sábado, 18 de febrero de 2012

LOS SALMANTINOS (RECUERDOS INICIÁTICOS 2)

Los salmantinos o los charros.

No es fácil encontrar el salmantino popular en las clases altas y medias de la Universidad. Estos suelen tener el cogote alto, despegado del charrismo, y en sus maneras muestran la sabiduría y el orgullo de su historia: Fray Luis, Juan del Encina, Francisco de Vitoria, San Juan de la Cruz, Torres Villarroel, Espronceda, Tomás Bretón, Unamuno y otros que no me molesto en seguir buscando en mi cabeza.

Quizá la frase más famosa es de Cervantes: Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado. Esto es cierto. Y esa era la divisa de un bar que se llamaba o se llama Cervantes y que estaba en el primer piso de la Plaza Mayor. El favorito de los norteamericanos, yo sólo entré con mis amigas. Creo que estas chicas nos apreciaban, porque ya sabían que al salmantino popular no se le entendía tan bien como a nosotros: tienen un tonillo algo charro-mexicano y no pronuncian tan claras las consonantes como en cercanos lugares de Castilla: Valladolid, Segovia y Ávila (del Norte), por ejemplo.



A pesar de que son laístas como yo, y que cuando pides algo a un salmantino y no te entiende bien, te pregunta ¿lo qué? es el lugar favorito para aprender español; pocos van a ir a  aprenderlo a Barcelona, a San Sebastián, a Santiago, a Sevilla, o a Granada. Además es una ciudad barata, muy amable de callejear y con una plaza que abraza. Uno se siente como entrando en un teatro, y además está viva, aunque también le afecte la crisis del comercio tradicional que han traído simultáneamente, la reciente instalación de El Corte Inglés y la megacrisis con mayúscula, que lo aplastan todo.

 Diapositiva de la plaza de cuando las terrazas tenían toldos. Ahora los han quitado y me parece bien.

Un emblema de Salamanca es el  tuno, con sus calzas ceñidas, sus cintas y su descaro, que a mí me recuerdan al la imagen del Estudiante de Salamanca, truhán, tahúr y bebedor, de Espronceda. Leí esta obra en el Bachillerato; no sé si el tópico ha adulterado un recuerdo tan difuso.

He visto muchos tunos borrachos, el ser tuno era caro,  y además hacían novatadas, trataban mal las guitarras. Nunca me planteé serlo, aunque hubiera ligado más.





Otro emblema de Salamanca es el toro y las dehesas de toros bravos. En una de ellas, la de los Pérez Tabernero, los militarones golpistas de 1936 acordaron que el mandamás sería Franco, que luego se instaló a vivir en el Palacio Episcopal que hay enfrente de la Catedral. Cuando tomaron todo el Norte y el teatro de operaciones de la Guerra Civil se desplazó al Ebro,  al Mediterráneo y Cataluña, el Caudillo se trasladó a Burgos.



 Esta es la vista que tenía Franco al salir a la calle, la hermosa fachada de la catedral. En esta diapositiva la hice en hora muy apropiada porque la sombra oculta el blanquecino con que las palomas cagan el retablo. No me entra en la cabeza como se puede consntir esto. Durante los 300 ó 400 años que lleve esta joya al aire habrá habido algún modo de preservarlo. Porque las cagadas estropean la piedra. En muchos sitios tienen mallas de alambre o similares. Por mi parte si hay que acabar con todas las palomas de la ciudad de Salamanca por preservar esta joya, por mí ya están tardando en matarlas.

Para terminar por hoy os dejo una muestra de poesía subpopular salmantina. Tomé la foto hace 15 años, no sé si existe ya esta pared o habrá sucumbido a la voracidad urbanística.



Conductor, peatón, sé prudente


El cementerio, está en frente

Velocidad máxima a veinte


miércoles, 15 de febrero de 2012

Salamanca. Relatos iniciáticos(1)

SALAMANCA. RELATOS INICIÁTICOS(1)

 Skyline de Salamanca
El próximo octubre van a cumplirse treinta años de mi relación carnal con esta ciudad hidalga y que vende muy bien una autoestima que -de verdad- no tienen sus habitantes.



En octubre del año 1982, yo quería ser –por fin-, en un piso compartido con otros  estudiantes, libre para tocar la guitarra todo el tiempo que me diera la gana y así dar el salto de calidad necesario para que el mundo descubriera mi talento como guitarrista y finalmente triunfar tocando el Concierto de Aranjuez con una orquesta sinfónica detrás de mí.

