sábado, 24 de octubre de 2026

Rodeando la catedral

 Fue hace más de mes y medio que estuvimos allí. Cumplí 62 años, hubo una mujer que se llamaba Maricarmen Abascal alrededor de cuya imagen se ha montado una molesta acampada en el centro de España y se han convocado elecciones generales y una huelga general para apoyar al gobierno. Me estomaga la violencia que hay en Francia y el incendio del ayuntamiento de Limoges. Entretanto llegan los fríos, y tenemos que poner un poco la calefacción por la tarde y miro las fotografías de la catedral de Évora y me parecen más bonitas que lo que recordaba. Qué gran invento es el poder de retener lo que los ojos eligieron como digno de recordar y admirar: es un desafío a la lejanía, a la decrepitud y a la muerte.












viernes, 23 de octubre de 2026

Callejeando por la sombra en Évora

Restos de un fresco en un soportal donde andábamos buscando el fresco.


Yo creo, de todos modos, que en Portugal debe llover más que en España.
Este color de albero me recuerda mucho a Sevilla, que no está tan lejos de aquí.


No tenemos muy presente el pasado musulmán de Portugal, que lo tuvo, aunque acabara la reconquista mucho antes que Castilla. Pero uno tiene presente todo el urbanismo supuestamente musulmán que ha conocido en Córdoba, Sevilla, Toledo, Vejer de la Frontera...









Esta es la plaza del Ayuntamiento.


 Al final llegamos a lo romano.

jueves, 22 de octubre de 2026

Lo mío con la Highsmith debe ser enamoramiento

Porque me gusta todo lo que escribió aunque no me concierna ni me interese. ¿Qué tiene que ver conmigo un presidiario americano encerrado injustamente, que sufre abusos carcelarios y temores por la fidelidad de su mujer?



Pues nada, pero me resulta tan verosímil que entro en la historia, aunque es morosa y van surgiendo ramas de personajes que los ves ahí de pie, con toda la maldad, resquemor, miedos, autodefensa... en un mundo como el carcelario. Creo en ello, y creo que no puede ser de otra manera; creo que la penetración de Patricia es magistral, como un relojero, como un cirujano; aunque no lo pueda saber. A veces leo otros libros pero no me convencen, siento que me hacen perder el tiempo, (he leído Todo modo, de Schiascia y mejor no hablar) pero lo de esta mujer no lo entiendo si no fuera por el enamoramiento intelectual del que hablo en el título.

La verdad es que ahora mismo hay muy pocas historias que superen mi natural escepticismo; la música casi siempre lo hace, pero es algo suprarracional. Highsmith vuelve aquí a mencionar la clásica, en esta novela de 1964 un recluso escucha a Mozart y a Schoënberg. Yo no comprendo ni he disfrutado nunca a este último compositor, pero el que ella lo saque en la novela me motiva a querer asimilar su vanguardismo de la Escuela de Viena, aunque sé que no tengo ni nunca he tenido tiempo ni ganas de invertirlo en su escucha atenta, (también le gustaba a Glenn Gould, y lo mezclaba con Bach que es lo que todo el mundo quería escuchar de él).

Vuelvo a esta agobiante novela del año de mi nacimiento, a sufrir con el personaje, porque solo me traerá sufrimiento muy verosímil, malestar real; actualmente en 2026 no quiero saber nada de las cárceles, aunque hubo un tiempo en que intenté ser funcionario de prisiones y pensaba que podía ser interesante literariamente conocer a esa gente de vida tan extremada. Pero hoy quiero tranquilidad, educación, nada de violencia ni resquemores. Conviví compartiendo piso con un presidiario, porque inmediatamente (cuando se le acabó el subsidio poscarcelario) volvió a atracar un banco con una pistola simulada y volvió a la cárcel a comer la sopa boba de su vida. No sé si lo he contado aquí, pero la única vez que quise haber vuelto a fumar fue en una conversación con aquel sujeto, que me contaba en la cocina sus mentiras y verdades en el piso que compartíamos a cambio del café negro al que le invitaba yo. En un momento me ofreció un Ducados, pero mi racionalidad me contuvo, a pesar de que si yo se lo hubiera aceptado compartiendo la exhalación de humo con él, probablemente se hubiera abierto a contarme todavía más cosas.

