Tengo un corazón que me sostiene. Lo primero que vi de mi hija fue su corazón de dos meses de embrión, en una ecografía: fue una emoción grande contemplar como algo diferente que estaba adentro de la tripa de mi mujer latía, estaba vivo, por eso sé que mi corazón no tiene sesenta y dos años y unos días sino que lleva latiendo siete u ocho meses más, y sin fallos.
A veces uno se encuentra triste, abatido, sin ganas de vivir; con rabia, sin esperanzas, y ahí está él trabajando como un bruto, como un galeote, en bombear la vida, en mandarle a mi cerebro abúlico pulsos de amor. Él sabe que después de la derrota hay esperanza, que sale el sol, crece el verdor de la hierba y vuelven a mi huerto las grosellas, las frambuesas, las manzanas.
Con estas lluvias se me han reventado la mayoría de los tomates. Fueron tres meses de abundancia y aún no descarto recoger algunos más, pero ya no saben tan ricos. Me quedan algunas manzanas en los árboles pero aquí tengo que decir que sé que serán las más dulces, como a mi corazón la vida le sigue trepando por la fuerza de la biología y le lleva más azúcares; aunque queden pocas y yo sea plenamente consciente de que se acabarán antes de que llegue la cosecha de naranjas valencianas que compraré en bolsas de cinco kilos dentro de un par de meses, o quizá de mes y medio, porque todo ha venido muy adelantado este año.
Me pongo a divagar y me olvido del que no se olvida de mí, de mi corazón. Hoy he estado tocando la guitarra, una partitura maravillosa de Paco de Lucía "Fuente y Caudal" que me copió un amigo en cifra, con la que nunca he podido, pero hoy he gozado acariciándola, como si mi guitarra fuera un gato en mi regazo, mientras se dibujaba en mi alma su sonido completo. Hace pocos días se la escuché a esta chica oriental.
Fuente y Caudal
A Paco de Lucía le falló el corazón a los 66 o 67 años; había fumado mucho, como su hermano mayor, Ramón de Algeciras, que ya se había muerto antes de 2014. Todos hubiéramos querido más Paco, pero tenemos que reconocer que tuvo más oportunidades de regalarnos su arte que Schubert, que Chopin, que Mozart, que Mendelsson, que Juan Crisóstomo Arriaga. He conocido de cerca a mucha gente corriente que ha muerto en estos 62 años y doy gracias a mi corazón por seguir empujándome aun cuando hoy esté triste, desilusionado. Al darme cuenta de lo fiel que me es, me levanto el ánimo diciendo, tengo que seguir viviendo aunque solo sea por él.