También, por supuesto, quería “estrenarme”, para eso tenía por primera vez una habitación para mí solo.

Mientras tanto, haría Derecho: una carrera con multitud de salidas que, además, era la que empezaban los escritores, Lorca, Cela, Clarín, Delibes..., hasta Aleixandre (según he leído hace poco).

Además, iba a vivir en una ciudad roja, gobernada por los socialistas. El Alcalde de Salamanca presumía entonces de haber comprado (o expropiado) la Huerta de los Jesuitas para hacer un parque público. En Ávila de donde yo venía, nunca sucedió cosa parecida, ni sucederá.

Repasemos: Octubre del 82... eso suena a victoria del PSOE. Uno de los primeros acontecimientos que tuve ocasión de presenciar fue el delirio colectivo en el pabellón de “la Alamedilla” cuando llegó Felipe González a dar su mitin de campaña. ¡Qué calor!, ¡Qué apretura!: hasta desmayos hubo. Pero el líder, desde el escenario dijo con clarividencia: “no se preocupen, es sólo una lipotimia”. En aquel momento, Felipe tenía la credibilidad para hacer de médico y dar un diagnóstico a cuarenta metros, y además, acertar. (Parece que tuviera tanta experiencia en desmayos femeninos como los Beatles)



En lo cotidiano, fui descubriendo que en Salamanca había dos mundos: los que  vivían directamente de la Universidad y los que vivían indirectamente de la Universidad.

También había submundillos independientes, pero como el aceite, no mezclaban. Los dos cuarteles desperdigaban sus reclutas de verde olivo a su hora de paseo por las tardes, y los iban absorbiendo hacia la cena.

Recuerdo que entonces había muchos gitanos: los churumbeles contaban con una retahíla  donde estaba la rana de la fachada de la Universidad; los jóvenes pasaban hachís en El Corrillo, bastantes vivían por el poco recomendable y decrépito Barrio Chino, y algunos tenían caballos pastando en las praderas del Tormes.

Últimamente no siento tanto su presencia  (creo que a un buen número de aquellos jóvenes se los debió de llevar la heroína y el SIDA de los años 80 y 90)



También Salamanca La Blanca(1) vivía de su provincia, ganadera y agrícola. Al otro lado del río había una Fábrica Azucarera. Entonces los remolacheros ganaban dinero. En todos los pueblos había vacas de leche (después de entrar en el Mercado Común sobraron el 80% de las vacas) y muchos vaqueros podían permitirse mandar a sus hijos a residir en los Colegios Mayores.

Entre los estudiantes foráneos había tres clases económicas: los de la primera residían en Colegios Mayores gozando de pensión completa, (aunque sufrían novatadas), la segunda, los que alquilaban pisos céntricos con calefacción, y por último, los que alquilábamos pisos baratos en el extrarradio (sin calefacción).

Sin calefacción, sin televisión, sin lavadora... solíamos acumular la ropa para que nos la lavaran en Ávila. Más adelante, para tener más autonomía y poder disfrutar más meses seguidos de permanencia en esta maravillosa ciudad, hubo que aprender a lavar a mano. Mientras tanto, también aprendimos a hacer los primeros macarrones, y  a que ya no se nos pegara a la cazuela el tercer arroz, ni tampoco la tercera tortilla de patata en la sartén.

No teníamos plancha, y ahí está mi principal carencia como “amo de casa” (sigue: uno de los propósitos de este año 2012 es aprender a planchar, pero todavía no me he puesto, a ver si primero acabo el libro de la Guerra)



Yo pensaba que gracias a mi guitarra, al menos ligaría, pero con la “clásica” se liga muy poco, entonces me pedían canciones de Silvio Rodríguez, pero yo era muy ortodoxo y el sonido del cubano carece de color, y sus rasgueos y golpes no cuadraban con mi ideal de entonces: Narciso Yepes o Ernesto Bitetti.

Con las que sí me sirvió la guitarra clásica fue con las estudiantes norteamericanas, pero resultaron ser unas chicas muy decentes; buenas amigas, simpáticas, pero nada deseosas de descubrir el “latin lover” que pudiera estar encerrado en mi habitación. De cualquier modo, nunca se me ocurrió proponérselo a ninguna.

 Aqui estoy con mis compañeros de piso Montero, César y Javi. La chica que fuimos a despedir era de Filadelfia y se llamaba Holly.