Ahora, que me he hecho de derechas, parece que es inverosímil que me interesaran aquellas vidas, Tenía la mitad de años que ahora y creía que debía de llenarme de experiencias, aunque fueran ajenas, para escribirlas algún día. Supongo que en buena medida lo he hecho, tengo muchas cintas grabadas y más conversaciones sin grabar, con gente diferente, pero a estas alturas confieso que nunca extraeré lo que Highsmith sacaba del género humano, jamás llegaré a tener la penetración al escribir que tuvo esta mujer, a quien me entrego con una pasión lectora digna de los mejores empeños.

Y casi me da vergüenza ser tan machacón con esta devoción. (Debería cambiar el nombre de "guerra civil en las cinco villas de Ávila" por el de viajero fotógrafo enamorado de Patricia Highsmith)

miércoles, 21 de octubre de 2026

El claustro de la catedral de Évora

 En la entrada por 5 euros te ofrecen además de subir al tejado y sus vistas, (que es lo mejor del paquete) y la estrecha pero hermosa catedral, el "tesoro" donde hay cuadros casullas y estatuas -pero no dejan fotografiar allí- y este claustro también, que está plagado de tumbas de obispos, pero que además tiene servicio y yo esto lo agradezco mucho siempre y en todo lugar.


Me llamó la atención el símbolo masculino, que parece una antigua llave de antiguas latas, con un circulito encima que significa cabeza. (a lo mejor alguien ve una cabeza unida a un pene, yo que sé). Ahora también reparo que estamos en tierra de hermosos mármoles porque seguramente no me fijé apremiado por las ganas de vaciar mi vejiga. 



También se puede subir a pasear por encima del claustro

En cada esquina interior hay un evangelista.

¿Podría ser San Martín partiendo su capa?


San Juan con su águila.


¿Santiago?






martes, 20 de octubre de 2026

Me siento como un tango

Sola, fané, descangallada, la vi esa madrugada, salir de un cabaré 

(...) nunca creí que la vería en un "requescat in pace" como el de hoy

(...) triste venganza la del tiempo 

que le hace ver desecho 

lo que uno amó

Y este encuentro me ha hecho tanto

 mal que si lo pienso más termino envenenao

esta noche me emborracho, me mamo bien mamao, 

pa no pensar...


Supongo que esto le habrá pasado a alguien, que se enamoró de una mujer ideal, pero ella se estropeó, se fue con los peores, se emborrachó, se drogó, se casó con un maltratador que la pegó, que la emputeció, y un mal día uno se la encuentra ajada y le duele, porque aún piensa en aquella chica ideal.., y él no tiene la culpa.

Así me siento yo al mirar las escenas de Francia. Siento este maltrato como propio, ese pisoteo, esa destrucción. 

Me dolieron también las Torres Gemelas, y me duele ver viejas películas o documentales donde salían. Tampoco tengo la culpa de nada, pero me compadezco del sufrimiento humano, de la desilusión.

Podía haberlo visto venir, porque ya lo vi en París, en los mismos Campos Elíseos donde había muchas mujeres musulmanas (magrebíes) ociosas con sus hijos, sentadas viendo pasar a la gente rica del mundo concretamente a mujeres árabes del Golfo con sus criados que salían llenos de paquetes, probablemente algunas con "las joyas de Zapatero". Francia ha subvencionado tener muchos hijos y estas mujeres humildes, que debían estar "con la pata quebrada y en casa" criaron a muchos, animadas por el machismo de sus maridos y por la remuneración.

Pero también vi que los hombres-armario de seguridad de esos establecimientos: eran negrazos subsaharianos ebúrneos, imponentes, que parecen mas sumisos, y sencillos. Por el contrario, la mirada de un "moro" siempre nos parece -a los españoles como a los franceses- como reivindicativa, como insolente, como peligrosa, desconfiamos, tenemos miedo de su traición. Será racismo pero está ahí, yo lo vi, o lo imaginé. Tienen un sitio más complicado en cualquier sociedad europea.

En el viaje del año pasado, todas las limpiadoras de los hoteles con las que nos cruzábamos mientras hacían las habitaciones y nosotros salíamos eran de razas oscuras, solo vi una "blanca" en Bourges, lo recuerdo bien porque llamó nuestra atención y lo comentamos.

Los hijos de esas mujeres son franceses de segunda o tercera generación, y no beben vino ni comen cerdo, y van a esos institutos sabiendo que sus madres se dedican a eso de las limpiezas y sus padres a recoger basura y trabajos así, mientras que las de sus compañeros de instituto son funcionarias, ingenieras o se dedican al comercio.

