Anteayer sábado hubo una hermosa etapa ciclista por la Dordoña. La salida fue desde Perigueux, donde hemos dormido dos veces (en el 19 y en el 25), y llegada en Bergerac (donde estuvimos en el 24, nuestro año más dordoñés).
Los comentaristas, que son más de ciclismo que de cultura, lamentaban una etapa tan "bonita" en la que las cámaras se recreaban tanto en Domme, La Roche Gageac, Sarlat, y una decena de castillos en perfecto estado de seducción, en la que no pasaba nada ciclistamente reseñable, tan solo una escapada de varios ciclistas de la cual quedó un superviviente, tan obcecado como desesperado, absorbido en los últimos kilómetros por el pelotón.
Para quien no lo conozcáis esto es en dos minutos lo que se corrió etapa Perigueux-Bergerac
Y llegamos a Bergerac, y no nos mostraron ninguna estatua de Cyrano. Confieso que desconecté cuando entrevistaban a un ciclista (todos contestan en inglés) y supuse que ya no iban a mostrar más imágenes cenitales o con drones, que es lo que suelen hacer últimamente.
Es un placer, ver el mapa del lugar donde uno trata de situar donde dejó el coche, adónde estaba el hotel, el puente que cruzamos hasta ver el barrio del otro lado del río... el barrio donde hablamos con un francés-salmantino que nos recomendó que fuéramos a Sarlat, que era mucho más bonito que su pueblo.
Ha sido mi etapa favorita del Tour, circulando por mi lugar favorito de Francia, con esos campos y árboles, con esos ríos, con esos castillos y conjuntos urbanos. Supongo que esos municipios habrán pagado por la promoción mundial de los encantos con los que las cámaras se recrearon.
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Pienso ahora en lo que sería de un viaje de antes de las cámaras digitales, lo poco que quedaría en nuestra memoria de lo visto de no hacer tantas fotos como hacemos hoy. Un viaje típico en los años 90 con un presupuesto de seis o siete carretes de 36 fotos o diapositivas (que era más barato) haría que nuestros recuerdos fueran una selección de 200 postales, muy postaleras, que al final se convertirían en "el" recuerdo. Gracias a poder hacer miles, y a mi deseo de emularme, de derramarme, de presumir de buen gusto y observación, sigo viajando nueve meses después, mirando las fotos que me hacen recordar hasta cosas que no vi, porque centré mi atención en otra cosa.
Doy gracias también, porque supongo que es el atractivo de mis fotografías lo que hace que tenga un importantísimo público internacional fiel a la curiosidad que consigo despertarle y todo me retroalimenta en conocimientos, en afanes, y en deseos de volver a coger el coche rumbo a la aventura.
Porque ahora vivo andando seis kilómetros de mañana con mi mujer, subiendo a regar, recolectar y escardar en el huerto; otra vez andando hacia la piscina de mis largos de mi "aquafitness" y vuelta a casa entrando a comprar y luego otra vez el huerto, que siempre hay algo que repasar, y de vez en cuando reviajando y reviviendo en esta pantalla mis archivos fotográficos que desembocan en el blog.




