Un veterano abulense, que ya estaba en tercero, nos llevó a los sitios donde se encontraba el “ambiente” la “marcha estudiantil”: el Country, el Moderno, el Paniagua, el Bolero... este último era un sitio punky, donde la bebida por antonomasia se llamaba “guinda”: debía ser como un pacharán de garrafón; en ese sitio, rodeados de chicos y chicas con crestas, cadenas y cueros, la verdad es que mi amigo César y yo, estropeábamos el cuadro.

Ahora me acuerdo que había un subgrupo de estudiantes foráneos, que también tenían  pensión completa, aunque vivían en pensiones baratas de la calle Meléndez. Como eran del mismo nivel socioeconómico que nosotros, mi amigo César hizo amistad con gente de la pensión “Lucero”.

En aquel lugar con escaleras y suelos de tablas de madera, hicimos amigos. Un día me llevaron a la habitación de un estudiante de Torrelavega llamado Santiago Gutiérrez, que tocaba la guitarra. Yo la tomé con decisión y ejecuté “Recuerdos de la Alhambra” de Francisco Tárrega: me salió redonda. Pero aquel chico no se impresionó, él tocaba jazz, con una púa entre los dedos índice y pulgar y los otros tres dedos, incluido el meñique, los usaba para hacer arpegios. Mucha técnica y versatilidad. A mí me parecía que tocaba extraordinariamente bien, recuerdo que se concentraba respirando muy fuerte por la nariz : la música le salía a chorros de sus dedos vertiginosos, además improvisaba: un músico de verdad, no un aficionado que se aprendía músicas a fuerza de repetir cien veces la partitura, como siempre he sido yo.

Intercambiamos cintas, y partituras, porque él también quería tocar clásico y flamenco. Me pasó músicas de Baden Powel, de Paco de Lucía, de Chick Corea, y algunas clásicas que él tenía.

Fue mi caída del caballo de San Pablo. Ese músico me abrió la mente; hasta el minuto antes de conocerle, yo creía en la superioridad absoluta de la música clásica. Era monoteísta acérrimo, (hacía cerca de un par de años que había escondido, por anatema, la cintas de los Beatles y  de Elvis Presley que me compré). Toda la música que no fuera clásica o la música de cine, era indigna de mis oídos. Entonces, poco a poco, fui abriéndome al politeísmo del jazz ,del flamenco, la bossa nova y de otras músicas “no puras”.

Simultáneamente aprendí a jugar al mus. En Salamanca tocaría techo con este arte, pero eso os lo dejo para otro día.



(1)   hay una copla muy famosa que encierra muchísima filosofía

Salamanca la blanca,

¿Quién te mantiene?,

¿Quién te mantiene?

Cuatro carboneritos

Que van y vienen,

Que van y vienen.

domingo, 12 de febrero de 2012

LA CRISIS Y LA "BASURILLA"

LA CRISIS Y LA “BASURILLA”



Hace un año y pico en el especial de Nochevieja el genial José Mota, travestido de Rubalcaba, propuso para mitigar la crisis que miráramos bien en los intersticios de nuestros sofás, porque seguro que aparecía dinero para revitalizar nuestra economía.

Lo que ha reaparecido con la crisis son los céntimos.



Recuerdo que, antes de llegar al euro, en la mayoría de los sitios, supermercados incluidos, redondeaban la cuenta, de manera que si salían tres pesetas, te cobraban cinco y si salían siete, te cobraban cinco también (si salían una o dos, te cobraban el dígito anterior y si salían ocho o nueve el posterior, etc.)



Recuerdo también que mi frutero de Zamora comentaba a la parroquia que lo que le fastidiaba del euro era tener que manejar otra vez esta “basurilla” las monedas de uno o dos céntimos que deberían (directamente) no haber emitido. Sucedió la entrada al euro y el redondeo, pero la gente al principio se aferraba a las monedas nuevas que eran rojitas, (recuerdo que un céntimo equivalía a 1,66, dos a 2,32 pesetas) a diferencia de las últimas pesetas que eran de aluminio, y del tamaño de una lenteja. En éstas si la cuenta te salía 121, pagabas 125 y te tenían que devolver cuatro lentejas, pero, ya he dicho que te devolvían una moneda de cinco pesetas.

La cuestión es que muy poco después la gente se dio cuenta de que  las monedas rojitas ennegrecían y el valor de un céntimo era casi igual de despreciable que el de una peseta; prácticamente lo mismo, dos. Mucha gente los tiraba al suelo. Yo sí me agacho -si veo en el suelo- a recoger  una moneda de cinco céntimos, pero nunca me agaché a por las de uno, ni las de dos.



