domingo, 8 de noviembre de 2026

Évora de noche.





Las catedrales, deben presidir los altos de las ciudades, eso lo pensaron para que los turistas del siglo XXI nos orientáramos mejor y prefiriéramos ciudades con catedral a las que no lo tienen,
Aunque nos guste encontrar otras iglesias barrocas o neoclásicas en sitios menos destacados.


Aquí un cuartel
Y a su puerta un monolito a los caidos.

No nos dan miedo las calles 
Ni las plazas anochecidas por las que circulan fantasmas

Porque la gente vive en la calle si hace buena temperatura
Ahora vamos a introducirnos en la calle, que vimos hace unos días, donde la gente cena con alegría,


Alegría, murmullo, olores a comida, lo hemos visto en tantos sitios, es como una fiesta. Recuerdo Lyon 2020 en plena pandemia, el Barrio Húmedo de León, Triana, Tours, Poitiers, La Coruña...






Una librería
La plaza mayor vibrando.
Había un escenario para unas representaciones folclóricas.
Había un montón de africanos sentados en el borde de la fuente.

Nos abrieron la iglesia de esta plaza para una ceremonia nocturna

Debía ser algo especial porque se llenó enseguida
Un baptisterio

robé todas las fotos que pude antes de que comenzara la ceremonia religiosa


calles sugerentes, servirían para portada de algún libro, porque parece que puede surgir algo en cualquier momento.
 

sábado, 7 de noviembre de 2026

Accidente mortal.

 El pasado jueves, recién anochecido, venía de Salamanca hacia Béjar por la autovía, Maxi. Una autovía es el camino más seguro para conducir después de una autopista. La cuestión de las autovías es que tienen múltiples entradas y salidas -integran mejor el territorio, dicen los políticos- pero también es un problema porque más fácilmente puede entrar cualquiera confundido.

Voy a pensar que eso le pasó a una chica de 20 años, que se confundió y entró por el carril contrario. También podría haber elegido ser una kamikaze y matarse chocando contra quien le tocara en suerte. El caso es que le tocó en suerte a Maxi, que tenía un año más que yo (63) y vendría confiado, como vamos todos en una autovía, en que no se iba a encontrar a nadie de frente. Incluso aunque haya visto las luces venir, lo más fácil era pensar que ese coche mortal circulara por los carriles que corresponden a su sentido. Yo he hecho seguramente un centenar de veces ese recorrido de noche; a partir de ahora cada vez que lo haga pensaré en este hombre, a quien conocía muy bien de vista, porque tiene un hijo de un año o un par de años mayor que la mía y hemos coincidido en los parques, en muchos teatrillos y espectáculos infantiles mientras nos tocó. Incluso una vez echamos un partidillo de baloncesto en una canasta mi hija y yo contra su hijo y él. Desde entonces nos saludábamos; después le traté profesionalmente en los juzgados y alguna vez paramos a hablar por la calle y en el Mercadona (que es donde te encuentras a la gente de Béjar y comarca).

Un choque tremendo, los dos coches dados la vuelta. Maxi, al parecer, murió en el acto. La chica está grave en el hospital de Salamanca.

El viernes por la mañana no se hablaba de otra cosa en Béjar, esta mañana de sábado, según andaba yo a comprar, también he oído partes de la pena que les daba; la gente en estos casos habla un poco más alto, para que los que pasamos lo oigamos, incluso nos incorporemos a la conversación; uno se queda con las ganas de compartir humanidad.

Pero volvamos al viernes: durante la tarde no se me iba de la cabeza la cara de Maxi. Hace unos años tenía sobrepeso y adelgazó, más o menos como yo. Supongo que algún análisis le sacaría un tremendo panorama de triglicéridos, glucosas y colesteroles desbocados como me pasó a mí hace catorce años, y se "pondría las pilas", como hice yo. A lo mejor a él le pasó el mismo solidario efecto espejo al mirarme a mí y aumentó la simpatía entre nosotros. Por todo eso probablemente esté yo ahora más concernido.

 Ayer por la tarde mientras hacía la tortilla de patata a las siete y media pensé que anteayer todavía le quedaba una hora de vida y nadie lo sabía. Como los del tren de Urda o de Adamuz, piensas lo que vas a hacer en cuanto llegues. Lo mismo que todos los que se vieron atascados en el carril de la autovía tras el terrible accidente de Maxi, porque obviamente se preparó un atasco tremendo.

                                                   Foto tomada del Facebook de La Gaceta de Salamanca.


