sábado, 31 de marzo de 2012

LA FE EN LOS APÓCRIFOS

La fe en los apócrifos.

¿Y por qué no? Yo tengo algunos visitantes colombianos. Podría ser verdadero esto que me mandó Evelinda Jaramillo. Un hurto, un aprovechamiento indebido de un borrador que a lo mejor nunca llega a nada, aunque siempre es muy probable que la familia decida ir publicando los retales que, además se venden mucho mejor después de muertos, para ir haciendo caja. Quizá esta publicación espúrea que hago yo -si se llega a conocer- evite que publiquen el suyo, el auténtico, el corregido y terminado por él.

Pero de un hombre tan cuidadoso con todo lo que escribe, me imagino la solución final que quiso y no pudo Kafka: destruir su obra. Creo recordar que sale en el libro de Ian Gibson sobre Lorca, que alguien (para nuestra desgracia) cumple el encargo de destruir todos los papeles que Lorca tenía en un piso de Madrid.

Me imagino que García Márquez formateará su ordenador impidiendo el comercio de hijos disminuidos, masturbaciones y bastardos que pueda contener la memoria cibernética  de sus archivos.

Esto ya es un sueño: yo estoy tan agradecido que me escriban comentarios, que sueño lucubro y fantaseo con esas generosidades. ¿y si fuera él? El propio Gabriel García Márquez, que es amigo de Silvio, que pudo leerme entonces e interesarse. ¿Por qué no podría ser él Evelinda Jaramillo?



EL PUNTO FINAL



Una tarde, el  más famoso escritor del mundo decidió que ya estaba harto de que trataran de excitarle para que abriera la boca, recibiera un premio, escribiera unas líneas sobre un libro. Le espantaba la cortesía de rebatir a antiguos amigos que intentaban allegarse de amigables componedores para conseguir que el santo literato exudara  reliquias.

“Sólo me queda morirme.”

No se trataba de un paso hacia el abismo, sino de un arabesco. Pensó que setenta y ocho años eran una buena edad para morirse, y por qué él no podía  permitirse poner punto cabal a su biografía, del mismo modo que había rematado por su cuenta sus obras, -esas decenas de historias que eran un personaje más importante que él mismo- Quien pudo lo más,  debe poder hacer lo menos.

Durante media hora meditó sobre si su historia estaba perfectamente redondeada, o si aún debía hacerse un sitio más amplio para colgar su hamaca en el Olimpo. Concluyó que no era razonable estirar la arcilla. Además, con cabeza de agente literario: es un buen momento para lanzarlo a la imprenta; en los próximos días no parece que ningún acontecimiento pudiera eclipsar la traca de homenajes que me van a corresponder.

Esa noche volvió a fantasear con  la almohada de una manera que tenía olvidada desde que era escritor aspirante, y se sintió flotado por un benéfico vértigo de juventud.

A la mañana siguiente la idea le había resistido agarrada a su cabeza. Aún siguió decantando matices mientras esperaba a que su mujer se despertara. Mercedes era la  opinión que siempre había estimado y la única persona que le había conocido en su más mínima desnudez. Allí, en la horizontalidad del lecho matrimonial comenzó a contarlo. El argumentar en voz alta asentaba sus razones. Las palabras pronunciadas se quedaban talladas en el aire como evidencias y su eco en el techo las devolvía como resultandos. Al acabar su exposición estaba casi tercamente convencido de que era lo único que se podía hacer con la historia de García Márquez.

  “Será un lujo soberbio, mirar el cortejo desde el balcón” “Puedo llegar a situarme en el punto de vista de mesías resucitado”. “Además, será estupendo escuchar a los voceros  haciendo el paripé del respeto al ataúd, a la vez que atornillan peros biliosos a mi extinta biografía”.

“En el más desastroso de los casos, si se descubriera con el tiempo la farsa de García Márquez..., ya nadie creerá nunca en mi muerte real”. Conseguiré la inmortalidad. Es una vuelta de tuerca a la realidad mágica. Mi aliento se quedará flotando medio siglo más. Escojo ser fantasma, pasar al limbo de Elvis, Lady Di, Ben Laden...

“Además, si te murieras tú antes, Mercedes, yo daría demasiada pena. Sería una agonía que el mundo no me desea. Se me ha visto siempre tan enamorado... Puedo asegurarte que me parecería una traición escribir de algo tan triste como la viudez en que me dejaras. Yo no quiero componer tu obituario.”