Y sucedió que en la mayor parte de los sitios no los cobraban: hacían el antiguo redondeo, -además de que subieron bastante las cosas-; sólo en los supermercados seguían y siguen manejando la “basurilla”, pero yo creo que no era, ni es rentable económicamente: se pierde mucho en contar, detener la caja, recogerlos cuando se caen al suelo, tener departamentos para ellos en la caja registradora, ir a reponerlos al banco... Yo creo que si lo hacían y lo hacen  era por política de imagen, algo así como: aquí respetamos escrupulosamente el valor de su dinero, de su ahorro, señora.



Yo, procuro soltarlos, (a pesar de mi tacañería, muchas veces los he perdonado por no acumularlos), porque siempre he estado preocupado por el despilfarro de medios económicos y entiendo que si se usan, se seguirán fabricando, (lo cual, coincidiendo con mi frutero de Zamora considero “un atraso”); pero mi mujer, como otra mucha  gente, no se preocupa, los acumula hasta que revientan su monedero. Yo me encargo de darles curso.



SOBRE LA HONDURA DE LA CRISIS

Hoy me he dado cuenta de que hace tiempo que no veo céntimos tirados en el suelo. Resulta que hoy mismo en mi carnicería, en la que he hecho una compra de 19, 42 €,  he pagado con un billete de 20 €  Durante bastantes años siempre me habrían devuelto 60 céntimos (una de 50 y otra de diez céntimos) y hoy me han contado tres monedas de céntimo, una de cinco y una de 50 céntimos.



Ahí estamos. A ver si  salimos pronto de la crisis y nos libramos para siempre de la “basurilla”.


jueves, 9 de febrero de 2012

VICENTE ALEIXANDRE, ELPOETA GENIAL DEL QUE NADIE SABE UN VERSO






            Es verdad que no conozco a nadie que se sepa un verso de Vicente Aleixandre. Mirad a vuestro alrededor si conocéis a alguien que levante esta injusticia.

Este pobre hombre, -gracias a que era rico- sobrevivió a más de tres cuartos de siglo XX, asaltado gravemente por una decena de enfermedades, de las que tuvo dinero para operarse, postrado intermitentemente en un lecho donde su arte y su bonhomía atrajeron a muy grandes amigos grandes.

Uno de ellos, el poeta Leopoldo de Luis, le dedicó una poética biografía que el pasado sábado 3 me vendió, de segunda mano, el también poeta bejarano Comendador.

Le cabe a Vicente Aleixandre haber encontrado la poesía al lado de Dámaso Alonso en las Navas del Marqués (Ávila)

Y la escuela de ese pueblo se llama Vicente Aleixandre porque mi amigo el poeta Ovido Pérez Martín, que allí ejercía de maestro, descubrió ese feliz encuentro y propuso conmemorarlo de esa manera.



La mala salud mantenida le permitió llegar vivo a la democracia, y al premio Nobel de 1977, aunque  también le impidió ir a recibir aquel honor a Suecia.



Yo soy un mal lector de poesía; no tengo paciencia. Por eso no puedo escoger ni valorar por mí mismo todo lo bueno que Aleixandre escribió.



Puedo decir que lo que más me ha impresionado fue la elegía en prosa que escribió a la muerte de su amigo Federico García Lorca, (el gran compositor de la elegía al torero Ignacio Sánchez Mejías), y también a Miguel Hernández, (autor de la elegía a Ramón Sijé).



Pero el elegizador que los elegizó buen elegizador fue.

A continuación voy a copiar un par de fragmentos de la Elegía a Miguel Hernández que Aleixandre tuvo el valor de publicar en 1948.



El primero narra la impresión que daban los ojos del poeta oriolano, que se quedaron abiertos y luego nadie fue capaz de cerrar.

                                   ELEGÍA

No lo sé. Fue sin música.

Tus grandes ojos azules

abiertos se quedaron bajo el vacío ignorante,

cielo de losa oscura,

masa total que lenta desciende y te aboveda,

cuerpo tú solo, inmenso,

único hoy en la Tierra,

que contigo apretado por los soles escapa.

(...)



El segundo fragmento habla de la rabia por la pérdida (afortunadamente no lo leyeron los franquistas responsables)



Nadie, nadie. Ni un hombre. Esas manos


apretaron día a día su garganta estelar. Sofocaron

ese caño de luz que a los hombres bañaba.

