A mí me contaron un batiburrillo de creencias sobre lo que pasa tras la muerte con el alma de un católico.
Muy pocas personas están libres de pecados aun veniales, por lo que casi nadie se va al cielo directamente: ha de pagar sufriendo las penalidades que estén prescritas en la cárcel del Purgatorio (1) para luego pasar a ese lugar limpio y lleno de nubes nimbosas que es el cielo, donde se encuentran los ángeles (que siempre vivieron allí y que probablemente tengan poco que contar salvo San Miguel que echó a Lucifer en aquella rebelión sin fecha pero antigua: Cretácico Jurásico..., antediluviana por lo menos, y otro famoso es San Gabriel que se acercó en el 34 antes de Cristo a anunciar a María que concebiría un hombre varón llamado Jesús, interrumpiéndole la lectura de un libro -aunque en el siglo menos uno no existían los libros encuadernados sino enrollados como bien prueba la serie de televisión Yo Claudio) los santos y Jesús a la derecha del padre así como todos los justos que ya redimieron sus penas en el purgatorio y pululan por allí llenos de gracia y de felicidad eterna.
Supongamos que algún antepasado o antepasada mía estén ya allí observándome y quizá leyendo mi blog. -De todos mis primos, que yo sepa, soy el único que escribe un blog- si están allí, no están en carne, sino su alma. Aún no se ha producido la resurrección de la carne ni el Juicio Final.
La cuestión es que me han contado dos historias: la primera era que si uno muere con pecados mortales sin confesar va derecho al infierno. Y si muere confesado irá al cielo después de purgar, para lo cual permanecerá en el purgatorio tanto tiempo como pecados se le hayan computado. Pero como paliativo de ese sufrimiento están las misas, para ayudar a los muertos a salir de allí y subir a los cielos ( y de paso subvencionar al clero). En el pueblo salmantino de La Alberca había una mujer encargada de ir exhortando a rezar por las "ánimas benditas del purgatorio"
La segunda historia que cuentan muy bien en Conques, en Albi y en Tours. Y es que todos estamos enterrados esperando el juicio final donde se nos juzgará y dependiendo de lo que opine el Juez Supremo que es Dios, iremos al cielo o nos mandarán al infierno donde los diablos nos torturarán por los siglos de los siglos.
INFIERNOAquí están los muertos el día de la resurrección de la carne, saliendo de sus tumbas para dirigirse al juicio
Aquí en la parte de abajo siguen saliendo, pero en el piso de arriba suyo podemos ver como los diablos les torturan, hay dos diablos con sendos fuelles calentando la olla donde se asan los condenados.
Recuerdo que en mi niñez teníamos lumbre baja y fuelle y daba mucho placer echar oxígeno sobre los tizones incandescentes; lo mejor era el calor que te devolvían.
(1) para que el purgatorio sea leve, los creyentes como mi madre mandan de vez en cuando decir misas por el alma de sus difuntos. No sirven de nada las misas por gentes que estén en el infierno, porque para ellos no hay remisión posible. Hitler era un católico muy malo, se sabe, pero además se suicidó, que eso es pecado mortal, y no le dio tiempo a confesarse, ni siquiera a arrepentirse después de apretar el gatillo, por lo que está necesariamente en el infierno..




























































