Supongo que lo es toda la región del Alentejo. Yo creo que no hay ningún lugar de España que tenga esta cantidad de árboles de esta especie, y que se exploten tanto como aquí.
Este pedazo de templo es el símbolo de la ciudad
Me gusta ir a votar, entiendo lo que es la fiesta de la democracia: un domingo especial para el que la gente se prepara: los que tienen que ser mesas, los carteros, los policías, los miembros del poder judicial (yo estuve como secretario de guardia el día de las elecciones del año 2000, que ganó Aznar, -me dio mucha rabia aquel resultado porque yo entonces era acérrimo del PSOE-.
Estos años voy a votar siempre y me gusta hacerlo pronto, quitármelo de enmedio no vaya a ser que algo me lo impidiera. Cuando vuelvo a casa me siento libre, como si hubiera hecho algo. En el local de votaciones (colegio electoral) veo a la mayor parte de la gente endomingada para esta misa civil. Allí reina la educación, los de la mesa están algo tensos por la responsabilidad, por su exposición, pero siempre son atentos, serviciales, simpáticos. Nunca he sido mesa, un día fui suplente pero vino el titular y me tocó, después de estar a las ocho, volver a casa sin participar, y sin cobrar; tampoco pude votar, pues las urnas se abrían a las nueve así que luego tuve que ir sobre las diez. Volviendo a los votantes, se nos ve interesados, responsabilizados por nuestro voto, como si valiera algo, que lo vale. Aunque nunca he podido comprobar que mi voto valiera por sí mismo, (que por un voto haya cambiado algo) solo vale como agregado, pero nunca renunciaría a él. Es importante el derecho de todos y vamos al colegio electoral con orgullo de participar el la fiesta.
Pues resulta que este año en España nos quieren colar a cientos de miles de participantes, gente que no ha vivido en España, que son nietos y biznietos de españoles que se fueron, por la guerra, por la dictadura, porque había mejores trabajos... Ahora ellos pueden (si les da la gana, si les interesa) colarse en nuestra fiesta electoral. No han trabajado, ni pagado impuestos en España, no saben cómo funciona nuestra sanidad, ni la educación, ni la policía, ni los funcionarios, ni el gobierno.
El gobierno actual es quien quiere colarlos pensando que al ser descendientes de izquierdistas, o de pobres emigrantes, puede que le den más votos. Yo espero que la mayoría sea buena gente y no se meta a decidir lo que nos corresponde a quienes vivimos aquí, pero puede que haya campañas desde aquí para barrer para su casa, hasta compras. Yo no vendería mi voto aquí, pero si me dejaran votar en Eslovaquistán y se acercara alguien diciéndome "toma cinco euros y te acompaño a que metas el sobre que te dé en la urna de un sitio donde no conoces", aunque no me pareciera bien a lo mejor cogía los cinco euros. No sé quien gobierna en Eslovaquistán (que es un invento), ni me importa, nunca he seguido sus elecciones, me puedo meter los cinco euros en el bolsillo y que le aproveche a mi pagador.
Creo que si permiten hacer esto nos van a aguar la fiesta, por lo menos a mí. Me gusta creer que mi voto es importante,
Hay muchas villaviciosas en el mundo. En España hay unas cuantas con apellido o sin él. Supongo que no significará que hubiera muchos borrachos, fumadores o puteros, sino algo más positivo: que su tierra agrícola sea feraz, por ejemplo.
En Béjar se llama vicio al abono orgánico, y al abono en general; esto lo sé por mi condición de hortelano.
Pues entre Elvas y Évora encontramos esta ciudad donde se corren toros a juzgar por la instalación que encontramos en su plaza mayor. Está cerca de España, pero tengo que decir que en Portugal vimos bastantes carteles de forçados con las caras de las figuras, y también de afamados rejoneadores. No sé si fotografiamos plazas de toros pero las hay, redondas como las españolas.