Sigo reflexionando que eso nos puede pasar a cualquiera, no nos hacemos a la idea más que cuando nos toca un caso como éste, y es que nos montamos en un coche y lo ponemos a cien, o a ciento veinte, si nos da la gana en una autovía, y eso va contra la naturaleza de las cosas; parece una trivialidad pero si nos surge algo el golpe será tremendo. ¿Adónde iría Maxi el jueves pasado? a lo mejor le había salido un boleto del Carrefour de seis euros de descuento y fue a aprovecharlo (tengo yo ahora mismo uno). A lo mejor fue a acercar a algún hijo a Salamanca, o porque tenía el dentista en Salamanca o por cincuenta mil cosas por las que no dudamos en hacer un trayecto de tres cuartos de hora de ida y otro tanto de vuelta. Nunca pensamos en el riesgo mortal, pero a cien por hora existe.

Me represento los asuntos que tendría en su mesa de trabajo del juzgado: ahí se quedaron; y también sus zapatos, y sus botas, y sus zapatillas de deporte, y quizá un traje y una corbata para las ocasiones, y varias prendas de abrigo. No sé lo altos que serán ahora sus hijos, él medía más de metro ochenta, seguramente calzaba un cuarenta y cinco por lo menos. Todo estará congelado en un armario o en su parte del armario y su mujer pensará en que los hijos lo aprovechen o si no en dejarlo en un contenedor de ropa, porque tropezar todos los días con eso...

Tropezar con tantas cosas: tendría sus discos personales (a lo mejor vinilos y casetes también; es de mi edad y yo los tengo) sus libros de lectura, yo coleccioné además un montón de Capitán Trueno y El Jabato, pero hay gente de mi edad que tiene Tintín o comics americanos más modernos de la Marvel, vete a saber. Todos poseemos un montón de cosas personales que solo tienen sentido para nosotros mismos o para alguno que tenga los mismos gustos, pero no para nuestra familia.

No somos nadie, los dos hijos se pasarán varios años, o toda la vida, pensando en cuántas cosas les quedaron por saber de su padre, en todas las conversaciones que se quedaron cortadas porque sucedió algo y en cuántas veces no le hicieron caso porque les contaba una batallita o algo que no querían escuchar.

Es terrible, Maxi podría haber esquivado a la chica, y también podría haberle tocado llegar un minuto después del accidente que se hubiera producido contra otro, y  que le diera tiempo a parar y le correspondiera a él llamar al 112 y esperar a que vinieran ambulancias, bomberos y guardias civiles que  desviaran la circulación o la despejaran y poder continuar hasta su casa de Béjar. Pasar allí dos o tres horas terribles de carnicería y luego contarlo en el trabajo al día siguiente como la experiencia más tremenda de su vida. A lo mejor sus hijos, que están en esa mala edad, no le hubieran escuchado.

A partir de ahora quisieran escucharle todo lo que se quedó por decir.

La juventud

Anques de que se solape el accidente de los trenes de Urda, sigo pensando en las tragedias, en los desastres, en las lesiones y enfermedades, en los maldormires. 

Reflexiono que la mayoría de los jóvenes no son conscientes de todo esto; yo no lo era, no recuerdo haberlo sido, al menos. Cuando yo tenía de quince a veinte años, quizá hasta los treinta, solo pensaba en los amigos, en ganar al mus, el conseguir una novia o al menos conseguirme triunfos sexuales, probablemente para presumir de ellos ante los amigos. Deseaba con vehemencia aprobar la carrera para un día largarme de casa de mis padres y poder dedicarme a tocar libremente la guitarra y escribir, y que me admiraran por ello.

También había desgracias entonces: terrorismo, accidentes de aviones, hambrunas en África, y mucho dolor del de toda la vida, mis abuelas los padecerían pero no las escuché, tampoco a mis padres, que no eran tan viejos. Solo quería saber de lo mío, el fútbol o el baloncesto, que compartía entusiásticamente con los amigos. Dormía de un tirón, ahora no sé cuántas veces me levanto a mear por la noche, cagaba bien no tenía almorranas; ni acúfenos, no estaba tan sordo como estoy hoy para las frecuencias agudas; ahora paso muchas noches de turbio en turbio, aunque hiperconsciente de todo, muchas veces leyendo o escribiendo.

La vida me va enseñando como a un toro en la plaza: al principio irrumpes y eres el señor de ese territorio, luego te torean te pican, te banderillean,  ya no tienes toda la fuerza con la que saliste y el torero se arrima más a ti, ya puede torearte con la muleta, entonces sientes los dolores y el cansancio, y no aciertas más que con el engaño, (o sea que no aciertas) y cuando desesperadamente intentas matarle es que él te clava la espada de la muerte, y luego empezará lo más penoso: que son los vómitos de sangre, la puntilla, el descabello, el arrastre...

Contemplo a esos jóvenes alocados que solo piensan en prendas o productos electrónicos caros, en conseguirlos aunque sea a base de destrozar escaparates y estanterías, en quemar coches, bicicletas y contenedores de basura, en luchar contra la policía, en hacer esa fiesta salvaje con los amigos, para presumir. En esos años nunca tienes presente eso de arreglar ni limpiar nada, de eso se encarga tu madre. Tampoco sientes ni compadeces a los demás, y menos a los que barren vidrios rotos o colocan los nuevos. 

A mí me marcó mucho a los 24 el suicidio de un amigo que con 25 años era un triunfador, y que probablemente tendría un agobio en el trabajo o una discusión con su novia, y no se le ocurrió otra cosa que abrir el gas, después se cortó las venas y, como no tenía paciencia, al final se tiró por la ventana. Pronto hará cuarenta años de aquello, y él seguro que no pensó en sus padres, ni en sus hermanos, ni en sus amigos; tal es la estrechez de la visión juvenil. Puede que su madre aún viva a día de hoy. Ella sí que sabe lo que es sufrir y la dolerán todos (como dicen ahora para remarcar :"y cada uno de") los sufrimientos ajenos, Se imaginará los dolores y angustias de su hijo, la sangre de sus venas y lo inexplicable de su decisión, mientras tendrá todos los achaques y tomará todas las pastillas que toman los viejos. Sé que los primeros años iba al cementerio todos los días, ¡qué ilusión encerrarse en un paisaje de muerte!, con todo lo que la geografía puede ofrecer.

La vida está llena de azares hermosos, cada horizonte ofrece diferentes luces y montañas, bosques y ríos, y el mar, que es inmenso y se come tu mirada. Mucha gente iría hace una semana en esos trenes a Sevilla, esa amable ciudad a encontrarse con familia o a trabajar; comerían allí o dormirían en un hotel o en casa de un familiar. A lo mejor, mientras contemplaba los paisajes desde el tren, alguien pensaba ilusionado en disfrutar visualmente de los culos móviles de las graciosas sevillanas por la calle Sierpes o por el puente de Triana, o en alguien con el que iba a encontrarse con quien estar a gusto hablando o bromeando de fútbol o de política. Y ahora están muertos, dejando un hueco de dolor en su entorno. Pero los jóvenes de ahora no pierden mucho tiempo en pensar en aquello; como yo cuando era de su edad, porque tampoco me condolía severamente de los asesinatos terroristas, -quizá alguna vez que ponían un reportaje en Informe Semanal-, pero no me duraba. Creo que esos crímenes me dan más rabia ahora cuando me los recuerdan el día de su muerte en el Facebook.

La muerte antes era poco más que una palabra, exceptuando aquel suicidio que cuento; hoy la muerte, y sobre todo, la salud, son un peligro inminente; una preocupación. Cuando éramos jóvenes nunca hablábamos de la salud, que es como un coche nuevo: los primeros años, no da problemas. De joven me he pasado años enteros, quizá lustros, sin ir al médico; ahora hay que vigilar, y uno escucha ruidos internos y le abordan pensamientos inquietantes.

Llega el tiempo en que debía tener algún nieto, para ver que puede existir alguien por ahí que me recuerde, o que se acuerde de mí mirando las cosas que hizo su abuelo y sus bisabuelos, que continúe la historia de mi familia. Seguramente no merezco nietos: no invertí más que en la vida de una hija, que es joven y todavía no se le pasan por la cabeza las grandes cuestiones de la existencia. Eso son cosas de viejos. 

viernes, 6 de noviembre de 2026

Continuemos viendo fotos de esta hermosa ciudad.


Basílica de San Francisco (o de los huesos)
Agradecimiento a otro mingitorio gratuito.


Una colección de calabazas en una tienda de ultramarinos, o de delicatessen. (no se me ocurre una palabra en español para definir estas tiendas de comestibles finos y caros. 





Este edificio en restauración es un club militar. De acceso restringido a sus socios.


Qué bonito y qué mediterráneo (aunque estemos a una hora en coche del Altlántico)





Edificio tropical decadente, hay muchos en España, muy pocos en Francia que son tan cuidadosos de lo suyo, a pesar de lo que destrozan las turbas.
 

jueves, 5 de noviembre de 2026

Sigamos conociendo Évora

Portugal es un país maravilloso y humilde que tengo al lado donde la gente habla bajito y casi todos entienden el español. Mirando las fotos del último setiembre no puedo por más que decirme: ¿por qué no vamos más por allí? 

Ese alto de la acrópolis me recuerda a una preciosa localidad francesa La Cirque de Popie, debía haber el mismo tipo de luz aquella tarde.

Hay mucho mármol por la zona, por ejemplo en Estremoz.

Un gran convento también edificado bajo la acrópolis.

Brincar es un verbo en desuso que significa saltar en español, en Portugal significa jugar infantilmente.



Palacetes dedicados al turismo.
Calles bien conservadas, patrimonio de la humanidad.
Esta es la calle favorita donde se come y se cena, todavía era por la tarde y andaban mayormente de preparativos.

Todos los españoles hablan bien de cómo se come en Portugal. Seguro que los ingleses mucho mejor.