Luces tras la penumbra
Fantástica
El baptisterio.
Al fondo el altar con el musculado Cristo.
Luces tras la penumbra
Leo otro cuento de Heinrich Böll y me doy cuenta de eso, de que he vivido cosas que son increíbles en la actualidad. Hoy casi nadie se declara comunista, no hay calles dedicadas a Marx y Engels más que -quizá- en Cuba o en Corea del Norte. Yo de joven, y de algo menos mayor, hubiera querido leer a Marx porque entonces media humanidad, o media Europa al menos, se regía por sus libros, así que algo importante debían de tener escrito. Había comunistas de hoz y martillo. (En Portugal hemos visto que aún quedan) Yo he usado bastante la hoz, contra las zarzas, pero nadie en Europa recoge trigo cebada garbanzos con hoz, nadie dobla la espalda al sol ganándose un lumbago con este apero (no he querido poner herramienta porque se reserva para los programas de internet, IA, leyes etc. como si fueran de hierro).
Por otro lado yo he fumado en bares y en el tren, y en el autobús interurbano había un cenicero en el cogote trasero de cada asiento. Habrá gente de hoy que no se crea esto ¿verdad? pero yo lo viví, en los hospitales, y los maestros en la escuela, y en los restaurantes. Con lo mal que huele un cenicero cuando se está comiendo al lado ¿Es que nadie se daba cuenta?
Pues esto pasaba, como las cabinas telefónicas que te permitían llamar anónimamente, por ejemplo para decir que había una bomba en el colegio (nunca se me ocurrió, esto pero en mi instituto una tarde nos sacaron de clase por esta broma).
En los pueblos había perros por la calle, sueltos o a la puerta de su casa, vagando por ahí despreocupados o arremolinándose alrededor de una perra salida. En Salamanca hacia 1983 un un piso de barrio donde vivía yo una perra se puso en celo y acudieron una decena de "romeos" a esperar que saliera, así que sueltos andaban.
Por cierto en las manifestaciones de antes se gritaba "el hijo del obrero, a la universidad" . En 1982, que todavía estaba la UCD, ya había becas para que compañeros míos vivieran sencillamente en Salamanca sin pedir un duro, yo, como fui mal estudiante, solo la disfruté un año, el resto del tiempo me lo pudo pagar el obrero Librado Mayo Sáez, que era asalariado de oficio cantero. No conocí yo a nadie, que valiendo y queriendo, no fuera a la Universidad; aunque pudo haberlos entonces hace décadas que todos en España pueden ir de una manera o de otra.
Si entonces me hubieran dicho que después del año 2000, habría gente que besaría a los perros en la boca o que los operarían de espalda tampoco me lo hubiera creído.
Pero volviendo a fumar: era un vicio tan habitual que la gente te pedía fuego por la calle. Incluso un conocido que no fumaba llevaba mechero para dar fuego de cortesía a quien se lo pidiera.
¡Fuego! qué palabra tan proscrita. Mi calefacción a gas natural tiene un calentador que ha de tener un fuego interno, pero no se ve. La mayor parte de las cocinas nuevas de España van por vitrocerámica, y muchos platos que la gente come, se calientan en microondas.
Leer es bueno para la memoria, aunque dudo yo que en 2026 se lea mucho fuera de los watsapp.
Nunca miro los lugares que vamos a encontrar en nuestros viajes. Quiero la sorpresa de descubrirlos, que me deslumbre lo que la naturaleza o los hombres construyeron.
Además soy un hombre con dos ojos y dos piernas; no sé volar, veo solo lo que está a mi vista, subo a los tejados que me permiten subir, con mis propios pies.
Que el viaje da mucho a mis ojos creo que está probado aquí, que este alimento merece la pena, el tiempo, el riesgo y el dinero.
Pero ahora me ofrecen por internet fantasías creadas por la inteligencia artificial, me regalan puntos de vista cenitales creados por drones desde decenas de metros de altura. No quiero verlos antes de tiempo, solo soy un hombre.
Un hombre que entiende que Pogacar es un hombre y Usain Bolt, y Armand Duplantis, por lo que no me interesa ver a un ciclista que suba a cien por hora a Alpe d'Huez, ni a un velocista que corra los cien metros en cinco segundos, ni a un pertiguista que salte un listón puesto a 8 metros.
Pero me lo pueden dar visualmente, como una visita a un monumento distorsionado, o con un dron que me da las vistas que contemplan los vencejos.
Por eso empiezo a estar harto de tanta fanfarronería digital. La realidad es suficiente para mí y la prefiero.
Acepto que por cinco euros me dejen subir al tejado de la catedral de Évora, como aceptaré que, si un día voy, me dejen subir al Duomo de Milán. Me gustó mucho, pero no me hubiera impresionado tanto de haber visto escenas cenitales y drones rodeando este monumento como murciélagos. Tampoco que lo agrandaran e hicieran más vertiginoso de lo que es.
Este libro parece de encargo y hecho sin entusiasmo. Lo ideal para este señor sería haber hecho un libro de Lanzarote, donde eligió vivir, pero es potestad de las editoriales encargar a los escritores escribir, que es su oficio, libros que calculan que pueden vender bien.
Para este español viajero que busca razones para amar, un libro como este es descorazonador. Es hasta deprimente después de haber vuelto de un viaje colorido que te presenten algo tan mate. Este hombre que a mí no me gusta como escritor, no sabe vender y le da pereza hacerlo. Se casó con una española joven y guapa que le adoptó siendo un viejo famoso y se lo trajo para acá, como un símbolo de la izquierda, como una momia que debió escribir algo bueno que le hizo famoso aunque yo todavía no lo haya leído.
