Estoy perdiendo demasiadas facultades en estos tiempos. Ya me cuesta mucho leer sin gafas de cerca, por supuesto que ya hace quince años que no se me ocurriría conducir sin gafas de lejos. Estoy sordo, necesito todos los subtítulos que puedan brindarme en la televisión, por eso he dejado de ir al teatro, aunque todavía resisto a comprarme audífonos.
Además padezco de acúfenos; sucede que, por vivir en un oasis de tranquilidad sonora, a veces oigo mi corazón, y también mis acúfenos. Los acúfenos me brotan, sobre todo, cuando oigo mucho rato música grabada, nunca cuando toco la guitarra; pero rara vez aguanto sentado pulsándola más de veinte minutos, y me da pereza hacerlo, (también porque no avanzo: estoy estancado).
Aunque hoy me siento a escribir porque estoy perdiendo mi concentración al leer. Esto siempre me ha pasado por mi tendencia a la fantasía y a la creación: tropezaba en el texto con algo que me concernía o recordaba alguna historia personal y me elevaba a pensar en ello mientras pasaba párrafos y páginas. Esto he intentado corregirlo, aunque últimamente lo que suelo hacer es ponerme a escribir eso que mi inspiración me regala, muchas veces es muy poco o muy malo, pero tiene la facultad de centrarme en la lectura cuando vuelvo a ella: escribir me sacia y también me escarmienta.
Lo que más me preocupa de mi lectura es mi falta de paciencia, ahora quiero que todo sea rápido, que suelte inmediatamente lo que tenga que decirme y que no me entretenga, que tengo mucho que avanzar en otras cosas. Y esto es por culpa de internet, en el Facebook y otras redes sociales trabajan esto, los contenidos son muy llamativos y tienden a durar poco porque nos conocen o nos están amaestrando, o mejor nos están deseducando o malacostumbrando. Queremos mucho rendimiento rápido y si no abandonamos la lectura, a otra cosa, mariposa que diría Isabel Díaz Ayuso, la política que ha popularizado eso de chao, pescao.
Concluyendo: que la literatura normal que no tenía competencia y estaba pensada para lectores de otros siglos, me resulta costosa de leer porque quiero las excitaciones inmediatas que me producen los contenidos de internet: corro peligro de desertar de la lectura que no sea buenísima y me atrape.
Otro tanto me pasa con la música, quiero que las piezas que escucho en Youtube no pasen de cuatro minutos, y si duran minuto y medio mejor.
Ahora voy a parar de escribir: a ver si hay alguna novedad en las puñeteras redes que me tienen atrapado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario