Están aquí: en 2003 una marroquina limpiaba las escaleras del primer piso donde yo viví en Béjar. Mujer habladora (con mi mujer) y muy trabajadora tiene como tres hijos, una es enfermera en Santander, otro peluquero en Béjar (se les dan muy bien las barberías) y al tercero lo he visto trabajar en las obras del ayuntamiento. A los tres hijos se les nota el pelo rizado y una típica nariz ganchuda de la familia.
Todos seguro que pueden tener la nacionalidad española. Hace 23 años que yo estoy por aquí y con 10 años les basta; aunque creo que, para tener la nuestra, han de renunciar a la marroquí.
En Béjar, por tradición, hay muchos saharauis. Ellas suelen llevar (perdón si molesto pero es para entendernos rápido) una especie de cortina multicolor arrollada al cuerpo y tapando el cabello. También he venido varias veces desde Candelario andando con un saharaui, una de ellas durante el Ramadán, que el tío burro no quiso beber agua por las fuentes del camino, a pesar del calorazo, porque era de día.
No sé que tal se lleven los marroquíes con los saharauis que hay aquí. El saharaui con el que yo fui, a pesar de estar cojo o tener una pierna subdesarrollada, era partidario de empezar la guerra de liberación ya mismo, según me contó hace seis o siete años durante esas caminatas.
Hoy he visto venir a una pareja marroquí: él, que andaba tres o cuatro metros por delante de ella, se ha parado a preguntarme, ¿El médico? Ella se ha detenido a tres metros por detrás. Le he hecho las indicaciones para llegar al ambulatorio sin que ella pudieras escucharlas por la distancia a que se mantenía.
Ahora digo lo que sucede conmigo y mi mujer en el extranjero. 1- vamos juntos observando y comentando la realidad, -a veces uno se para a observar o fotografiar alguna cosa, pero se nota que somos iguales- y si preguntamos algo a alguien los dos escuchamos y procuramos intervenir o interpelar al amable ciudadano que nos informa. Es lo más conveniente, porque dos personas recuerdan mejor que una las indicaciones.
El hombre llevaba una carpeta amarilla, probablemente en el ambulatorio se dirigirá a una de las tres mujeres que atienden tras la ventanilla. Me da que aunque lleve los papeles de los dos será él quien hable y escuche lo que le digan, como ha pasado conmigo. Ella será convidada de piedra, por si piden algo que tenga que firmar.
Porque ahora me acabo de dar cuenta que nunca, en ninguna parte, ninguna musulmana que vistiera de musulmana, se ha dirigido a mí para nada. Si viniera en el asiento del copiloto del coche que me pregunte una dirección tengo que hablar con el conductor que es quien se dirigirá a mí.
Supongamos que la mitad de los marroquíes (hombres y mujeres) terminen por asimilar que los hombres y las mujeres somos iguales en derechos, y que no pasa nada porque una mujer se dirija por la calle a un hombre que no es su marido ni su hermano, pero temo que (ya estamos en el 26, con un cuarto de siglo consumido) en todo este siglo XXI una buena mitad de ellos (y ellas) seguirán con esta distribución de roles vitales.
Pues nada, eso es lo que hay, y desde luego, enriquecernos culturalmente, eso no nos enriquece nada.
Como la invasión de Ceuta que, aparte de arruinar el turismo y el comercio de esa ciudad, nos está saliendo carísima a todos los que contribuimos a la hacienda española. Los vascos y navarros "contribuyen" a su manera, a pesar de haber bajado allí un grupo a tocar las narices.


















