lunes, 27 de julio de 2026

Sobre selfis y fotos en museos.

Los que seguís mis viajes sabéis que hago muchas fotos de interiores, de cuadros, incluso, disimuladamente, de gente que pasa por la calle y que llama mi atención. En este viaje estuve a punto de tener un disgusto con unos presuntos "camellos" magrebíes cerca de una estación de trenes. No les trataba de fotografiar a ellos sino a una estatua de un rinoceronte y a una pareja africana que estaba sentada bajo ella. Quizá vieron que no fotografiaba por fotografiar, sino que buscaba "algo".

Seguiré haciéndolo con la misma intención que lo expongo. Desde mi punto de vista con las fotos que os he mostrado nadie puede sentirse mal, quizá si un majadero que se bajó los pantalones y me enseñó el culo, pero lo hizo con toda su conciencia de estarme "vacilando". Reflejé una situación, una pequeña aventura o vivencia. En todas las demás la gente ha salido bien a mi juicio.

La idea que me lanzó a escribir hoy es el orgullo que siento porque en el Museo del Prado se tenga un respeto religioso por la pintura y no permitan hacer selfis, ni siquiera fotos. Te lo advierten y seguramente la parte principal del trabajo de los cuidadores de cada sala es impedir la foto y recordar la norma. De esta manera todos los visitantes no tenemos más remedio que admirar el cuadro con los ojos, y nadie está haciendo escorzos ni cosas extrañas que perturben la atención. Así se disfruta más la pura pintura, la última vez que estuve me ratifiqué en la bondad de la prohibición, aunque, por supuesto, si me hubieran dejado, como me dejan en casi todos los demás sitios, habría hecho fotos, no solo de cuadros sino de gente mirando cuadros. Pero también habría estado menos pendiente de la pintura, de esa intimidad con la obra del artista sin egoístas máquinas de capturar imágenes que llevamos en la mano.

A lo mejor el Museo lo hace para garantizarse la explotación de las imágenes vendiendo libros o posters de las obras, (que lo hacen), pero yo quiero pensar que es una forma de educar, de sacralizar las obras de arte no como objetos de apropiación sino como objetos de culto y admiración. Los españoles desde hace una semana somos admirados en el mundo por el concepto y la ejecución de fútbol de la selección de De La Fuente: conservando pacientemente el balón todo lo posible y presionando como un solo hombre, sin figurones, y casi sin faltas. ¡Somos la envidia del mundo!

En el dos mil catorce pude ver la de tonterías que hace la gente en los Museos Vaticanos, y en el quince vi lo mismo en el Louvre o en el Orsay. Entonces no todo el mundo tenía un teléfono móvil que hiciera fotos, y a poca gente se le ocurriría hacer un video comentando para su público donde está y "mira aquí" el Laoconte o los frescos de Rafael. Hoy todo el mundo tiene aparato y gigas de memoria para hacer lo que le dé la gana.

Recientemente me asustaron en un telediario al decir que el Museo del Prado iba a permitir selfis. Menos mal que recordaron que era llevarse un recuerdo de ellos con la obra del museo que eligieran, pero no se haría de cualquier manera sino con una máquina del museo que les permitiera fotografiarse y que su obra favorita saliera de fondo. Algo así como lo que practiqué yo en el castillo de Amboise con la "tablet" que nos prestaron con la entrada que permitía este tipo de jueguecito. Lamento no poderos mostrar la foto artificial que me hice, porque la he perdido.

Por cierto en la Capilla Sixtina tampoco permiten hacer fotos, lo cual la iguala en santidad al Museo del Prado. 