“Por otra parte, a ti te corresponde el ser la viuda desconsolada por la gran pérdida cuya tristeza podrá entender el orbe. Será una manera de alumbrarte un poco. El mundo literario te lo debe”.

Hacía tiempo que ella no le oía ese revoloteo de paloma encerrada en habitación. Era una pena no abrirle la ventana. Como pareja, los dos se habían encomendado siempre a la intuición de Gabriel. Les había ido bien. Ella abrió de par en par:

“Te das cuenta, si te descubrieran resucitado, como sería un acto televisivo, sería irreal, nadie lo creería, habría millones de apóstoles Tomás”.

- Pero Cristo no hizo nada de mérito desde entonces.

- La verdad es que tampoco a nadie se le ha ocurrido nunca  como acabar esa historia.

- Y tiene un éxito más que contrastado.

Mercedes llamó a sus hijos para una reunión insoslayable: no nos han diagnosticado un cáncer, pero tenemos que decir algo que no se puede tratar por teléfono.

El domingo siguiente el patriarca tomó la palabra. Se sintió mal teniendo que hacer un primer exordio defensivo para cimentar que no era ninguna chochera lo que iba a exponer.

Entendieron las razones. Para ellos siempre ha sido dificil ser hijos de Gabriel García Márquez, y comprendieron que su padre tendría más razones para estar escocido del propio corsé.

Alguno bromeó: “también es un aliciente saber como se vive siendo  huérfano de García Márquez”.

Sobre la mesa de aquel salón se diseñó el teatro de operaciones. Había que ejecutarlo bien, primero llamar al abogado de la familia. En aquel momento Gabriel se le vino a la imaginación El Padrino, testigos falsos, contratos de silencio, encontrar algún maestro escultor de cera que hiciera su apócrifo. Habrá que hablar con el presidente de la Republica; debiera conocerlo.

Porque me harán funerales de estado. Imagínense una tregua de respeto entre las FARC y los paramilitares.

También puedo elegir mi enfermedad fatal, incluso puedo elegir la más conveniente para la conciencia sanitaria. Habrá que consultarlo con el ministro de sanidad.

¡Qué omnipotencia poder supervisar la imagen de mi cadáver!. Ahora me veo faraón.



 Está empezando a crecerle, el relato tomaba cuerpo de novela.

“Esta tarde me siento muy pagado de esta familia siciliana que hemos hecho, Mercedes.”





Creo que lo más placentero será tenderme en la hamaca escuchando los epitafios de los amigos y de los enemigos. Vargas Llosa ya no me podrá empatar el Nobel en vida. ¿Por qué no darle ese disgusto?

Considero que no  me apetece brindar al mundo otra agonía papal. Mejor una muerte repentina, dejar la idea de que estuve gozando hasta el penúltimo día. Si quiero escribir, mi ordenador podrá volcar en la impresora obra póstuma. Y si fuera decrépita los culpables serían los herederos espoleados por los editores ansiosos de hacer caja con los despojos literarios del genio.

Me voy a reír mucho. Los ditirambos finales me darán un subidón de ánimo. Debería tener un cardiólogo cerca esos días. Puede que me muera de éxito.

Papá tú eres el único en el mundo que puede permitirse protagonizar ese sentimiento.

Su mujer y sus hijos contemplaban la última obra del genio.



Démonos prisa, no vaya a sorprenderme la verdad.













P.D. Evelinda, manifiéstate.

jueves, 29 de marzo de 2012

Cardeñosa (España)



Hace poco más de un mes, en su pueblo y el mío, Jesús Velayos Mayo e Ismael Sanchidrián Velayos, han publicado un libro sobre las cruces de Cardeñosa. Aún no he leído todos los poemas, pero sí he visto las hermosas fotos de Ismael. Con el acicate de sentirme un poco empequeñecido al no haber hecho aquellas fotos, he repasado las mías para volver a mi tamaño.



Buscando autoestima me he encontrado con esta foto que expresa formas y colores muy esenciales en mi historia. El verde mate encina; mi árbol totémico, mediterráneo, con las casi siempre amargas bellotas, acogedor, fácil de abordar, de calorífica leña. El amarillo agosto subido generalizado, crujiente, asfixiante, lleno de caillos(1) y trufado de saltamontes. El gris granito berrocal que es la piedra de la que ha vivido mi familia, y que siempre me acompaña, también en mi amado Barranco y también aquí en Béjar. Por último, el gris tormenta ojalá lo viera hoy aquí, ¡qué ganas tengo de oler a tierra mojada!

