que me concernía o recordaba alguna historia personal y me elevaba a pensar en ello mientras pasaba párrafos y páginas. Esto he intentado corregirlo,  aunque últimamente lo que suelo hacer es ponerme a escribir eso que mi inspiración me regala, muchas veces es muy poco o muy malo, pero tiene la facultad de centrarme en la lectura cuando vuelvo a ella: escribir me sacia y también me escarmienta.

Lo que más me preocupa de mi lectura es mi falta de paciencia, ahora quiero que todo sea rápido, que suelte inmediatamente lo que tenga que decirme y que no me entretenga, que tengo mucho que avanzar en otras cosas. Y esto es por culpa de internet, en el Facebook y otras redes sociales trabajan esto, los contenidos son muy llamativos y tienden a durar poco porque nos conocen o nos están amaestrando, o mejor nos están deseducando o malacostumbrando. Queremos mucho rendimiento rápido y si no abandonamos la lectura, a otra cosa, mariposa que diría Isabel Díaz Ayuso, la política que ha popularizado eso de chao, pescao.

Concluyendo: que la literatura normal que no tenía competencia y estaba pensada para lectores de otros siglos, me resulta costosa de leer porque quiero las excitaciones inmediatas que me producen los contenidos de internet: corro peligro de desertar de la lectura que no sea buenísima y me atrape.

Otro tanto me pasa con la música, quiero que las piezas que escucho en Youtube no pasen de cuatro minutos, y si duran minuto y medio mejor.

Ahora voy a parar de escribir: a ver si hay alguna novedad en las puñeteras redes que me tienen atrapado.

lunes, 19 de octubre de 2026

Más Évora, que es patrimonio de la humanidad.

 

Primero salgamos de la catedral, aunque volveremos otro día para ver el claustro.


Esta fuente está en la plaza


Llamativas caras que pudieron soportar un balcón.
La plaza debió ser el foro romano.
En su parte sur está el Banco de Portugal, que no sé si desaparecieron como banco central como sucedió en España tras la entrada en el euro.


Hacía mucho calor. Estamos a la altura del norte de Andalucía o quizá de la mismísima Córdoba. 


calles estrechas para aprovechar la sombra.

Esta es la calle comercial-turística que comunica la plaza de la catedral con la plaza mayor.


sábado, 17 de octubre de 2026

Me escuece Francia

 No reconozco su brutalidad callejera. Ayer, entre otras cosas, las turbas quemaron el ayuntamiento de Limoges, precioso edificio que estaban restaurando en 2019 primorosamente, como hacen todo los franceses, y también lo vimos en una noche del año pasado. Sé que volverán a restaurarlo como hicieron con casi todo, menos con la abadía de Cluny.

https://guerracivilenlas5villasdeavila.blogspot.com/2019/10/limoges.html

No reconozco lo que veo. Desde mi amor por el trabajo de los franceses soy incapaz de creer que porque no den más sueldo a los profesores, o no les bajen la ratio de alumnos se haya encendido este malestar al que se suman los bomberos pidiendo más (los hemos visto y fotografiado reivindicar por las carreteras el año pasado). La verdad es que no lo entiendo. ¿Qué molesta tanto de la belleza, del buen gusto, del amor propio, del orgullo francés...?

https://guerracivilenlas5villasdeavila.blogspot.com/2026/07/anocheciendo-en-limoges.html

Francia, y no España, es el país que más ingresa gracias al turismo, (aunque nosotros porcentualmente lo hagamos más porque somos menos gente) y lo hace no por las playas, como nosotros, sino por su inmenso patrimonio cultural y paisajístico, y por el celo con el que lo mantienen.

Lo que temo ahora es que surjan movimientos seguidistas, en la plaza del Duomo de Milán no sé qué pasaba ayer, y que venga para España, que siempre imitamos a nuestros vecinos del norte.

Nos enamoramos de una imagen exterior, de la mejor imagen que es la que todos mostramos cuando nos arreglamos y queremos seducir, nos ponemos guapos. En ese error viajaba yo por Francia, como puedo enamorarme de sus mujeres que montan con vestidos en sus bicicletas con singular donosura por sus calles. Con la elegancia de sus mercados callejeros con productos de proximidad; quien me haya leído ha encontrado suficientes razones para este amor tan manifiesto.

