Hoy 28 de julio mi mujer y yo no podremos salir a las siete de la mañana a andar los siete kilómetros que necesitamos, y tampoco voy a ir a la piscina. El humo de los incendios anega mi respiración, me agobia. Saldré lo justo para ir al huerto, o para comprar. Se está quemando gravemente la vecina provincia de Ávila.
El verano pasado sucedió lo mismo por el más cercano norte de Cáceres. Este año me pilla avisado y no abriré las ventanas para refrescar la casa y que se me llene de humo. Aunque viene otra "ola de calor".
Antes había muchos pastores en España. En mi pueblo creo que más de cinco rebaños. Se ocupaban de sacar sus ovejas a pastar, a comer pasto. En verano levantaban polvaredas, en mi pueblo se decía polvaneras, sus ovejas y sus cabras, (había un par de cabreros) limpiaban los caminos y comían los rastrojos repasaban las eras, se comían hasta la plaza de toros y el corral de la ermita. A cambio soltaban bolitas de estiércol, pero también daban lana, que valía dinero y solía procesarse y convertirse en prendas de vestir aquí, precisamente done vivo, en Béjar. También se comía mucho más cordero y oveja, que comemos ahora. Seguro que en estos tiempos en mi pueblo hay vegetarianos, y hasta veganos.
Las ovejas y las cabras fueron parte del paisaje muchos milenios, se habla de Viriato, el pastor lusitano, que se rebeló contra Roma. Los pastores fueron, según la tradición, a agasajar el portal de Belén. Hay mucha gente que se apellida Pastor, Cabrera, Cabrero. Hoy no se generaría este apellido, los pastores casi se han extinguido. Era un oficio esclavo, había que ordeñar, o sacar a pastar todo el año, de otra manera habría que gastar mucho dinero en forraje o grano, o piensos, como se hace ahora, pues la mayoría del ganado español está estabulado y come lo que le lleven a sus pesebres.
Mientras tanto el pasto crece y se convierte en pasto de las llamas, que alcanzan los bosques de pinos que tampoco se cortan porque nuestra sociedad no necesita tanta madera. Y toda esa riqueza forestal termina por arder los veranos, con ayuda del cambio climático, pero también generando más cambio climático. Todo el CO2 que rodea mi casa se irá a la atmósfera y tejerá efecto invernadero. La lana que no se teje termina por originar un tejido que nos asfixia más.
Nos apetece mucho que haya naturaleza forestal, alrededor de Madrid; es un paisaje fresco, proporciona oxígeno, sostiene la tierra evitando la erosión, pero es combustible, y si no se limpia o pasta alrededor, es un peligro.
A pesar de los incendios, la masa forestal no cesa de crecer en España. En mi pueblo natal se abandonó la agricultura y está llenándose de encinas. Afortunadamente quedan vacas que pastan en extensivo. Supongo que serán rentables para las pocas familias que las tienen, ojalá sea así para la siguiente generación, porque habrá menos pasto de las llamas. Cuando yo era pequeño nos calentábamos y cocinábamos con leña y paja, a la lumbre. En todas las casas había una chimenea por la que salía CO2 ordenadamente. Por los caminos había gente andando o en burros, o llevando vacas u ovejas a pastar. Hoy, se ven coches, y también ciclistas de bicicletas de montaña. La gente se calienta con calderas de gasoil o con calefacciones eléctricas.
La gente se ha ido a vivir a las ciudades, las ciudades no se queman, el hormigón y el ladrillo no es combustible, pero todo lo que está abandonado en los pueblos donde vivían no deja de crecer de acumular carbono que tiene muchas posibilidades de acabar ardiendo.
La vida sostenible era la de antes. Hace tiempo escribí la comodidad nos está jodiendo la vida; sí, yo soy liberal y creo que se debe dejar a la gente hacer lo que quiera, pero la naturaleza, que antes habíamos aprendido a que fuera nuestra aliada, nos acecha como sociedad. Como sociedad debemos valorar aunque sea artificialmente a los pastores, cabreros y vaqueros, y no tanto a la gente que teletrabaja, a los deportistas, a los coach e influencers, a los creadores de juegos de ordenador. Lo más importante para la humanidad es poder respirar y ahora mismo millones de personas en el centro de la península ibérica no podemos hacerlo bien.
Hay que subvencionar el aire del futuro. Es vital.