sábado, 25 de julio de 2026

Mi primer beso

 



Hoy es el día de Santiago (25 de agosto) y estoy leyendo la novela del premio nobel islandés Halldor K. Lakness La base atómica. Cuenta en primera persona la historia de una chica joven de pueblo que va a servir de criada a la capital.

Vivía en mí una vida especial que apenas podía controlar aunque la llamara mía. Si me besaban o no, la boca de un hombre es un beso o al menos la mitad de un beso.

Todos los días de Santiago suele venirme a la memoria que esa noche de 1983 encontré la primera mitad de mi beso. Se me ofreció más bien ella, girándose hacia mí con los labios apretados. Por supuesto, no era su primera vez. Fui muy torpe; luego cuando cogí confianza y me enseñó a besar, se rió de mí imitando lo que hice en ese primer beso. Yo quería meter la lengua porque lo había oído. Para mí, ya con experiencia, los besos ricos son solo de labios, en los que termina por circular una corriente de electricidad de manso voltaje.

Fue la primera vez que besaba a alguien no para saludar, recibir o despedir; era puro placer verdadero, ilícito, vicioso, adictivo. Los besos no se cuentan, afortunadamente cuando una chica se quiere dejar besar hay una generosidad compartida por encima de los números. Al día siguiente pude besar sus pechos desnudos, a discreción, me pareció increíble que me despachara ese banquete simplemente quitándose el sujetador. Fue, como aquel primer mítico beso, un avance inesperado, un regalo que tampoco me atreví a sospechar. El Capitán Trueno no llegó nunca a besar los pechos de su Sigrid: eran novios y todavía tenían que dormir en tiendas o en camarotes separados.


Pero no voy a ser pornográfico, ella, un amor de verano que había aparecido en mi vida esa misma tarde, tenía en su boca la mitad del beso que a mí me hacía tanta falta a mis dieciocho años. Me proporcionó la autoestima, la realización, la convalidación de mi hombría: podía ser un hombre querido. Aunque luego he sabido que había varias chicas enamoradas de mí, eran un poco más jovencitas y de mi pueblo; otra categoría menos apreciable, no como esta aparecida que llegó de la comunidad valenciana y tenía casi mi edad.

Por supuesto que me enamoré de ella. Por mucho menos me hubiera enamorado de cualquiera, porque era y quizá todavía soy enamoradizo (aunque no ejerciente, solo para la fantasía).

Me gustan las mujeres, sus curvas, sus sonrisas, sus labios cargados de la mitad de un beso.


POSDATA. No me había dado cuenta de que también fue la noche de Santiago y casi sin compromiso, le pasó a Lorca, o fantaseó que le pasaba en su celebérrimo Romance de la casada infiel.


viernes, 24 de julio de 2026

Aproximándonos

 


Estaba abierto el lugar de paso

Encontramos un hipódromo de carritos donde había gente entrenando. Nunca nuestros ojos vieron semejante deporte en vivo. (Dudo que se practique en España, aunque claro, "Habrá gente pa tó"



Curiosos somos y nos lo permiten.

En muchos pueblos hay una instalación centenaria que servirá de abrigo para los abundantísimos (es una religión) mercadillos de productos frescos o de cercanía. Pues también sirve para otras celebraciones comunitarias, o, sin ir más lejos, para refugiarse del sol.
Los franceses son excelentes trabajadores de la madera, ya sean ebanistas para clases altas o lo más práctico y sólido para los pueblos. 




A los franceses, donde hay muchos más creyentes y practicantes católicos de lo que pudiera creerse, les gusta mucho tomar  café. En una parroquia organizan reuniones con el párroco al lado de una tacita y una pasta: "Dejad que los aficionados al café se acerquen a mí" 

jueves, 23 de julio de 2026

Con la mirada ya puesta en cruzar la frontera.

 Al final de un viaje tan largo uno también tiene el acuciante deseo de "acabarlo bien", de no tener ningún percance; de cruzar la frontera cuanto antes, donde si hay algún problema mecánico uno se entenderá en su propio idioma con el de la grúa o el del taller. Quizá no venga mal aquí el símil futbolístico de los últimos minutos de un partido que se va ganando: conservar el balón, no perder las posiciones defensivas desear que el tiempo corra tranquilamente.

Por eso salimos tan pronto de Montauban. Derechitos más o menos a la frontera cruzaríamos el Garona por última vez, volveríamos a pasar casi por el centro de Auch, pararíamos en Mirande donde comimos en restaurante, pasaríamos sin entrar por Tarbes, Pau, Oloron-Sainte Marie... y nos meteríamos en los hermosos valles pirenaicos, (más bonitos los del norte que los españoles por lo general)  y finalmente nos colaríamos en España por el túnel de Somport. En el año 18, todavía con nuestra hija, decidimos subir el puerto del Camino de Santiago, y estuvimos en los alrededores de la famosa estación ferroviaria de Canfranc que ya estaban convirtiendo en el hotel de lujo que debe ser hoy (aunque en este viaje de 2025 lo soslayamos tanto de ida como de vuelta, llevados por diferentes tipos de prisa)

 Aquí creo que estamos saliendo de Montauban
Adelfas ferroviarias.
Los fabulosos plátanos de sombra de las carreteras
En España para ver barcos hay que irse al mar, en Francia con tanto canal y río navegables pueden aparecer muchas naves de agua dulce. Como en nuestro país no hay de esto nos llaman la atención hasta tener que parar.
Debe tratarse de un canal, si no no tendríamos ese espejo tan nítido.