Quizá el problema sea mío que vivo a una hora y media de Portugal y a otras dos horas más del mar portugués, que es algo que siempre vamos a buscar y encontrar. Salvo los viajes a Lisboa y Oporto uno entra en Portugal como un ladrón de mar y lo que surja, porque no encuentra catedrales francesas ni puentes imponentes, ni campos espectaculares. La historia de Portugal es pobre hasta para Saramago, que no se esfuerza en defenderla. Los portugueses son más periféricos que nosotros, están a la cola, siempre van detrás. Y el único premio Nobel que tienen es un tostón.
En una de las novelas más famosas del siglo XX "El nombre de la Rosa" el narrador Adso expresa el profundo sentimiento de expolio que produce a su alma el saber que una biblioteca con obras únicas ardió y se perdió todo aquel pensamiento.
Modestamente yo, no sé si antes o después de haber leído ese libro, lamentaba, en un relato sobre el cura de mi pueblo, todo lo que no ha ganado la psicología -o la ciencia del conocimiento de las debilidades humanas- a causa de que los sacerdotes estén sujetos al secreto de confesión y no hayan podido volcar científicamente los conocimientos recibidos a través de los confesonarios.
Hay confesores famosos de reinas y de reyes, que luego hicieron carrera política, tal es el aprecio que les tenían los poderosos, sea para contarles sus tribulaciones más íntimas, o para entender que en el diálogo o en los consejos que los clérigos les dieran o bien en la hucha de los datos y dudas confesados por otros a ellos iban a ser muy útiles para conducir sabiamente las cosas públicas.
Me encuentro leyendo una de las obras capitales del siglo XIX español "Los Pazos de Ulloa" de Emilia Pardo Bazán y no me resisto a compartir estos párrafos, pero antes pondré en antecedentes:
Un noble quiere casarse con unas primas suyas de Santiago de Compostela y desea obtener información sobre ellas preguntando a un cura, sirviente suyo que es hijo del ama de llaves de la casa de estas primas, sobre el asunto de cómo son ellas moralmente, porque no quiere que le suceda:
Don Julián, aquí no valen misterios... Si he de casarme he de saber, al menos, con quién y cómo... Apenas se reirían si, como vengo de los pazos, me dieran de buenas a primeras, gato por liebre. Con razón se diría que salí de un soto para meterme en otro.
Julián no quiere contar, dice que no ha tratado con las primas, a pesar de haberse criado en las dependencias de la servidumbre de esa casona. A él su madre solo le permitía jugar con el niño de la casa; después le metieron al seminario, así que no suelta prenda y su interlocutor insiste:
Harto estará usted de saber cosas de las chicas. Basta su madre de usted para enterarle. ¿Acerté? Se ha puesto usted colorado...¡Ajá! por ahí vamos bien. ¡A ver con qué cara me niega Vd. que su madre le ha informado de algunas cosillas.
Julián se tornó purpúreo. ¿Qué si le habían contado...? ¡Pues no habían de contarle! Desde su llegada, la venerable dueña, que regía el llavero de la casa De La Lage no había cogido a solas a su hijo ni un minuto sin acceder a la comezón de tocar ciertos asuntos, que únicamente con varones graves y religiosos pueden conferirse. Misia Rosario no lo iba a charlar con otras comadres envidiosas; eso no; por algo comía el pan de don Manuel Pardo; pero con la gente grave y de buen consejo; verbigracia, su confesor, don Vicente, el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la más alta dignidad que cabe en la tierra ¿Quién le quitaba el gustazo de jugar a su modo la conducta del amo y las señoritas de alardear de discreción, censurando melosa y compasivamente algunos actos que ella, si fuese señora, no realizaría jamás, y de oír que personas de respeto alababan mucho su cordura, y se conformaban en todo con su dictamen?
Bueno, pues esto ha sucedido históricamente que muchos saberes sobre la naturaleza humana (la cotillería es lo más natural) se han enterrado en los oídos de los clérigos y nunca han aprovechado al conocimiento de la humanidad en forma de ciencia.
Supongo que los psicólogos de diván están sujetos a secreto profesional concreto, pero creo que nada les impide escribir y teorizar sobre ello, eludiendo o enmascarando los nombres de los examinados. Habrá miles de libros con experiencias sicológicas, pero no hay ninguno que yo sepa con experiencias salidas de un confesonario. Así los escritores nos los tenemos que inventar, no trabajamos con material real.
En un tango que cantaba yo hace quince años y que puse por primera vez en esta página hace un mes se decía
un flaco para tu cruz
Y es que Jesucristo, aparte de que nunca se dice que tuviera barba, ni que no pudiera ser rubio, o cetrino o negro, tampoco se dice que sea flaco, pero la imagen abrumadoramente mayoritaria es con barba alto y delgado, no con el cuerpo torneado como sucede aquí o en Rubens, que le pinta con una musculatura como la del dopado Ben Jonson.
Y ahora viene mi reflexión. Cuando yo era niño rezaba a los cristos de la iglesia de mi pueblo que eran más bien flacos. La imagen espiritual de cualquier persona para mí tiene que ser la de un hombre delgado, me parece increíble un cristo de Botero, sería una caricatura.
Será por lo que vi mientras rezaba o reposaba la comunión.
La gente de Évora, las más beatas, sobre todo, han concentrado sus ojos durante años en este tío cachas, supongo que su imagen de dios adorable es la de alguien bien alimentado que pase sus buenas horas ejercitándose