Tengo un corazón que me sostiene. Lo primero que vi de mi hija fue su corazón de dos meses de embrión, en una ecografía: fue una emoción grande contemplar como algo diferente que estaba adentro de la tripa de mi mujer latía, estaba vivo, por eso sé que mi corazón no tiene sesenta y dos años y unos días sino que lleva latiendo siete u ocho meses más, y sin fallos.
A veces uno se encuentra triste, abatido, sin ganas de vivir; con rabia, sin esperanzas, y ahí está él trabajando como un bruto, como un galeote, en bombear la vida, en mandarle a mi cerebro abúlico pulsos de amor. Él sabe que después de la derrota hay esperanza, que sale el sol, crece el verdor de la hierba y vuelven a mi huerto las grosellas, las frambuesas, las manzanas.
Con estas lluvias se me han reventado la mayoría de los tomates. Fueron tres meses de abundancia y aún no descarto recoger algunos más, pero ya no saben tan ricos. Me quedan algunas manzanas en los árboles pero aquí tengo que decir que sé que serán las más dulces, como a mi corazón la vida le sigue trepando por la fuerza de la biología y le lleva más azúcares; aunque queden pocas y yo sea plenamente consciente de que se acabarán antes de que llegue la cosecha de naranjas valencianas que compraré en bolsas de cinco kilos dentro de un par de meses, o quizá de mes y medio, porque todo ha venido muy adelantado este año.
Me pongo a divagar y me olvido del que no se olvida de mí, de mi corazón. Hoy he estado tocando la guitarra, una partitura maravillosa de Paco de Lucía "Fuente y Caudal" que me copió un amigo en cifra, con la que nunca he podido, pero hoy he gozado acariciándola, como si mi guitarra fuera un gato en mi regazo, mientras se dibujaba en mi alma su sonido completo. Hace pocos días se la escuché a esta chica oriental.
A Paco de Lucía le falló el corazón a los 66 o 67 años; había fumado mucho, como su hermano mayor, Ramón de Algeciras, que ya se había muerto antes de 2014. Todos hubiéramos querido más Paco, pero tenemos que reconocer que tuvo más oportunidades de regalarnos su arte que Schubert, que Chopin, que Mozart, que Mendelsson, que Juan Crisóstomo Arriaga. He conocido de cerca a mucha gente corriente que ha muerto en estos 62 años y doy gracias a mi corazón por seguir empujándome aun cuando hoy esté triste, desilusionado. Al darme cuenta de lo fiel que me es, me levanto el ánimo diciendo, tengo que seguir viviendo aunque solo sea por él.
Tiene un acueducto impresionante, que se llama Almoreira
Mi madre tiene 86 años, ya está para pocos trotes: aparte de tener Parkinson, toma muchas pastillas y duerme mal, es lo común a su edad. Yo no quiero que se meta cosas en la cabeza ni se preocupe por nada.
Si mi madre hubiera sido Maricarmen yo no hubiera consentido que gentes interesadas en una bandera la metieran en líos, tensiones y excitaciones. Esta mujer no tenía familia. A causa de la causa que simboliza esta mujer hay gente acampada en la Puerta del Sol y en otros lugares, se han dictado por el gobierno dos decretos que tumbó la mayoría parlamentaria y como consecuencia se han convocado elecciones generales, y también una huelga general.
Si ella se ha enterado del pifostio montado a su alrededor no creo que haya sido bueno para su salud; mi madre no lo aguantaría, ni su corazón, ni su riñón, ni su hígado... quizá si yo ahora tuviera todo eso encima, tampoco lo aguantaría y solo tengo 62 años.
A lo mejor esa mujer ha muerto feliz pensando en LA CAUSA; el caso es que ha muerto. Si yo metiera a alguien como mi madre en una historia así, tendría un cargo de conciencia considerable.
Tan guerreros son que ponen armaduras medievales de adorno.