El componente racial es una parte, luego está la mala educación, la glorificación de la Revolución, tan iconoclasta de 1789, con su guillotina, su terror, y luego la de 1830, y 1848, y la Comuna de París. No sé cuántas veces han tirado y reconstruido la columna de la Plaza Vendome, epitome del lujo, que también disfrutamos en aquel viaje de 2015. Joyas, lujo, perfumes, alta costura... Educar en la destrucción revolucionaria como algo francés quizá tenga estas consecuencias.

También recuerdo que en París no residimos, fue en un hotel de Montrouge, y nos metíamos en la ciudad en metro, (mi hija iba cantando las estaciones que nos repetía la voz mientras las atravesábamos) París es muy cara; deslumbrante e inasequible para el público normal, y también para los franceses pobres; pero todos podemos entrar en metro a su corazón, para admirarla o para destruirla, pero nunca será nuestra.

Escribirlo me extrae un poco de la depresión del enamorado que ve el triste destino de su objeto amado. 

Creo que no me escuecen tanto las inundaciones, ni los terremotos, ni los accidentes, ni los incendios no provocados.

Estoy perdiendo

 Estoy perdiendo demasiadas facultades en estos tiempos. Ya me cuesta mucho leer sin gafas de cerca, por supuesto que ya hace quince años que no se me ocurriría conducir sin gafas de lejos. Estoy sordo, necesito todos los subtítulos que puedan brindarme en la televisión, por eso he dejado de ir al teatro, aunque todavía resisto a comprarme audífonos. 

Además padezco de acúfenos; sucede que, por vivir en un oasis de tranquilidad sonora, a veces oigo mi corazón, y también mis acúfenos. Los acúfenos me brotan, sobre todo, cuando oigo mucho rato música grabada, nunca cuando toco la guitarra; pero rara vez aguanto sentado pulsándola más de veinte minutos, y me da pereza hacerlo, (también porque no avanzo: estoy estancado).

Aunque hoy me siento a escribir porque estoy perdiendo mi concentración al leer. Esto siempre me ha pasado por mi tendencia a la fantasía y a la creación: tropezaba en el texto con algo que me concernía o recordaba alguna historia personal y me elevaba a pensar en ello mientras pasaba párrafos y páginas. Esto he intentado corregirlo,  aunque últimamente lo que suelo hacer es ponerme a escribir eso que mi inspiración me regala, muchas veces es muy poco o muy malo, pero tiene la facultad de centrarme en la lectura cuando vuelvo a ella: escribir me sacia y también me escarmienta.

Lo que más me preocupa de mi lectura es mi falta de paciencia, ahora quiero que todo sea rápido, que suelte inmediatamente lo que tenga que decirme y que no me entretenga, que tengo mucho que avanzar en otras cosas. Y esto es por culpa de internet, en el Facebook y otras redes sociales trabajan esto, los contenidos son muy llamativos y tienden a durar poco porque nos conocen o nos están amaestrando, o mejor nos están deseducando o malacostumbrando. Queremos mucho rendimiento rápido y si no abandonamos la lectura, a otra cosa, mariposa que diría Isabel Díaz Ayuso, la política que ha popularizado eso de chao, pescao.

Concluyendo: que la literatura normal que no tenía competencia y estaba pensada para lectores de otros siglos, me resulta costosa de leer porque quiero las excitaciones inmediatas que me producen los contenidos de internet: corro peligro de desertar de la lectura que no sea buenísima y me atrape.

Otro tanto me pasa con la música, quiero que las piezas que escucho en Youtube no pasen de cuatro minutos, y si duran minuto y medio mejor.

Ahora voy a parar de escribir: a ver si hay alguna novedad en las puñeteras redes que me tienen atrapado.

lunes, 19 de octubre de 2026

Más Évora, que es patrimonio de la humanidad.

 

Primero salgamos de la catedral, aunque volveremos otro día para ver el claustro.


Esta fuente está en la plaza


Llamativas caras que pudieron soportar un balcón.
La plaza debió ser el foro romano.
En su parte sur está el Banco de Portugal, que no sé si desaparecieron como banco central como sucedió en España tras la entrada en el euro.


Hacía mucho calor. Estamos a la altura del norte de Andalucía o quizá de la mismísima Córdoba. 


calles estrechas para aprovechar la sombra.

Esta es la calle comercial-turística que comunica la plaza de la catedral con la plaza mayor.