El negro toro es España.



(1)Los caillos son las espigas secas de la hierba común, que se desmenuzan al paso de los mamíferos y se quedan prendidos en su piel o en nuestros ropajes, o calzados. Así se aseguran su reproducción expansiva,  abordando como polizones nuestro autobús para que llevemos sus semillas hasta otro sitio.

martes, 27 de marzo de 2012

Vargas Llosa "La fiesta del Chivo" Apología del tiranicidio (pero también qué inmisericorde con los dominicanos y dominicanas)

Hace casi diez años leí “Galíndez” de Vázquez Montalbán y me entusiasmó. (Lo tenía pendiente desde que en 1990 en una entrevista de radio le preguntaron a Vargas Llosa cuál había sido el libro de literatura que más le había gustado ese año y dijo dos: el Galíndez y “Juegos de la edad tardía” de Luis Landero.) Tuvo razón. Pero si Vargas Llosa osó seguir sacando piedra de aquella cantera es porque se sentía capaz, al menos de igualarla, cosa que ha conseguido.

En este caso he tenido la poca precaución de ver la película, que  hace un año cayó en mis manos. Tengo que decir que es muy buena y, aunque, con muy buen criterio, no recoge toda la historia, está muy bien llevada por un director llamado Luis Llosa. MarioVargas ha tenido suerte, por lo menos, con dos adaptaciones al cine, la primera que vi “La ciudad  y los perros” de Lombardi también parcial, pero maravillosa (seguramente habrá sido la película peruana más vista en España), hacia el año 85 y la otra es esta. Hay más que no recuerdo, pero creo que existe una adaptación que dirigió el propio escritor de “Pantaleón y las visitadoras” pero creo que se arrepintió de aquello más todavía que de presentarse a la presidencia del Perú. (La adaptación de “la guerra del fin del mundo” yo se la hubiera encargado por la estética a Pier Paolo Passolini, pero le mataron antes de que se gestara el libro).



La Fiesta del Chivo está a la altura de su autor en oficio, pulso narrativo, suspense y calidad literaria. Uno se siente conmovido y asqueado por el asfixiante abuso del pueblo dominicano, blanco de las correrías y de las corridas del dictador Trujillo sus hijos y sus secuaces, incluido el raso lumpen paramilitar llamado “caliés”.

Como historiador contemporáneo que quiero ser, me atrevo a criticar a Vargas Llosa la indelicadeza en el tratamiento hacia las mujeres dominicanas que sufrieron tan exasperante abuso por parte de aquella gentuza. En  el Barranco de las Cinco Villas en 1936 hubo violaciones por parte de los nacionales, algunas seguida de asesinato, pero, por lo que me han contado, no estimo que sean más de cinco en Cuevas y otra en Santa Cruz del Valle (aunque la violación es el delito con más cifra negra, por muchas razones, pero, sobre todo, por  lo vergonzante que es para la víctima) . Afortunadamente en el Valle no fueron indiscriminadas porque recordar eso es más doloroso que la misma muerte.

No creo que en la República Dominicana las heridas estén cerradas, en cualquier caso un libro como éste hace que mucha gente le dé vueltas a la cabeza sobre si sus madres, tías o abuelas, fueron tumbadas por la vileza de la caterva trujillista.

El dominicano es un pueblo pobre, indefenso hasta para que le recuerden este sucio pasado. No creo que otros pueblos hispanoamericanos hubiesen dejado de rebelarse ante esta redundancia de semen irrespetuoso, indiscriminado, extendido como mancha sospechosa sobre sus mujeres de los 40, 50 y 60. (A lo mejor lo hicieron y yo no me enteré, es lo que tiene no leer las novelas cuando salen y están de moda)

He hecho memoria y sólo recuerdo a tres dominicanos ricos, el baloncestista Chicho Sibilio, y los músicos Michel Camilo y Juan Luís Guerra. Sin embargo, he conocido personalmente –profesionalmente-  bastantes pobres mujeres y pobres hijos inmigrantes, gente vulnerable dispuesta a casarse con un viejo agricultor de pueblo con tal de salir de aquella pobreza. Y ya aquí, se meten en problemas, no diré más que he visto llorar a dominicanas cuando me contaban sus peripecias o las de su familia.

