Un kilo de oro, -que debe ser un lingotito que ocupa un tercio del volumen de un smartphone-, vale actualmente 125.000 euros. Pesa un kilo, pero se puede llevar el peso de un kilo en cada bolsillo de una chaqueta, en una riñonera, o mejor: pegado a una muñeca con algún tipo de funda, o en un dispositivo de sobaquera porque una pistola con balas ha de pesar todavía más de un kilo.
Yo he presenciado en la puerta de la oficina del notario, cómo se contaba dinero negro antes de entrar a firmar la escritura. Incluso hay despachos vacíos o recovecos o en los servicios públicos, donde se puede hacer más tranquilamente lejos de las miradas curiosas. Pero es que sale rentable pagar en dinero negro. El vendedor de un pisazo que se acuerda realizar por 1.000.000 de euros, y que lo compró hace diez años por 500.000, tiene que declarar a hacienda en el impuesto de la renta de las personas físicas (IRPF) una plusvalía de 500.000 con las correcciones que correspondan a 10 años. Le renta mucho más poner en la escritura que lo vende por 750.000 y coger 250.000 euros en negro.
Para eso eran los billetes de 500€. Si quiere uno pagar 250.000, basta con llevar 500, o cinco fajos de cien, que se pueden contar, sudando un poco y tomando aire de vez en cuando, en menos de cinco minutos.
Contarlo con los corrientes billetes de 50 es multiplicar por 10 el cuento y el volumen. Habría que llevar a la notaría una o dos bolsas de deporte.
Con esta operación el comprador se ahorra el 8% de 250.000 = 20.000 euros, (un año de trabajo para mucha gente) más lo que se ahorre de notario, pues los notarios cobran aparte de un fijo, un porcentaje por lo que se negocie. También se ahorra el que le puedan investigar de dónde ha podido sacar esos 250.000€ adicionales.
Lo que se ahorra el vendedor no es solo el IRPF sino también el impuesto municipal de plusvalía, que se paga en el ayuntamiento con arreglo a la diferencia de compra y de venta a lo largo de los años.
El gran problema actual es que los billetes de 500 están muy restringidos en su uso precisamente por la cuestión del dinero negro, de los delitos, de los fraudes fiscales.
Si yo quisiera comprar o vender un piso por 1.000.000 de euros y ahorrarnos la parte del comprador y el vendedor los impuestos correspondientes a 250.000 euros y el comprador tuviera lingotes de oro, sería muy sencillo de hacer: bastaría con saber cómo es el oro, llevar a un amigo joyero, incluso portar una pequeña báscula electrónica a pilas.
Para José Luis Rodríguez Zapatero, los lingotes no son problema, pues tiene mano con el gobierno venezolano, que consigue mucho oro. Se dice que presuntamente el expresidente español también andaba en el negocio del tránsito del oro.
Ayer por la noche, en un programa de política alguien dijo que Zapatero había comprado un piso en una zona riquísima de Madrid llamada Puerta de Hierro por 540.000 euros, una cifra irrisoria, increíble actualmente. Se me ocurre que presuntamente lo que falta en el contrato real que se pagaría en dinero negro, bien pudo hacerse en oro amarillo del que dicen que -supuestamente- también es traficante el expresidente.
Porque en esta historia va a ser difícil de probar lo que se hiciera con oro de por medio. Parece que usando otro procedimiento, ya ha sido embargadas las cuentas del expresidente por el valor de las comisiones. El procedimiento es el pago en blanco por no hacer nada que se ha pretendido "arreglar" encargando a la empresa que contratara a sus hijas para una sencilla operación informática por la que cobraron la asombrosa cantidad de 200.000 euros (blanqueados). Le han pillado completamente.
Y es que el problema de dónde meter o "blanquear" el dinero es proporcionalmente grande para quienes lo "ganan" suciamente.



































