domingo, 16 de agosto de 2026

Paternidad

 Hace unos días que mi hija cumplió 26 años, y no he podido evitar mirar sus viejos álbumes de fotos, que tengo muchos y muy buenos. Resulta que en el año 2.000, cuando nació, nos planteamos si comprar una cámara de video, -de cinta eran entonces- y decidimos que ya que yo tenía una buena cámara réflex y mucha afición, emplear en carretes y revelados lo que hubiera costado la otra cámara.

Viendo el abundante resultado de melancolía creo que fue la mejor elección. Sentarse en un sofá con los álbumes, a mi ritmo, degustando recuerdos. Uno no sabe lo bueno y generoso que puede ser hasta que es padre. Todas las personas que se pierden esto realmente han dejado sin desarrollar un yacimiento de sentimientos esencial, muy enriquecedor y satisfactorio en lo humano. Sinceramente no creo que otros triunfos deportivos, profesionales o artísticos, que todos hubiéramos deseado, puedan rellenar ese hueco de felicidad elemental.

He estado mirando fotos de en torno a un año, cuando los avances son esperados, y la comunicación absolutamente directa, animal, sensorial..., uno busca entender, estimular la respuesta, demostrar amor y buen humor. Tuvimos temores, un gran susto -que ya conté hace unas pocas jornadas-, y otro más pequeño que también fue un buen disgusto, pero todo lo demás fueron sonrisas y guiños. Es inexplicable racionalmente.

Desde entonces empezamos a perder. Recuerdo que para que tuviera una mínima movilidad teníamos un pequeño receptáculo llamado "parque". Una noche, viendo su inquietud por salir del escueto recinto, la posé en el suelo de parquet y comenzó a reptar orgullosa de sus avances. Lo hacía con medio cuerpo, concretamente con la parte izquierda, por lo que pensamos que sería zurda. Era muy graciosa su manera de avanzar, hubiera merecido la pena grabarla en vídeo, pero..., al poco comenzó a ponerse a cuatro patas. En aquel momento declaré solemnemente que habíamos pasado de fase, que aquella otra forma ya no la volveríamos a ver, que la habíamos perdido. Pronto empezó a andar de un sillón al sofá y viceversa, y ya perdimos también su andar cuadrúpedo. Últimamente nos estamos perdiendo muchas cosas. 

He tenido la suerte de estar en el paro mucho tiempo esos primeros años, y no tuvimos que "meter" a nadie en casa, ni llevarla tempranamente a una guardería. Solo cuando me salió un trabajo en Cáceres se la llevamos a mis padres, porque mi padre ya estaba jubilado. En torno a los tres años, nos organizamos: la trajimos a Béjar y la llevamos a una guardería de bolas y después con una señora, que la enseñó bastantes cosas. Después, a los cuatro, ya empezamos con el programa "madrugadores" de la escuela.

Los hijos crecen, se independizan, se distancian y huyen, buscan algo mejor, o al menos diferente a los padres, que los tienen muy sabidos ya. La juventud es el momento para descubrir ídolos políticos, artísticos o musicales, y en la cercanía amigos y amores. Es ley de vida: los padres quedan atrás. 

"no es que sea triste la verdad, lo que no tiene es remedio" J M Serrat.

hace un tiempo, pensando en mi hija, me emocioné mucho escuchando esta versión de Unicornio de Silvio Rodríguez. Mi comentario ha sido refrendado por más gente que ningún otro, lo cual me complace. En la introducción pianística parece que va a sonar ¡Oh Melancolía! pero es un amago musical, la versión es mi preferida y me remite a la gloriosa infancia de mi hija.

Unicornio

sábado, 15 de agosto de 2026

La fiesta de todos los pueblos de España

Hoy es quince de agosto y era la fiesta más grande de mi juventud. Coincidía que mucha gente estaba en mi pueblo de vacaciones de agosto y que era fiesta- fiesta, y si fuera sábado como hoy, fiesta doble con posibilidad de curar la resaca de todo el mundo, si es que las hubiere. Era la jornada esperada por todos: la noche anterior y el día entero. En un día tan requetefestivo aparecía gente nueva en el pueblo, sorpresas amorosas. ¡Cuánta gente habrá dado y recibido el primer beso un día como hoy en todos los pueblos!

Pero a mis veinte años me "eché" novia de Ávila y ya no tenía sentido poner ninguna esperanza en esta fiesta, aunque continuaba mirándola de reojo. Siempre pensaba qué podía pasar, y quería que alguien me mantuviera al tanto de los noviazgos, de las peleas, de las borracheras.

Pero un día se cortó: mis amigos habíamos decidido hacía muchos años quedar el quince de agosto del año dos mil en mi pueblo, pero aconteció el nacimiento de mi hija el 11 de agosto en Salamanca. Podría haberme ido a celebrar, y a celebrarlo con mis amigos (algunos también eran padres ya) pero decidí no ir: tenía la mejor excusa del mundo, y la alegué. Supongo que hacía algunos años que ya se había desvirtuado en mi alma aquella fiesta juvenil. El año siguiente fui de día a la fiesta de la ermita y al subsiguiente vermú, pero ya no éramos los mismos, había a nuestro alrededor gente nueva, y también gente que faltaba después de ese último canto del cisne planificado al que no acudí. Muy poco después una pareja de la pandilla que vivía en el pueblo se divorció. Ya acudir aquel día era mal rollo, porque uno no sabía dónde meterse ni cómo actuar. Y dejé para siempre de aparecer esa luminosa mañana.

