miércoles, 19 de agosto de 2026

Luenga caducidad

 


Miro el envase de una medicina que me estoy tomando y cauca en enero de 2029, año en que se cumplirá el centenario del crack de la bolsa de Nueva York y de aquella crisis mundial que originó. ¡Cómo pasa el tiempo!

Recuerdo la primera vez que fui consciente de que el famoso año dos mil estaba cerca. Era 1996 y yo trabajaba en el Juzgado de lo Penal de Ávila, entonces me llegó el expediente de un muchacho que había sido vecino mío y que se encontraba en la prisión de Segovia, había que calcularle la liquidación de condena y no saldría hasta 2000. Ahí me di yo cuenta de lo cerca que estábamos de tan mítica fecha.

No recuerdo el nombre del muchacho, seis o siete años menor que yo; vinieron a vivir al piso después que mi familia , que llegamos en 1978. Al poco de comenzar a residir, su padre, que trabajaba en un aserradero, murió atrapado por una máquina. No tengo recuerdo físico del padre pero sí de su madre, bajita y enlutada, con una hija bastante mayor y este muchachillo en el que yo casi ni me fijé. Supongo que alguien me comentaría que andaría en la droga: en ese barrio y en todos los barrios de España en los años setenta, ochenta y noventa, cientos de miles de muchachos se engancharon con la heroína, y a miles de ellos los remató el SIDA. Muchos pasaron por la cárcel, entonces se robaban radiocasetes extraíbles: en todos los aparcamientos había cristales rotos. Y los más avezados atracaban bancos. Nadie de los nacidos en este siglo comprenderá esas cosas, que había tiendas de discos, tiendas de fotografías, bancos acristalados, acorazados, y muchos atracos a bancos cada mes y a farmacias y gasolineras. Había hasta atracadores minoristas, los navajeros, aunque algunos que te amenazaban con una jeringuilla ensangrentada, presuntamente infectada con SIDA.

El muchacho murió, no sé si salió de la cárcel, seguramente de SIDA. Curiosamente su madre viuda necesitaba ponerse una inyección intramuscular y mi madre, generosa y buena vecina, se la iba a poner a su casa, con una jeringuilla de cristal que teníamos en casa y que hervía en nuestra cocina. ¡Qué paradoja! al poco el hijo sabría de ponerse inyecciones en las venas más inverosímiles de su pequeño cuerpo.

En este siglo ya no existen las jeringuillas reutilizables de cristal, los hervidos de mi madre fueron más útiles que las jeringuillas desechables de plástico que los yonquis compartieron por coleguismo o por necesidad. 

¡Cielos! cómo ha pasado el tiempo, en menos de tres años caducarán mis pastillas, aunque en 28 días habrán pasado por mi cuerpo, y cuatro años más tarde  de aquella liquidación de condena que yo calculé a lo mejor caducó la vida de aquel muchachillo como de tantos otros de su tiempo. 

Mi hermano tuvo dos amigos íntimos que murieron por esa adicción los dos estuvieron bastantes veces en mi casa, a uno incluso lo llevamos al pueblo en unas fiestas y durmió en la misma habitación que yo. Esto del SIDA fue tan increíble que parecía hecho a posta.

Con el tiempo cuesta creer que viviéramos cosas así. Con el tiempo pasa todo.

martes, 18 de agosto de 2026

Santa María de Alaejos

 



El baptisterio
Un cristo con el rostro de alguien de aquellos tiempos. No es, como tantos, una invención de alguien idealizadamente bello, o espantoso como el cristo de los cabellos de San Pedro, que vimos ayer.
 
La cúpula sobre el altar, cuesta trabajo no recordar a la Alhambra. 

El retablo es impresionante, en primer plano sobre el sagrario, la virgen titular de este templo.

La iglesia en monumento nacional desde 1931. Afortunadamente cayo en zona "Nacional" porque hubiera sido horrible que quemaran esta maravilla durante la guerra.