Aunque  yo seguiré, respetuosamente, con tremendo cuidado, recogiendo todas las imágenes que no me prohiban, para vosotros y, sobre todo, para mí. 

domingo, 26 de julio de 2026

Rebañando viaje

 Uno, el último día, quiere terminar pero también aprovechar. En las fiestas mayores de mi juventud pasaba lo mismo, ¿mejor guardar fuerzas para mañana o seguir intentando por si sucedía algo a ultimísima hora?. Supongo que al final de la vida pasará también así, sacaremos fuerzas de flaqueza a ver si cristaliza alguna ilusión (mi madre lo hace; aunque diga tantas veces eso de "señor, llévame pronto"). Pues en un viaje como éste, de tantos kilómetros, había que seguir aprovechando las bellezas y curiosidades que pudieran surgir. No desperdiciar la distancia. Seguir vivos.

Sé que también viajo para vosotros, para contarlo. No quiero riesgos para mí, pero tampoco puedo dejar de puntuar, para ganar a los puntos, como los boxeadores; como los que discuten de política, colocar una sensación, un argumento; nadando y guardando la ropa.

Francia es un país agrícola y también ganadero, esto parece una fábrica de piensos o de aceites



Creo que ya puse este monumento al soldado "bleu" de la primera guerra mundial

No sé si hemos entrado ya en la Gascuña, que en Los Tres Mosqueteros y en la persona de D'Artagnan representa lo rústico, lo sólidamente rural, lo "paleto"; sin la clase de los parisinos que son los mosqueteros. Sirva esta arquitectura como expresión de esa idea.

La cubierta de los mercados.
Una extraña construcción arriba parece que rematada con adobe,.
Rematada por la bandera francesa.



voitures, Francia rebosa de ellas.

sábado, 25 de julio de 2026

Mi primer beso

 



Hoy es el día de Santiago (25 de agosto) y estoy leyendo la novela del premio nobel islandés Halldor K. Lakness La base atómica. Cuenta en primera persona la historia de una chica joven de pueblo que va a servir de criada a la capital.

Vivía en mí una vida especial que apenas podía controlar aunque la llamara mía. Si me besaban o no, la boca de un hombre es un beso o al menos la mitad de un beso.

Todos los días de Santiago suele venirme a la memoria que esa noche de 1983 encontré la primera mitad de mi beso. Se me ofreció más bien ella, girándose hacia mí con los labios apretados. Por supuesto, no era su primera vez. Fui muy torpe; luego cuando cogí confianza y me enseñó a besar, se rió de mí imitando lo que hice en ese primer beso. Yo quería meter la lengua porque lo había oído. Para mí, ya con experiencia, los besos ricos son solo de labios, en los que termina por circular una corriente de electricidad de manso voltaje.

Fue la primera vez que besaba a alguien no para saludar, recibir o despedir; era puro placer verdadero, ilícito, vicioso, adictivo. Los besos no se cuentan, afortunadamente cuando una chica se quiere dejar besar hay una generosidad compartida por encima de los números. Al día siguiente pude besar sus pechos desnudos, a discreción, me pareció increíble que me despachara ese banquete simplemente quitándose el sujetador. Fue, como aquel primer mítico beso, un avance inesperado, un regalo que tampoco me atreví a sospechar. El Capitán Trueno no llegó nunca a besar los pechos de su Sigrid: eran novios y todavía tenían que dormir en tiendas o en camarotes separados.


Pero no voy a ser pornográfico, ella, un amor de verano que había aparecido en mi vida esa misma tarde, tenía en su boca la mitad del beso que a mí me hacía tanta falta a mis dieciocho años. Me proporcionó la autoestima, la realización, la convalidación de mi hombría: podía ser un hombre querido. Aunque luego he sabido que había varias chicas enamoradas de mí, eran un poco más jovencitas y de mi pueblo; otra categoría menos apreciable, no como esta aparecida que llegó de la comunidad valenciana y tenía casi mi edad.

Por supuesto que me enamoré de ella. Por mucho menos me hubiera enamorado de cualquiera, porque era y quizá todavía soy enamoradizo (aunque no ejerciente, solo para la fantasía).

Me gustan las mujeres, sus curvas, sus sonrisas, sus labios cargados de la mitad de un beso.


