viernes, 16 de octubre de 2026

Cosas que no volverán.

 Leo otro cuento de Heinrich Böll y me doy cuenta de eso, de que he vivido cosas que son increíbles en la actualidad.  Hoy casi nadie se declara comunista, no hay calles dedicadas a Marx y Engels más que -quizá- en Cuba o en Corea del Norte. Yo de joven, y de algo menos mayor, hubiera querido leer a Marx porque entonces media humanidad, o media Europa al menos, se regía por sus libros, así que algo importante debían de tener escrito. Había comunistas de hoz y martillo. (En Portugal hemos visto que aún quedan) Yo he usado bastante la hoz, contra las zarzas, pero nadie en Europa recoge trigo cebada garbanzos con hoz, nadie dobla la espalda al sol ganándose un lumbago con este apero (no he querido poner herramienta porque se reserva para los programas de internet, IA, leyes etc. como si fueran de hierro).



Este cartel estaba en Estremoz, ciudad que visitaremos a la vuelta del mar.


Por otro lado yo he fumado en bares y en el tren, y en el autobús interurbano había un cenicero en el cogote trasero de cada asiento. Habrá gente de hoy que no se crea esto ¿verdad? pero yo lo viví, en los hospitales, y los maestros en la escuela, y en los restaurantes. Con lo mal que huele un cenicero cuando se está comiendo al lado ¿Es que nadie se daba cuenta?

Pues esto pasaba, como las cabinas telefónicas que te permitían llamar anónimamente, por ejemplo para decir que había una bomba en el colegio (nunca se me ocurrió, esto pero en mi instituto una tarde nos sacaron de clase por esta broma).

En los pueblos había perros por la calle, sueltos o a la puerta de su casa, vagando por ahí despreocupados o arremolinándose alrededor de una perra salida. En Salamanca hacia 1983 un un piso de barrio donde vivía yo una perra se puso en celo y acudieron una decena de "romeos" a esperar que saliera, así que sueltos andaban.

Por cierto en las manifestaciones de antes se gritaba "el hijo del obrero, a la universidad" . En 1982, que todavía estaba la UCD, ya había becas para que compañeros míos vivieran sencillamente en Salamanca sin pedir un duro, yo, como fui mal estudiante, solo la disfruté un año, el resto del tiempo me lo pudo pagar el obrero Librado Mayo Sáez, que era asalariado de oficio cantero. No conocí yo a nadie, que valiendo y queriendo, no fuera a la Universidad; aunque pudo haberlos entonces hace décadas que todos en España pueden ir de una manera o de otra.

Si entonces me hubieran dicho que después del año 2000, habría gente que besaría a los perros en la boca o que los operarían de espalda tampoco me lo hubiera creído.

Pero volviendo a fumar: era un vicio tan habitual que la gente te pedía fuego por la calle. Incluso un conocido que no fumaba llevaba mechero para dar fuego de cortesía a quien se lo pidiera.

¡Fuego! qué palabra tan proscrita. Mi calefacción a gas natural tiene un calentador que ha de tener un fuego interno, pero no se ve. La mayor parte de las cocinas nuevas de España van por vitrocerámica, y muchos platos que la gente come, se calientan en microondas.

Leer es bueno para la memoria, aunque dudo yo que en 2026 se lea mucho fuera de los watsapp.

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