Pero ahora que soy viejo me palpita el recuerdo las aventuras y las esperanzas que se concitaban en esta fecha. Lo recuerdo como un familiar muerto, como algo irrecuperable, como la juventud nunca bien exprimida, como todas las chicas deseadas que no cuajaron carnalmente.

Ahora que me acerco a los 62 años, y se empiezan a montar sin dolor años sobre esta cualidad de sexagenario, le dedico una nostalgia a la vida perdida, a la que no fue posible, a todo lo que hubiera podido llenármela, a mi juventud, que no fue divina, ni tampoco es un tesoro, porque no alcanzó ni de lejos la plenitud soñada. No sé si a los ligones, o a los triunfadores les parecerá un divino tesoro "ganado", su perdida juventud. Yo tuve y tengo que conformarme con el aroma virgen de los anhelos.

viernes, 14 de agosto de 2026

Ser bueno, decir la verdad, no dejarse llevar por un repente violento...





Sigo leyendo a la Highsmith, ahora una colección de cuentos titulada "Los cadáveres exquisitos" que es una antología de cuentos escogida en los años 90 para hacerlos capítulos de televisión. Lo promovió un productor francés:  me encantaría ver el resultado aunque ahora me parece haber visto por alguna parte un relato en el que sale un espantapájaros; tampoco estoy seguro, porque es posible que al leerlo haya proyectado esa película dentro de mi cerebro.

Por mi capacidad para compadecer sufro con los personajes y les pido que se salven y no mientan, porque se verán arrastrados a una cadena de mentiras que les estrangulará. También hay que ser bueno, eso siempre lo he tenido claro, no hacer el mal deliberadamente, y responsabilizarme de lo que sea culpa mía, sin tratar de escurrir el bulto. El colmo de la maldad y de la tontería es asesinar a alguien, con lo difícil que debe ser hacer daño hasta matar a una persona, y, sobre todo, lo que debe pesar un cadáver muerto que, además, no se podrá improvisar donde enterrarlo o hacerlo desaparecer. Porque después del asesinato vienen más mentiras para que no te pillen, pero esas mentiras tienen las patas muy cortas y contradictorias, y se van desgastando sin que el criminal pueda escapar.

Siempre fui un niño bueno, como el Capitán Trueno, como Juan sin Miedo, como Juan el Afortunado, pero si no lo hubiera sido, me habrían hecho ser bueno los miedos de verme envuelto en líos como los que cuenta la Highsmith. Resulta a veces inmoral, pero muy aleccionadora de las consecuencias mentales de la inmoralidad.

Eso sí, a veces fantaseo en lugares donde esconder un cadáver, por si acaso algún día me viera con la necesidad de hacerlo, lo que no sé es si cabe un cadáver grande en el maletero de un Dacia Sandero, y tampoco los lugares donde podría esconder o enterrar a alguien sin que lo encuentren, están cerca de adonde pudiera llegar mi coche.

Así que no mataré a nadie ni de broma, porque las cosas "o se hacen bien o no se hacen"


jueves, 13 de agosto de 2026

Una escapada a Salamanca

 Hacía mucho tiempo que no pisábamos sus calles, casi siempre llenas de turistas

Aquí vemos, a la izquierda, la contrafachada del edificio histórico de la Universidad, y a la derecha cómo se va abriendo la plaza de Anaya.

y gentes que entran o salen de la catedral

Una boda pomposa en una pequeña iglesia de esa misma plaza.
A veces, por curiosidad de mi mujer, nos hemos quedado a ver la salida de la novia, pero daba la impresión de que aún faltaba bastante tiempo para el acontecimiento.

Me llamó la atención en otra iglesia que ahora al sacramento de la penitencia, (a confesarse) se le denomina de la Reconciliación: lo políticamente correcto, el eufemismo, nos invade.


Y que ya hay grupos de tunas.

Y un permanente anuncio.

de las cofradías de Semana Santa




miércoles, 12 de agosto de 2026

Más Patricia Highsmith y otros genios

 Me descubro el sombrero y reverencio el trabajo de esta mujer a sus 33 años en "El Cuchillo". Ya lo he hecho más veces, pero es que me maravilla hasta el tuétano la penetración y cada detalle con el que construye cada escena. Hay que tener mucho cuidado y mucha imaginación para hacerlo con tanta plenitud. Creo, sinceramente, que yo nunca sería capaz.

Me pasa lo mismo con Tadej Pogacar o como se escriba: un tío que arranca para escaparse de los favoritos en el Tourmalet, y que luego en la bajada se la juega de tal manera que le saca otro par de minutos al segundo, al danés Jonas Vingegaard, otro fiera, que se le coló un par de tours y que también "se la jugó" en el primero de ellos a lo grande bajando en la última contrarreloj cerca de Rocamadour. Casi nada.