POSDATA. No me había dado cuenta de que también fue la noche de Santiago y casi sin compromiso, le pasó a Lorca, o fantaseó que le pasaba en su celebérrimo Romance de la casada infiel.


viernes, 24 de julio de 2026

Aproximándonos

 


Estaba abierto el lugar de paso

Encontramos un hipódromo de carritos donde había gente entrenando. Nunca nuestros ojos vieron semejante deporte en vivo. (Dudo que se practique en España, aunque claro, "Habrá gente pa tó"



Curiosos somos y nos lo permiten.

En muchos pueblos hay una instalación centenaria que servirá de abrigo para los abundantísimos (es una religión) mercadillos de productos frescos o de cercanía. Pues también sirve para otras celebraciones comunitarias, o, sin ir más lejos, para refugiarse del sol.
Los franceses son excelentes trabajadores de la madera, ya sean ebanistas para clases altas o lo más práctico y sólido para los pueblos. 




A los franceses, donde hay muchos más creyentes y practicantes católicos de lo que pudiera creerse, les gusta mucho tomar  café. En una parroquia organizan reuniones con el párroco al lado de una tacita y una pasta: "Dejad que los aficionados al café se acerquen a mí" 

jueves, 23 de julio de 2026

Con la mirada ya puesta en cruzar la frontera.

 Al final de un viaje tan largo uno también tiene el acuciante deseo de "acabarlo bien", de no tener ningún percance; de cruzar la frontera cuanto antes, donde si hay algún problema mecánico uno se entenderá en su propio idioma con el de la grúa o el del taller. Quizá no venga mal aquí el símil futbolístico de los últimos minutos de un partido que se va ganando: conservar el balón, no perder las posiciones defensivas desear que el tiempo corra tranquilamente.

Por eso salimos tan pronto de Montauban. Derechitos más o menos a la frontera cruzaríamos el Garona por última vez, volveríamos a pasar casi por el centro de Auch, pararíamos en Mirande donde comimos en restaurante, pasaríamos sin entrar por Tarbes, Pau, Oloron-Sainte Marie... y nos meteríamos en los hermosos valles pirenaicos, (más bonitos los del norte que los españoles por lo general)  y finalmente nos colaríamos en España por el túnel de Somport. En el año 18, todavía con nuestra hija, decidimos subir el puerto del Camino de Santiago, y estuvimos en los alrededores de la famosa estación ferroviaria de Canfranc que ya estaban convirtiendo en el hotel de lujo que debe ser hoy (aunque en este viaje de 2025 lo soslayamos tanto de ida como de vuelta, llevados por diferentes tipos de prisa)

 Aquí creo que estamos saliendo de Montauban
Adelfas ferroviarias.
Los fabulosos plátanos de sombra de las carreteras
En España para ver barcos hay que irse al mar, en Francia con tanto canal y río navegables pueden aparecer muchas naves de agua dulce. Como en nuestro país no hay de esto nos llaman la atención hasta tener que parar.
Debe tratarse de un canal, si no no tendríamos ese espejo tan nítido.


Da la impresión de que alguno es vivienda permanente.
Prohíben a las bicis entrar por aquí.
Torres de ladrillo del estilo de la catedral de San Saturnino de Toulouse


Ladrillos de la zona de Toulouse, y banderolas rosas para que no nos olvidemos.
Me pregunto si serán de sidra. Nosotros aún teníamos manzanas reineta de nuestro manzano el el maletero. Creo que me comí la última en la provincia de Soria.


So hermosísimos pero mortales caso de choque contra ellos, la velocidad permitida está bastante limitada por esta razón.


miércoles, 22 de julio de 2026

La paz

Hace unos días escribí sobre los "disgustos" . Cuánto dolor e insomnio, cuánto odio, que es una energía destructiva, (sobre todo autodestructiva) pasa por nuestras cabezas a lo largo de la vida, cuánta parálisis de felicidad, atenazamiento, frustración, hasta fantasías criminales.