Da la impresión de que alguno es vivienda permanente.
Prohíben a las bicis entrar por aquí.
Torres de ladrillo del estilo de la catedral de San Saturnino de Toulouse


Ladrillos de la zona de Toulouse, y banderolas rosas para que no nos olvidemos.
Me pregunto si serán de sidra. Nosotros aún teníamos manzanas reineta de nuestro manzano el el maletero. Creo que me comí la última en la provincia de Soria.


So hermosísimos pero mortales caso de choque contra ellos, la velocidad permitida está bastante limitada por esta razón.


miércoles, 22 de julio de 2026

La paz

Hace unos días escribí sobre los "disgustos" . Cuánto dolor e insomnio, cuánto odio, que es una energía destructiva, (sobre todo autodestructiva) pasa por nuestras cabezas a lo largo de la vida, cuánta parálisis de felicidad, atenazamiento, frustración, hasta fantasías criminales.

Nada de esto alivia, sino que enferma: lo necesario de la vida es mecerse en un sueño placentero, envuelto en felicidad, lo que viene a ser la paz. No sé si paz puede tener algo que ver con pacer, una tranquilidad de herbívoro frente a un prado verde y extenso; esas vacas que después de comer veinticinco kilos de hierba se acuestan a rumiarla. Qué distinto de la angustia de los carnívoros furtivos que han de acosar y matar para devorar en pocos minutos las proteínas y grasas que ha de llevarse en su cuerpo antes de que vengan otros carnívoros, o les descubra el hombre. 

Paz o placidez, que también es pariente semántico, es lo que necesitamos todos los días para dormir que viene a ser renacer a través de la fantasía y el descanso. El tormento del malvivir, la guerra agarrándose dentro de uno es también impaciencia, (no sé qué tenga que ver la paz con la paciencia, y con el pacer, pero ahí está la medicina mejor, elevarse en la ingrávida felicidad, mecerse, creerse amado, admirado, rodeado de bondad. Puede ser que eso sea el aburrido cielo, un mundo sin noticias, puro placer que no empalaga, un nirvana; lo que buscan los que toman opiáceos (según me han dicho algunos que lo probaron brevemente).

Recuerdo los cólicos de mi hija con pocos días de vida. No olvidaré aquel pasillo de aquella casa de Salamanca donde vivíamos cuando nació. En ese momento yo andaba con ella en brazos, -ahí me quedé sordo-  era horrible la guerra de chillidos que vivía su cuerpecito recién nacido, y solo cabía entretenerla andando, tratar de calmarla ¿sería que extrañaba el cielo de donde venía, el claustro materno, con su temperatura constante y su alimento perfecto?. Creo que nadie que no haya sido padre puede entender lo que son aquellos días de aguante.

Porque todo se olvida, la vida, o la muerte de ese experimento de sensaciones que es un dolor de muelas, una gripe angustiosa, un dolor de riñones (para mear y no echar gota), el dolor de una torcedura de tobillo, de una quemadura... todas esas guerras corporales son sanadas por la paz del tiempo que restaura y yo ahora mismo puedo evocarlos pero no revivirlos.

Todo en la vida se va, los desamores, el ruido, las heridas. Es asombrosa la capacidad del cuerpo de recuperarse físicamente, de lograr la paz después de la guerra. Lo mismo le sucede a la humanidad: hace 90 años España era odiosamente guerracivilista,  y se mataba y se destruía el patrimonio de los otros y el de todos.

Mientras hay fuerza para vivir se puede salir adelante. España, por ejemplo, es hoy uno de los países más pacíficos y seguros para estar. Hace 90 años era un infierno irresoluble, parecíamos un pueblo irremediable. 

Claro que quedan enfermedades sociales como el nacionalismo de Berriozar o de esos lugares donde se ha tratado de boicotear e impedir la alegría de reunirse para celebrar la españolidad de la selección de futbol. Siempre hay que estar atento a la salud, también a la paz.

martes, 21 de julio de 2026

Alrededores de Montauban

 


No estoy totalmente seguro pero esta localidad podría llamarse Caussade
hermosa plaza mayor rústica, con un aire a la preciosísima de Montauban, por su enaldrillamiento. 