Uno no se cansa de fotografiar
Así la vimos al principio, y su cuidadora, una guapísima joven venezolana, nos ofreció encender la luz. Luego, al salir, dejé un donativo en el cepillo. La iglesia de San Pedro estaba vigilada por su prima, también venezolana. Durante el verano hay un programa de la Junta de Castilla y León para que se abran las iglesias más significativas al público. Como esto lo sabíamos, pues la vez anterior que entramos nos vimos beneficiados por la apertura, volvimos a darnos este baño de estética. 

Reincidiré en los próximos días, porque tengo más fotos interesantes que mostrar de Alaejos.

La moraleja es que si alguien pasa cerca de este pueblo por la mañana del verano debería aprovechar...

lunes, 17 de agosto de 2026

Vamos a ver arte sacro vallisoletano

Esta es una escapada con la intención de ver Medina de Rioseco. Pasa por Alaejos, pueblo armónico que fue tan rico como para levantar dos fabulosas iglesias en los siglos XVI y XVII, dicen que la segunda por competencia o emulación. Las descubrimos, y ya han salido en este blog hace unos años. Veníamos del Norte y comenzamos por la más hermosa, pero esta vez subíamos desde el sur y comenzamos por la menos maravillosa, para seguir la prelación correcta. Sucedió que la menos hermosa (la de san Pedro) nos pareció más de lo que esperábamos, y la más (La de la Virgen María), que quizá no fuera para tantísimo.

Pero juzgad vosotros si mereció o no emplear una hora de viaje en revisitarlas.

San Pedro, es más grande y el Ayuntamiento está a su lado
Santa María es más pequeña y antigua.

Veremos ahora a San Pedro, para mañana será Santa María
un emocionante cristo yacente
Arriba hay frescos en blanco y negro
San Pedro está sobre el sagrario
Este cristo tan expresionista tiene cabello natural, y algunos dicen que le crece.

Un paisano cura asesinado en la Guerra Civil, creo que no estaba este retrato cuando pasamos por aquí la primera vez.
En el fresco, a la derecha, distingo la crucifixión de San Pedro, que le pusieron del revés
Hermosas cúpulas de crucería al lado de un fresco que no sé interpretar.

Desde dentro del coro un crucificado barroco.
Y una panorámica que, por mi afán de meterlo todo, empequeñece la impresión de esta enorme iglesia.


   

domingo, 16 de agosto de 2026

Paternidad

 Hace unos días que mi hija cumplió 26 años, y no he podido evitar mirar sus viejos álbumes de fotos, que tengo muchos y muy buenos. Resulta que en el año 2.000, cuando nació, nos planteamos si comprar una cámara de video, -de cinta eran entonces- y decidimos que ya que yo tenía una buena cámara réflex y mucha afición, emplear en carretes y revelados lo que hubiera costado la otra cámara.

Viendo el abundante resultado de melancolía creo que fue la mejor elección. Sentarse en un sofá con los álbumes, a mi ritmo, degustando recuerdos. Uno no sabe lo bueno y generoso que puede ser hasta que es padre. Todas las personas que se pierden esto realmente han dejado sin desarrollar un yacimiento de sentimientos esencial, muy enriquecedor y satisfactorio en lo humano. Sinceramente no creo que otros triunfos deportivos, profesionales o artísticos, que todos hubiéramos deseado, puedan rellenar ese hueco de felicidad elemental.

He estado mirando fotos de en torno a un año, cuando los avances son esperados, y la comunicación absolutamente directa, animal, sensorial..., uno busca entender, estimular la respuesta, demostrar amor y buen humor. Tuvimos temores, un gran susto -que ya conté hace unas pocas jornadas-, y otro más pequeño que también fue un buen disgusto, pero todo lo demás fueron sonrisas y guiños. Es inexplicable racionalmente.

