Carmen Martín Gaite es salmantina como mi hija, a la escritora la quieren mucho y tiene una estatua en la Plaza de los Bandos, al lado de la Plaza Mayor, pero dudo de que muchos salmantinos te puedan contar el argumento de alguno de sus libros porque es casi imposible seguirlos.
Como el uruguayo Juan Carlos Onetti es ultradensísima, cada frase, cada párrafo hay que masticarlo degustarlo, porque son -sí- un festival del idioma, y del pensamiento, y de la observación. El problema es que dos páginas adelante te has perdido, (no es el alzeimer que me acose,-que puede-, ya lo escribí hace como 10 años, antes de que me pusieran las vacunas del Covid que me han robado la memoria (yo creo que es sencillamente la edad pero queda más español echar la culpa a alguien).
Estoy leyendo su novela "Irse de Casa" y tengo que hacerlo con lápiz. Además está mal puntuado, he tenido que poner paréntesis a muchas digresiones, para que quien lo lea después no se pierda, como me pierdo yo. Me estoy peleando con ella, pero es un placer sobrevivirla y entenderla, aunque prefiero leer historia o una novela policiaca o fácil, en la que la narración discurra y no que tengas que escalarla, y poner esos remaches que ponen los montañeros para quien venga detrás, (creo que se llama abrir una vía).
Da pereza. Miro de reojo el libro y busco cualquier otra cosa que hacer antes que "entrarlo".
Me pasó leyendo "Entre visillos", que tuve que recurrir a una serie de televisión española de hace cincuenta años, porque me atascaba con el escaso argumento y los muchos personajes. No sé si recurrir a ayudas internáuticas para que me la cuenten y poder leer tranquilamente disfrutando de sus observaciones, pensamientos, incorporaciones de frases populares, dichos y variaciones sobre el habla.
Lo que no me cabe duda es que esta señora fue una escritora de las que se dicen "con buen oído", y afán por explotarlo.
Considero generalmente que se escriben novelas bien para contar una historia o para "apuntar pensamientos", con diferentes dosis de estas dos corrientes narrativas. Esta apuntadora de pensamientos te lleva a habitaciones preciosas, que te hacen evocar el abigarrado arte decorativo plateresco (que es el prototípico salmantino, por eso la titulé así).
Estoy casi seguro de que antes de llegar a su última página, (que solo son 251) elegiré otro libro que no me exija tanta concentración relecturas y apuntes.



















































