No sé cuántas veces habré hecho balances o reflexiones sobre mí mismo en este blog. Pues ahí va una más, que puede que sea la misma, pero cuando me he arrancado de la lectura para escribir me parecía distinta.
En el potaje, en el pisto, en la macedonia de mi vida muchas veces me puedo sentir desgraciado: no nací en un ambiente culto, ni viajado, ni musical que es lo que más me hubiera gustado ser. Crecí sin idiomas extranjeros y no los tengo, porque chapurreo someramente el francés. No he sido rico, mis padres han sido hormigas económicas que supieron ahorrar y nunca gastar, sino invertir. Yo soy más rumboso y vividor porque solo tuve una hija; considero mi mayor error no haber tenido dos.
Viví en un país libre que prosperaba en el ahorro de la posguerra, que está bien situado al sur de Europa, y con espacio de sobra por lo accidentado; creo no sería capaz de respirar a mis anchas en Holanda ni en Singapur o sitios así. He podido comprarme tierra para cultivarla, plantar y cortar árboles; después he heredado tierras de mi padre, y heredaré más. Como en mi torpeza musical, me gustaría saber nadar bien y no dar pena en la piscina, pero tengo la suerte -inmensa- de que en mi pueblo-ciudad, en Béjar, hay una piscina olímpica que no termina de calentarse placenteramente salvo las cinco o seis tardes más calurosas del verano y puedo nadar a mi manera con una calle de cincuenta metros casi siempre entera para mí.
Mi padre era del Atlético de Madrid y me "hice" de ese equipo, capaz de llegar a casi lo mejor y de hundirse en lo peor. Creo que estuvo dos temporadas en segunda división allá por los años noventa, casi siempre me termino enterando de sus resultados y me da disgustos que ni deseo ni merezco: es una estúpida e irracional compasión. Hace dos días volvieron a perder en los penaltis una final. Me pasa con él resultado lo mismo que cuando tengo chocolate en casa, que no puedo abstenerme de ir a por un poquito, ni tampoco de enterarme de los resultados del Atleti. Envidio a mi mujer, que pasa olímpicamente de ver deporte, y envidio a mi hermano, que no sé de qué equipo es, si es que es de alguno.
Lo más tonto es que cuando gana me alegro un poco también.
Yo no triunfaré en nada, como el Altlético aunque está en semifinales de la Copa de Europa pues es el equipo más flojo de los que quedan. Y si lo hiciera sería de chiripa como el mundial que consiguió España en 2010.
En España de mi quinta del 64 habrán triunfado quince o veinte personas; uno lleva ya una década criando malvas y se llamó Carlos Ruiz Zafón que nació exactamente el mismo día que yo, sé que también es del 64 Jordi Villacampa que también triunfó, habrá otros que llegaron a ser futbolistas o atletas o empresarios o jueces o escritores, pero no han conseguido que yo sepa quiénes son, que eso sería el triunfo, les doy un margen.
Me conformo con haber disfrutado de la niñez de mi hija, con el huerto, con lo que he aprendido y sigo aprendiendo de la vida, con la ausencia de penurias económicas, y con los modestos viajes que hago con mi mujer,
y también con las satisfacciones que me da este blog.






