Con los colores propios de nuestros otoños. Debe ponerse las botas una fábrica de paraguas rosa, lo mismo que los de Estepa en tiempos previos a la navidad con sus polvorones,





Diría que es una plantación de nogales
Estas son de manzanas, con redes para evitar las picaduras de pájaros, (los pájaros no pican a las nueces, que no son como las conocéis sino con una funda verde, que al final se abre y deja salir la cáscara de nuez con sus dos hemisferios cerebrales dentro.
Hay muchas manzanas pero no son tan dulces como las españolas.

Si viniéramos en la primera parte  de película Psicosis podríamos comprar un coche de segunda mano. 



por supuesto tractores también







lunes, 20 de julio de 2026

Carmen Martín Gaite, la plateresca.

Carmen Martín Gaite es salmantina como mi hija, a la escritora la quieren mucho y tiene una estatua en la Plaza de los Bandos, al lado de la Plaza Mayor, pero dudo de que muchos salmantinos te puedan contar el argumento de alguno de sus libros porque es casi imposible seguirlos.

Como el uruguayo Juan Carlos Onetti es ultradensísima, cada frase, cada párrafo hay que masticarlo degustarlo, porque son -sí- un festival del idioma, y del pensamiento, y de la observación. El problema es que dos páginas adelante te has perdido, (no es el alzeimer que me acose,-que puede-, ya lo escribí hace como 10 años, antes de que me pusieran las vacunas del Covid que me han robado la memoria (yo creo que es sencillamente la edad pero queda más español echar la culpa a alguien).

Estoy leyendo su novela "Irse de Casa" y tengo que hacerlo con lápiz. Además está mal puntuado, he tenido que poner paréntesis a muchas digresiones, para que quien lo lea después no se pierda, como me pierdo yo. Me estoy peleando con ella, pero es un placer sobrevivirla y entenderla, aunque prefiero leer historia o una novela policiaca o fácil, en la que la narración discurra y no que tengas que escalarla, y poner esos remaches que ponen los montañeros para quien venga detrás, (creo que se llama abrir una vía).

Da pereza. Miro de reojo el libro y busco cualquier otra cosa que hacer antes que "entrarlo".

Me pasó leyendo "Entre visillos", que tuve que recurrir a una serie de televisión española de hace cincuenta años, porque me atascaba con el escaso argumento y los muchos personajes. No sé si recurrir a ayudas internáuticas para que me la cuenten y poder leer tranquilamente disfrutando de sus observaciones, pensamientos, incorporaciones de frases populares, dichos y variaciones sobre el habla.

Lo que no me cabe duda es que esta señora fue una escritora de las que se dicen "con buen oído", y afán por explotarlo.

Considero generalmente que se escriben novelas bien para contar una historia o para "apuntar pensamientos", con diferentes dosis de estas dos corrientes narrativas. Esta apuntadora de pensamientos te lleva a habitaciones preciosas, que te hacen evocar el abigarrado arte decorativo plateresco (que es el prototípico salmantino, por eso la titulé así).

Estoy casi seguro de que antes de llegar a su última página, (que solo son 251) elegiré otro libro que no me exija tanta concentración relecturas y apuntes.  

domingo, 19 de julio de 2026

Spileberg tenía razón, y tenía derecho

 Hace años dije que no vería la nueva versión de West Side Story, que me parecía una estupidez y un sacrilegio pretender mejorar una de las 10 obras maestras del cine, que no importaba nada que los actores no parecieran ni puertorriqueños ni polacos, y que hay cientos de obras de arte incongruentes y no por ello dejan de ser obras de arte.

Pero estaba viendo el "partido". Decidí que iba a verlo porque hace 16 años fui a ver la segunda parte, ya que mi hija de nueve años entonces, me pidió que la acompañara, y vimos aquel gol de Iniesta e incluso bajamos a celebrarlo a la calle con la gente.

Pero en una pausa para la hidratación cambié de emisora y vi que en Tele 5 estaban echando la versión de Spielberg de la gran comedia musical inspirada o trayendo a la actualidad de los años 50la historia de Romeo y Julieta con la fabulosa música de Leonard Bernstein, y alguna colaboración de Stepen Sondhein.

Es una grandísima película, más shespiriana que la de los años 50:  los bailes son espectaculares, y la ambientación, elenco, magníficos. Alguien que no haya visto la primera es posible que prefiera esta. Los bailarines son más espectaculares, los cantantes no tienen nada que envidiar, y los movimientos de cámara son dignos de uno de los más grandes artistas del séptimo arte.

Os la recomiendo porque es, por lo menos, tan buena como la original.

Mirad lo que escribí en diciembre de 2021 https://guerracivilenlas5villasdeavila.blogspot.com/2021/12/sobre-west-side-story.html

Escribo esto a la 1.27 porque no me están dejando dormir los cláxones de la celebración. Puedo afirmar por la parte de fútbol que vi, que el triunfo de España ha sido justo. 

Por mi parte "retiro", aunque no voy a borrar el artículo, lo dicho. Todas las generaciones tienen derecho a reinterpretar a los clásicos. No va a ser todo Karajan con Beethoven o Glenn Gould con Bach.