La segunda parte del libro el suspense se vuelca cuesta abajo en el mejor sentido y uno, a pesar de haber visto la película está deseando que los asesinos, los “ajusticiadores” triunfen y se salven y el libro se devora a trancos. Luego está la figura de Balaguer un hombrecillo viejo y ciego que en las cumbres iberoamericanas se pasaba el rato haciendo panegíricos trasnochados de Colón y de la raza. Admito que me lo pongan en duda, pero me ha parecido que el libro le salva y que gracias a su inteligencia y sangre fría (he borrado todo lo que seguía, no destripo sino que invito a leer el libro)

P. D. Gracias Silvio, por echarme en los brazos de Mario.








lunes, 26 de marzo de 2012

Una necrológica urgente.

El pasado sábado, en Ávila, vimos una estupenda exposición de escultura de Nacho Martín, natural de San Esteban del Valle y taurófilo, de los que se arriman.
http://deltoroalinfinito.blogspot.com.es/2012/03/escultura-exposicion-nacho-martin-en.html
La exposición "transmite" como dicen los taurinos. Le felicitamos y le pregunté mostrándole una grabación de un poema recitado por Valentín González Blázquez y me dio la noticia: Murió hace mes y medio, habiendo cumplido o a punto de cumplir 99 años, nació el día de San Valentín.
Me dejó de un aire la noticia. Me siento importante, por haberle conocido y aprendido de él.

sábado, 24 de marzo de 2012

DRAZEN PETROVIC

No he comunicado a mi respetable audiencia el hecho de que desde hace 2 semanas formo parte de la Coral de Béjar. Soy tenor. Como carezco de experiencia y tampoco sé leer una partitura en condiciones, tardaré en debutar un par de meses, por lo menos. La directora  para los ensayos me ha asignado como una especie de tutora: una señora muy amable, con un acento extranjero, que no terminaba yo de identificar; es muy alta y canta en inglés con mucho fundamento. Me corrige y me ayuda. Ayer, me preguntó de dónde era yo, y al repreguntarle, ella  me dijo: “soy croata”. Le dije que hace más de veinte años admiré mucho a un croata: Drazen Petrovic. Me preguntó ¿le conosciste?



Fue parte de mi vida. Después del desastre del mundial de fútbol España 82, hubo una depresión de ese deporte-rey, y por alguna teoría de Arquímedes  vino el baloncesto a ocupar el espacio desalojado, sobre todo, a partir de las olimpiadas de Los Ángeles. Allí trasnochando, vi por primera vez a Petrovic, un muchacho a quien mis amigos y yo bautizamos como “el cínico” por su gestualidad, ¿quién es ese enano (medía 1,96) que se las da de líder en Yugoslavia? Pero perdió –quizás lloró- contra España, frente a Corbalán, Iturriaga, Arecega, Romay, Epi, Martin, Solozábal...

Bien caro lo haría pagar: al año siguiente con su equipo, la Cibona de Zagreb, humilló al Real Madrid en las dos eliminatorias. Decían los madridistas: nos sorprendió, fue suerte, los árbitros, las provocaciones, nos pilló desprevenidos, se confiaron... un equipo de la solera del Real Madrid... con tantos campeones olímpicos, y Brad Branson, y Wayne Robinson con esa solvencia y buen hacer. En la final de Atenas sería la revancha.

Nada de eso, todas las defensas individuales y mixtas que intentaron contra él, las burló, además sacaba la lengua, tenía unos cambios de ritmo prodigiosos, unos frenazos, unas fintas, ese segundo de más de suspensión en el aire que tienen los superdotados, y un disparo maravilloso, y si le cubrían tres del Madrid se sacaba una asistencia y canasta de Andro Knego o de Nakic, o de Cutura, o de Cveticanin, o de su hermano Alexander. Yo disfruté. Me acabo de dar cuenta de que si ahora puedo decir estos nombres de memoria es porque desde entonces mi equipo de baloncesto fue la Cibona de Zagreb. ¿Para qué iba a sufrir yo por el Real Madrid,  un equipo cuya forma de ser y prepotentes seguidores siempre me han sido antipáticos?.