Desde entonces empezamos a perder. Recuerdo que para que tuviera una mínima movilidad teníamos un pequeño receptáculo llamado "parque". Una noche, viendo su inquietud por salir del escueto recinto, la posé en el suelo de parquet y comenzó a reptar orgullosa de sus avances. Lo hacía con medio cuerpo, concretamente con la parte izquierda, por lo que pensamos que sería zurda. Era muy graciosa su manera de avanzar, hubiera merecido la pena grabarla en vídeo, pero..., al poco comenzó a ponerse a cuatro patas. En aquel momento declaré solemnemente que habíamos pasado de fase, que aquella otra forma ya no la volveríamos a ver, que la habíamos perdido. Pronto empezó a andar de un sillón al sofá y viceversa, y ya perdimos también su andar cuadrúpedo. Últimamente nos estamos perdiendo muchas cosas. 

He tenido la suerte de estar en el paro mucho tiempo esos primeros años, y no tuvimos que "meter" a nadie en casa, ni llevarla tempranamente a una guardería. Solo cuando me salió un trabajo en Cáceres se la llevamos a mis padres, porque mi padre ya estaba jubilado. En torno a los tres años, nos organizamos: la trajimos a Béjar y la llevamos a una guardería de bolas y después con una señora, que la enseñó bastantes cosas. Después, a los cuatro, ya empezamos con el programa "madrugadores" de la escuela.

Los hijos crecen, se independizan, se distancian y huyen, buscan algo mejor, o al menos diferente a los padres, que los tienen muy sabidos ya. La juventud es el momento para descubrir ídolos políticos, artísticos o musicales, y en la cercanía amigos y amores. Es ley de vida: los padres quedan atrás. 

"no es que sea triste la verdad, lo que no tiene es remedio" J M Serrat.

hace un tiempo, pensando en mi hija, me emocioné mucho escuchando esta versión de Unicornio de Silvio Rodríguez. Mi comentario ha sido refrendado por más gente que ningún otro, lo cual me complace. En la introducción pianística parece que va a sonar ¡Oh Melancolía! pero es un amago musical, la versión es mi preferida y me remite a la gloriosa infancia de mi hija.

Unicornio

sábado, 15 de agosto de 2026

La fiesta de todos los pueblos de España

Hoy es quince de agosto y era la fiesta más grande de mi juventud. Coincidía que mucha gente estaba en mi pueblo de vacaciones de agosto y que era fiesta- fiesta, y si fuera sábado como hoy, fiesta doble con posibilidad de curar la resaca de todo el mundo, si es que las hubiere. Era la jornada esperada por todos: la noche anterior y el día entero. En un día tan requetefestivo aparecía gente nueva en el pueblo, sorpresas amorosas. ¡Cuánta gente habrá dado y recibido el primer beso un día como hoy en todos los pueblos!

Pero a mis veinte años me "eché" novia de Ávila y ya no tenía sentido poner ninguna esperanza en esta fiesta, aunque continuaba mirándola de reojo. Siempre pensaba qué podía pasar, y quería que alguien me mantuviera al tanto de los noviazgos, de las peleas, de las borracheras.

Pero un día se cortó: mis amigos habíamos decidido hacía muchos años quedar el quince de agosto del año dos mil en mi pueblo, pero aconteció el nacimiento de mi hija el 11 de agosto en Salamanca. Podría haberme ido a celebrar, y a celebrarlo con mis amigos (algunos también eran padres ya) pero decidí no ir: tenía la mejor excusa del mundo, y la alegué. Supongo que hacía algunos años que ya se había desvirtuado en mi alma aquella fiesta juvenil. El año siguiente fui de día a la fiesta de la ermita y al subsiguiente vermú, pero ya no éramos los mismos, había a nuestro alrededor gente nueva, y también gente que faltaba después de ese último canto del cisne planificado al que no acudí. Muy poco después una pareja de la pandilla que vivía en el pueblo se divorció. Ya acudir aquel día era mal rollo, porque uno no sabía dónde meterse ni cómo actuar. Y dejé para siempre de aparecer esa luminosa mañana.