Nada de esto alivia, sino que enferma: lo necesario de la vida es mecerse en un sueño placentero, envuelto en felicidad, lo que viene a ser la paz. No sé si paz puede tener algo que ver con pacer, una tranquilidad de herbívoro frente a un prado verde y extenso; esas vacas que después de comer veinticinco kilos de hierba se acuestan a rumiarla. Qué distinto de la angustia de los carnívoros furtivos que han de acosar y matar para devorar en pocos minutos las proteínas y grasas que ha de llevarse en su cuerpo antes de que vengan otros carnívoros, o les descubra el hombre. 

Paz o placidez, que también es pariente semántico, es lo que necesitamos todos los días para dormir que viene a ser renacer a través de la fantasía y el descanso. El tormento del malvivir, la guerra agarrándose dentro de uno es también impaciencia, (no sé qué tenga que ver la paz con la paciencia, y con el pacer, pero ahí está la medicina mejor, elevarse en la ingrávida felicidad, mecerse, creerse amado, admirado, rodeado de bondad. Puede ser que eso sea el aburrido cielo, un mundo sin noticias, puro placer que no empalaga, un nirvana; lo que buscan los que toman opiáceos (según me han dicho algunos que lo probaron brevemente).

Recuerdo los cólicos de mi hija con pocos días de vida. No olvidaré aquel pasillo de aquella casa de Salamanca donde vivíamos cuando nació. En ese momento yo andaba con ella en brazos, -ahí me quedé sordo-  era horrible la guerra de chillidos que vivía su cuerpecito recién nacido, y solo cabía entretenerla andando, tratar de calmarla ¿sería que extrañaba el cielo de donde venía, el claustro materno, con su temperatura constante y su alimento perfecto?. Creo que nadie que no haya sido padre puede entender lo que son aquellos días de aguante.

Porque todo se olvida, la vida, o la muerte de ese experimento de sensaciones que es un dolor de muelas, una gripe angustiosa, un dolor de riñones (para mear y no echar gota), el dolor de una torcedura de tobillo, de una quemadura... todas esas guerras corporales son sanadas por la paz del tiempo que restaura y yo ahora mismo puedo evocarlos pero no revivirlos.

Todo en la vida se va, los desamores, el ruido, las heridas. Es asombrosa la capacidad del cuerpo de recuperarse físicamente, de lograr la paz después de la guerra. Lo mismo le sucede a la humanidad: hace 90 años España era odiosamente guerracivilista,  y se mataba y se destruía el patrimonio de los otros y el de todos.

Mientras hay fuerza para vivir se puede salir adelante. España, por ejemplo, es hoy uno de los países más pacíficos y seguros para estar. Hace 90 años era un infierno irresoluble, parecíamos un pueblo irremediable. 

Claro que quedan enfermedades sociales como el nacionalismo de Berriozar o de esos lugares donde se ha tratado de boicotear e impedir la alegría de reunirse para celebrar la españolidad de la selección de futbol. Siempre hay que estar atento a la salud, también a la paz.

martes, 21 de julio de 2026

Alrededores de Montauban

 


No estoy totalmente seguro pero esta localidad podría llamarse Caussade
hermosa plaza mayor rústica, con un aire a la preciosísima de Montauban, por su enaldrillamiento. 

Con los colores propios de nuestros otoños. Debe ponerse las botas una fábrica de paraguas rosa, lo mismo que los de Estepa en tiempos previos a la navidad con sus polvorones,





Diría que es una plantación de nogales
Estas son de manzanas, con redes para evitar las picaduras de pájaros, (los pájaros no pican a las nueces, que no son como las conocéis sino con una funda verde, que al final se abre y deja salir la cáscara de nuez con sus dos hemisferios cerebrales dentro.
Hay muchas manzanas pero no son tan dulces como las españolas.

Si viniéramos en la primera parte  de película Psicosis podríamos comprar un coche de segunda mano. 



por supuesto tractores también