Este libro parece de encargo y hecho sin entusiasmo. Lo ideal para este señor sería haber hecho un libro de Lanzarote, donde eligió vivir, pero es potestad de las editoriales encargar a los escritores escribir, que es su oficio, libros que calculan que pueden vender bien.
Para este español viajero que busca razones para amar, un libro como este es descorazonador. Es hasta deprimente después de haber vuelto de un viaje colorido que te presenten algo tan mate. Este hombre que a mí no me gusta como escritor, no sabe vender y le da pereza hacerlo. Se casó con una española joven y guapa que le adoptó siendo un viejo famoso y se lo trajo para acá, como un símbolo de la izquierda, como una momia que debió escribir algo bueno que le hizo famoso aunque yo todavía no lo haya leído.
Quizá el problema sea mío que vivo a una hora y media de Portugal y a otras dos horas más del mar portugués, que es algo que siempre vamos a buscar y encontrar. Salvo los viajes a Lisboa y Oporto uno entra en Portugal como un ladrón de mar y lo que surja, porque no encuentra catedrales francesas ni puentes imponentes, ni campos espectaculares. La historia de Portugal es pobre hasta para Saramago, que no se esfuerza en defenderla. Los portugueses son más periféricos que nosotros, están a la cola, siempre van detrás. Y el único premio Nobel que tienen es un tostón.

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