Pero ahora que soy viejo me palpita el recuerdo las aventuras y las esperanzas que se concitaban en esta fecha. Lo recuerdo como un familiar muerto, como algo irrecuperable, como la juventud nunca bien exprimida, como todas las chicas deseadas que no cuajaron carnalmente.

Ahora que me acerco a los 62 años, y se empiezan a montar sin dolor años sobre esta cualidad de sexagenario, le dedico una nostalgia a la vida perdida, a la que no fue posible, a todo lo que hubiera podido llenármela, a mi juventud, que no fue divina, ni tampoco es un tesoro, porque no alcanzó ni de lejos la plenitud soñada. No sé si a los ligones, o a los triunfadores les parecerá un divino tesoro "ganado", su perdida juventud. Yo tuve y tengo que conformarme con el aroma virgen de los anhelos.

viernes, 14 de agosto de 2026

Ser bueno, decir la verdad, no dejarse llevar por un repente violento...





Sigo leyendo a la Highsmith, ahora una colección de cuentos titulada "Los cadáveres exquisitos" que es una antología de cuentos escogida en los años 90 para hacerlos capítulos de televisión. Lo promovió un productor francés:  me encantaría ver el resultado aunque ahora me parece haber visto por alguna parte un relato en el que sale un espantapájaros; tampoco estoy seguro, porque es posible que al leerlo haya proyectado esa película dentro de mi cerebro.

Por mi capacidad para compadecer sufro con los personajes y les pido que se salven y no mientan, porque se verán arrastrados a una cadena de mentiras que les estrangulará. También hay que ser bueno, eso siempre lo he tenido claro, no hacer el mal deliberadamente, y responsabilizarme de lo que sea culpa mía, sin tratar de escurrir el bulto. El colmo de la maldad y de la tontería es asesinar a alguien, con lo difícil que debe ser hacer daño hasta matar a una persona, y, sobre todo, lo que debe pesar un cadáver muerto que, además, no se podrá improvisar donde enterrarlo o hacerlo desaparecer. Porque después del asesinato vienen más mentiras para que no te pillen, pero esas mentiras tienen las patas muy cortas y contradictorias, y se van desgastando sin que el criminal pueda escapar.

Siempre fui un niño bueno, como el Capitán Trueno, como Juan sin Miedo, como Juan el Afortunado, pero si no lo hubiera sido, me habrían hecho ser bueno los miedos de verme envuelto en líos como los que cuenta la Highsmith. Resulta a veces inmoral, pero muy aleccionadora de las consecuencias mentales de la inmoralidad.

Eso sí, a veces fantaseo en lugares donde esconder un cadáver, por si acaso algún día me viera con la necesidad de hacerlo, lo que no sé es si cabe un cadáver grande en el maletero de un Dacia Sandero, y tampoco los lugares donde podría esconder o enterrar a alguien sin que lo encuentren, están cerca de adonde pudiera llegar mi coche.

Así que no mataré a nadie ni de broma, porque las cosas "o se hacen bien o no se hacen"


jueves, 13 de agosto de 2026

Una escapada a Salamanca

 Hacía mucho tiempo que no pisábamos sus calles, casi siempre llenas de turistas

Aquí vemos, a la izquierda, la contrafachada del edificio histórico de la Universidad, y a la derecha cómo se va abriendo la plaza de Anaya.

y gentes que entran o salen de la catedral

Una boda pomposa en una pequeña iglesia de esa misma plaza.
A veces, por curiosidad de mi mujer, nos hemos quedado a ver la salida de la novia, pero daba la impresión de que aún faltaba bastante tiempo para el acontecimiento.

Me llamó la atención en otra iglesia que ahora al sacramento de la penitencia, (a confesarse) se le denomina de la Reconciliación: lo políticamente correcto, el eufemismo, nos invade.


Y que ya hay grupos de tunas.

Y un permanente anuncio.

de las cofradías de Semana Santa