Yo no puedo ver tranquilamente cómo bajan los ciclistas; piso imaginariamente el freno de mi coche. Claro que ellos saben que no puede venir nadie de frente, pero también deben saber que cualquier cantillo o bache podrían desviarlos contra el quitamiedos o al abismo.

Hay mucha gente por ahí que es excepcional; tampoco concibo de dónde saca tiempo Yamandú Costa para tocar tanto y tan bien.

Yo supongo que esta mujer misántropa como Patricia tenía que tener la facultad de en ocasiones ser simpática para poder observar todo lo que aprehendió del género humano, tenía que calcar, apuntar de la realidad, no basta con leer muchos libros ¿Qué libros, por cierto? reveladores de la íntima e inconfesable verdad humana. Y luego, además, es que lo armaba muy intensamente, ponía pasión y oficio. Arte mayor, por eso permanece, y permanecerá.

En estos días he tenido ocasión de ver por  vídeo una fabulosa adaptación de Crimen y Castigo de Dostoyevski, que tiene mucho que ver con El Cuchillo. Hay un gran reparto, pero destaca sobremanera, no el que hace del protagonista Raskolnikov,  sino el policía que lo investiga y presiona, que, literalmente, se come la pantalla: es el actor Ben Kingsley a quien recuerdo, y supongo que recordamos todos los que hayamos visto esa película, por Ghandi, la superproducción con más de 300.000 extras según creo recordar: aunque solo fueran 30.000 extras o 3.0000, hay que estar muy seguro, tener una personalidad actoral por encima de toda presión, para decir: "todo este gasto, toda esta gente depende de mis gestos y de mi dicción", porque "si no convenzo yo, la película no vale nada a pesar del titánico esfuerzo de producción".

Y aquí estoy yo, Juanito, creyéndome algo porque en este mes de agosto alcanzo de media diaria por encima de las dos mil visitas, solo por  contar mis modestos viajecitos, mis lecturas y hasta mi vértigo. Si es que, como se dice en algunos velatorios del muerto: No somos nadie.

martes, 11 de agosto de 2026

Intríngulis parejiles

 Un valor fijo en mi compra de títulos es Patricia Highsmith. Los habituales ya lo sabéis. El pasado martes entramos en un centro de libros de lance y encontré esta edición roja de "El Cuchillo". Creí que había leído todos los libros de la Highsmith que tengo en casa y lo compré, aunque luego verifiqué que ya lo tenía, lo cual supuso un pequeño chasco. Es exactamente la misma traducción, pero éste tiene la letra un poco más grande, que es una ventaja para leerla.



Me he "puesto" con él y me reafirmo en que esta mujer, que parece que no tuvo parejas masculinas, y tampoco ninguna femenina que le llegara a durar dos años, conocía el mundo de estas relaciones tan bien como nadie que yo haya leído. Neurosis, complejos, cortes y recortes, aparecen magistralmente plasmados en los tres primeros capítulos que llevo leyendo, y necesito parar para gritarlo aquí.

Se afirma que era misógina, una lesbiana misógina. Su vida es tan grotesca, tan cacofónica como lo que expresa en su obra. Es la reina del "malismo" (no sé si alguien habrá escrito esta palabra como opuesta al buenismo) el malismo, el retorcimiento, la misantropía y la mala baba dominan nuestra inconfesable vida, es un sentimiento "transversal" y la Highsmth se atreve con ello. En el fondo, fondo de nosotros mismos solo queremos de los demás la sumisión perruna, cuando alguien nos da un poco de lado pasamos del amor al odio. Por supuesto que hay en el mundo amores felices, y amistades sinceramente puras, pero no tanto, no buenismo estúpido: todos sabemos que hay que "tragar" un poco porque es mejor tener que desear relaciones sociales. Como la cerveza, que no es algo que sepa siempre rico como la naranjada, pero nada es mejor que una cerveza fría cuando se tiene mucha sed, la cerveza no decepciona nunca porque ya sabemos cómo es.  

Ignoro por qué a esta mujer no le dieron el premio Nobel. Sin duda debió vender muchos libros, que además tuvieron la repercusión de ser llevados al cine, y la fue a descubrir nada menos que el gran genio Hichcook.

Este libro "El Cuchillo" fue adaptado al cine en Francia en 1963 por un director que hasta ahora no he conocido, que vivió 99 años y que terminó de eurodiputado ultraderechista. Me gustaría ver la película, pero antes voy a continuar con el libro que me ha motivado a escribiros. "Es muy fuerte".

lunes, 10 de agosto de 2026

Estas fueron las últimas fotografías de aquel gran viaje iniciado el 24 de septiembre de 2025

Hay gente que desde otros lugares de la ciudad ve una mujer muerta en esa sierra.



La destacable silueta de la Catedral de Segovia.










Y ya no hicimos más.
 Por cierto: ya se me ha pasado el vértigo de ayer, verificado con paseo matutino, (aunque me abstendré de piscina)