No lo entiendo. En las televisiones de los hoteles, cuando nos levantábamos, veíamos tertulianos opinar de política con mucha educación ¿Qué dirán ahora, abochornados por lo que está pasando?

No me cabe ninguna duda de que vendrá la ultraderecha al corazón de Europa. Y la seguirán los demás países, como pasó con la revolución francesa, y con la contrarrevolución conservadora. Nos espera un siglo convulso. Los chalecos amarillos, los agricultores, la Francia insumisa de izquierdistas, los alevines de yihadistas "borrokas"..., soy incapaz de digerir todo este tumulto. Lo que más me gustaba de Francia es el orden y la jardinería que expulsa las malas hierbas para aflorar y realzar la belleza, la armonía.

Y la razón, y la lectura, que tanto presumen de cultivar.  Mi amor me ha ofuscado. 

Yo esto de ahora mismo no lo vi... ni quiero verlo.

Interior de la catedral de Évora

 

Luces tras la penumbra 


Iluminación
Fantástica



El baptisterio.
Al fondo el altar con el musculado Cristo.

viernes, 16 de octubre de 2026

Cosas que no volverán.

 Leo otro cuento de Heinrich Böll y me doy cuenta de eso, de que he vivido cosas que son increíbles en la actualidad.  Hoy casi nadie se declara comunista, no hay calles dedicadas a Marx y Engels más que -quizá- en Cuba o en Corea del Norte. Yo de joven, y de algo menos mayor, hubiera querido leer a Marx porque entonces media humanidad, o media Europa al menos, se regía por sus libros, así que algo importante debían de tener escrito. Había comunistas de hoz y martillo. (En Portugal hemos visto que aún quedan) Yo he usado bastante la hoz, contra las zarzas, pero nadie en Europa recoge trigo cebada garbanzos con hoz, nadie dobla la espalda al sol ganándose un lumbago con este apero (no he querido poner herramienta porque se reserva para los programas de internet, IA, leyes etc. como si fueran de hierro).



Este cartel estaba en Estremoz, ciudad que visitaremos a la vuelta del mar.


Por otro lado yo he fumado en bares y en el tren, y en el autobús interurbano había un cenicero en el cogote trasero de cada asiento. Habrá gente de hoy que no se crea esto ¿verdad? pero yo lo viví, en los hospitales, y los maestros en la escuela, y en los restaurantes. Con lo mal que huele un cenicero cuando se está comiendo al lado ¿Es que nadie se daba cuenta?

Pues esto pasaba, como las cabinas telefónicas que te permitían llamar anónimamente, por ejemplo para decir que había una bomba en el colegio (nunca se me ocurrió, esto pero en mi instituto una tarde nos sacaron de clase por esta broma).

En los pueblos había perros por la calle, sueltos o a la puerta de su casa, vagando por ahí despreocupados o arremolinándose alrededor de una perra salida. En Salamanca hacia 1983 un un piso de barrio donde vivía yo una perra se puso en celo y acudieron una decena de "romeos" a esperar que saliera, así que sueltos andaban.

Por cierto en las manifestaciones de antes se gritaba "el hijo del obrero, a la universidad" . En 1982, que todavía estaba la UCD, ya había becas para que compañeros míos vivieran sencillamente en Salamanca sin pedir un duro, yo, como fui mal estudiante, solo la disfruté un año, el resto del tiempo me lo pudo pagar el obrero Librado Mayo Sáez, que era asalariado de oficio cantero. No conocí yo a nadie, que valiendo y queriendo, no fuera a la Universidad; aunque pudo haberlos entonces hace décadas que todos en España pueden ir de una manera o de otra.

Si entonces me hubieran dicho que después del año 2000, habría gente que besaría a los perros en la boca o que los operarían de espalda tampoco me lo hubiera creído.

Pero volviendo a fumar: era un vicio tan habitual que la gente te pedía fuego por la calle. Incluso un conocido que no fumaba llevaba mechero para dar fuego de cortesía a quien se lo pidiera.

¡Fuego! qué palabra tan proscrita. Mi calefacción a gas natural tiene un calentador que ha de tener un fuego interno, pero no se ve. La mayor parte de las cocinas nuevas de España van por vitrocerámica, y muchos platos que la gente come, se calientan en microondas.

Leer es bueno para la memoria, aunque dudo yo que en 2026 se lea mucho fuera de los watsapp.