El año siguiente el Madrid se había reforzado más, y vino otra vez el Cibona a jugar al Palacio de Deportes del Real Madrid. Recuerdo haberlo visto en el piso alquilado de mi amigo Luis, en la calle Palominos de Salamanca. En aquella habitación, con una preciada televisión de 14 pulgadas, todos contra mí, todos contra él..., y volvimos a arrasar. La misma proporción de miradas asesinas que recibió Petrovic en aquel pabellón, recibí yo en aquella habitación. Me compré esa semana la revista de Gigantes del Basket para tener su poster; todavía lo conservo. Ese año creo que la Cibona y el Zalguiris de Kaunas jugaron la final.

Recuerdo los años de Salamanca como muy baloncestísticos para España y para mí, que sin fundamentos (nunca había jugado), y ya con más de veinte años. aprendí a hacer entradas a canasta, a ganar la posición bajo el aro y a tirar “de tres”. Mi novia también jugaba al baloncesto.

Al año siguiente, el Real Madrid, apeándose definitivamente de su señorío, decidió comprar a Drazen para que no los humillara más. Fue uno de los primeros deportistas importantes del Este, aunque Yugoslavia no era muy del Este, que vino a un equipo occidental, capitalista. Recuerdo que Petrovic aquí ya reivindicaba su nación croata, y también que se compró un Porsche amarillo.

Ya la cosa no tuvo tanto encanto, yo seguí jugando al baloncesto, luego él se fue a la NBA, (dio otra espantada y dejó tirado al Real Madrid). En la NBA le seguí mucho menos. Un mal día de los años noventa, ya  estábamos en la guerra de Bosnia, Drazen Petrovic alquiló un coche para ir de Alemania a Croacia y otro que conducía, o un vehículo en sentido contrario, chocaron y murió. Me viene a la mente su pelo rizado, su delgadez, (luego en la NBA le hicieron coger más músculo) su instinto ganador, su perfeccionismo, lo que yo nunca he tenido.



-Pues claro que le conocí. Era del 64, como yo; fue como mi negativo fotográfico en triunfador, en malvado, en constante..; aunque no me le imagino con 47 años.

Eso es porque su tragedia fue para él, como para Marylin Monroe, la cristalización en mito definitivo. Me gustaría volver a ver aquellos partidos.

jueves, 22 de marzo de 2012

RESEÑA SOBRE "HISTORIA DE MAYTA"

Reseña sobre “Historia de Mayta”

Se trata de una novela no apta para ser leída por la noche al irse a la cama. A no ser que pretendamos exclusivamente la derrota que lleva a dormirse por cansancio. Pero entonces, se lleva uno también la confusión.

La razón para que se necesite estar bien despierto es que la historia tiene múltiples narradores que van revelando datos, los cuales se intercalan a veces sin cambiar siquiera de párrafo. En principio, está narrada en segunda persona por un compañero del colegio salesiano. Este hombre, a quien el lector identifica con el propio Vargas Llosa, trata de averiguar toda la peripecia vital un personaje misterioso que protagonizó un hecho importante veinte años atrás. Pero también está narrado en primera persona, porque se entrevera la propia peripecia del narrador para llegar a los entrevistados, junto a hechos actuales, (que entran en la conversación como si vinieran por la radio o la televisión que estuviera encendida mientras se escucha el relato del testigo), de una realidad, que además resulta paralela (aunque más real y más cruenta) a la que se pretende historiar. Sin solución de continuidad, la narración se hace onmisciente  contándonos pensamientos de los entrevistados, que no son parte de la entrevista. A veces, la declaración de los testigos de la vida de Mayta cruza otro umbral; el de revivir directamente como una intercalación cinematográfica los diálogos del testigo con el protagonista.

Me es inevitable relacionarlo con muchas películas: me parece la búsqueda del personaje de Marlon Brando en Apocalipse Now (aún no he acabado el libro, no sé si lo encuentra) recuerda también a Zellig de Woody Allen y a “Alfie” que protagonizó Michael Caine. También me recuerda al libro “El largo adiós” de Raymond Chandler.

Aún no he acabado el libro, pero persigo la cara de Alejandro Mayta, y hallo la de un Abimael Guzmán (líder máximo de la guerrilla de Sendero Luminoso) joven, porque esta historia, que es quijotesca, paródica, incruenta, parece como un ensayo germinal de la otra realidad más dura y sangrienta que se vivía en los años 80 en el Perú.

Y ahora se me viene la imagen de aquel líder tan temible encerrado por Fujimori en una auténtica jaula de fieras, que creo recordar que vino personalmente a descorrer el lienzo. Allí apareció un sujeto con un paradigmático traje a rayas horizontales que vociferaba sus alegatos que parecían rugidos, (al menos eso a mí me  quedó) la jaula estaba muy lejos de los periodistas llamados en rueda de prensa, no sé si alguien sacó algo inteligible.

PD. Supongo que si lo buscara en Youtube, (no voy a hacerlo) me parecería que no fue como yo lo estoy imaginando. Pero no me importa tanto la realidad como una lectura creativa de la novela, que relleno con mis imágenes almacenadas entre la distorsión y el relleno y el olvido.

Otra Posdata: en la narración de las violencias actuales, Vargas Llosa me resulta surrealista o del realismo mágico.

Hoy, 15 de marzo de 2012, desde mi casa, en ese mi recuerdo tergiversado, aquello de Sendero Luminoso parece talmente realismo mágico.



La última: al final se aclara todo, es un final raro. No lo destripo. La sensación que he tenido es ponerme con mucho placer otra vez al principio.

martes, 20 de marzo de 2012

Vivir la poesía.

El pueblo salmantino de Juzbado tiene el dudoso patrimonio de albergar una instalación nuclear en su término municipal, pero también la contrapartida de que el alcalde que hoy administra sus réditos sea sensible, trabajador y culto. Se llama Fernando Rubio de la Iglesia y tiene una tiorba, lo cual nos viene a indicar que estudió guitarra con aprovechamiento y predilección por el repertorio renacentista y barroco;  y que decidió especializarse e invertir en un instrumento que se hace de encargo (lleva cuerdas de tripa, y muchos  bordones arriba, que actúan como resonantes). Tiene que costar un pastón comprarlo y mantenerlo, por lo que, cualquiera que se compre una tiorba, como quien se compra una viola da gamba o un clavecín, lo hace con criterios de cuasi profesionalidad, y se comprende que ya domina la guitarra, el violonchelo o el piano y que quiere acercarse al repertorio de la época con criterios de máxima fidelidad.



 El pueblo donde ha repetido con mayoría absoluta este alcalde, está situado en un promontorio que se asoma a la rica vega del Tormes y el Ayuntamiento ha decidido organizar unas rutas de senderismo y crear un mirador en un berrocal granítico. Para deleite y reflexión de los visitantes, han emprendido una antología poética grabada en placas de bronce que emplazan en rincones significativos, y como es un pueblo rico, se traen a los autores, (vi también placas con versos de Gamoneda) para que lean en aquellas piedras su obra y aprovechan para auto agasajarse, y agasajarnos con una fiesta.



Fue el pasado sábado 17 que traían al matrimonio  Félix Grande y Paquita Aguirre, y ya sabéis mis lectores la devoción que tengo por el autor de la Balada del Abuelo Palancas. Hasta Juzbado fuimos. La tarde nos recibió con lluvia, que en este invierno ya es empezar a regalar. Después, en poética procesión, escuchamos a los animosos recitadores, aunque estén ambos entrados en años; él tiene 75 y ella, más delicados, 81. Coincidió salir al mirador en un atardecer luminoso, recién lavado por la lluvia, y nos sentimos en buen sitio y en buena compañía; es decir, disfrutamos.



Hubo un momento dramático: alguna aviesa corriente rozó la salud de Paquita Aguirre y pudo haberse venido abajo el colofón que era un recital más cómodo en el salón de actos. El matrimonio homenajeado nos regaló el arte de sus voces en poemas de amor y posguerra. Supe allí que el padre de Paquita fue pintor republicano y que, habiendo salido para Francia tras la toma de Cataluña, volvió creyendo en la promesa de que nada les pasaría a quienes no tuvieran delitos de sangre: la injusticia franquista le adjudicó garrote vil en 1942. El pintor, que por su arte tenía entrada en la enciclopedia Espasa, fue desalojado en la siguiente edición en represalia por aquel republicanismo ¡qué triste!

Entreverando el recital, el alcalde tiorbista y la que supongo su mujer, nos regalaron un aria de John Dowland que cantó ella y música de Bach para fondo en los recitados, que, por momentos, paralizaba a Félix.

Después (mitómano que es uno) me acerqué a que Félix Grande me firmara en el libro de cuentos “Té con pastas” y  nos trató con mucha simpatía.



El final fue una comilona alegre para todos, más que en los tebeos de Asterix. (aquí el bardo toca muy bien y no hay que amordazarlo)