Esa gloria rompiente, generosa, que un día

revelara a los hombres su destino; que habló

como flor, como mar, como pluma, cual astro.

Sí , esconded, esconded la cabeza. Ahora hundidla

entre la tierra, una tumba para el negro pensamiento

            cavaos,

y morded entre tierra las manos, las uñas, los dedos

con que todos ahogasteis su fragante vivir.



No copio el poema entero porque no me parece bien el hecho de copiar, merece la pena que lo busquéis. Según mi libro, fue publicado en Zaragoza en una revista llamada “Cuadernos de las Horas Situadas” de José Manuel Blecua. Supongo que estará en alguna antología. Yo le tengo en esta Vida y Obra de Vicente Aleixandre, de Leopoldo de Luis, publicado en Selecciones Austral. Espasa Calpe S. A.




lunes, 6 de febrero de 2012

Malos tiempos para los cobardes

No quiero desahogar en nuestro blog  todas las críticas políticas que se me ocurren. Tampoco me parece justo machacar estos temas tan locales, porque aún conservamos bastante audiencia internacional.

Creo que todos coincidimos en que España necesitaba un revulsivo. La gente no podía resignarse más años a la destrucción de empleo y de expectativas de futuro. El único cambio posible era Rajoy. Pero este hombre es decepcionante, demuestra sólo sabe jugar a no perder y eso puede ser una catástrofe. De momento, está despilfarrando el rédito de la ilusión que pudo producir el capital de su mayoría absoluta.

Lo más urgente, no cabe duda, es revolver el problema del paro. No es una errata; no creo que se pueda “resolver”  en décadas. Pero hay que hacer algo, urgente, valiente y sustancial, aunque empeore las condiciones de trabajo de algunos o de todos, porque las peores condiciones de un trabajo siempre serán mejores que las del trabajo que no existe. Pero hace falta mucho valor para arrostrar las consecuencias y este hombre está demostrando que no lo tiene.

Las elecciones se celebraron el 20 de noviembre. Ese mismo día, los medios de derechas comparaban la situación española con la británica, diciendo que en Gran Bretaña el primer ministro toma el poder el día siguiente y aquí había que esperar casi un mes hasta tomar las riendas. Rajoy, desde el día después, hizo como que trabajaba, se reunió con mucha gente ¿comenzó a liderar? y se organizaron con celeridad las reuniones del traspaso de poderes entre el gobierno socialista  y la actual vicepresidenta, y parece que todo salió a satisfacción.

Tomado el poder, Rajoy apremió a sindicatos y organizaciones empresariales para que le presentaran un acuerdo antes del día de reyes, (viernes 6 de enero) porque si no legislaría él. No hubo acuerdo, el  miércoles 5, las partes se levantaron de la mesa. Entonces la vicepresidenta se descolgó diciendo que “todavía tenían hasta el lunes (11)”.  Después el tema va entre aplazamientos y olvidos, y hace una semana el  presidente cometió un “desliz” en una cumbre europea en conversación informal con su colega finlandés, dijo algo así como “que la reforma laboral le costaría una huelga general”. Evidentemente no fue un desliz involuntario; tiene tanto miedo que trata de preparar al personal para lo que no tiene más remedio que hacer. Ahora parece que será el próximo viernes 10 de febrero.

Parece que la situación no fuera tan apremiante. Pero, ya se irá viendo: seguro que este hombre espera a que le venga alguna orden de Europa o haya una catástrofe propia o ajena con la que acompañarlo.

Mientras tanto, el caballo desbocado del paro sigue descabalgando españoles de sus trabajos, de sus negocios, de su futuro.

Este es un tiempo de valientes, de emprendedores, y de líderes que motiven a la gente. Pero pocos van a animarse a jugársela por sacar las castañas del fuego a un tipo cauto, indeciso, calculador, que ya demostró hace 30 años toda su capacidad, al aprobar sus oposiciones a Registrador de la Propiedad.

Temo que Rajoy no puede llegar más alto que cuidar que las propiedades sigan en su sitio. Quizá eso sea muy complicado y no cabe duda de debió que estudiar mucho para conseguirlo. Pero al frente de España necesitamos a un valiente y yo creo que nos ha tocado un cobarde.

viernes, 3 de febrero de 2012

Una medio explicación del gran milagro.

Un canal es algo que ordena el caos. El agua se precipita caóticamente sobre la tierra y se canaliza otra vez al mar. El mundo geológico fue ensayando y aprendiendo a hacer ríos y valles,  lagos, cañones... . Millones de años después, los hombres aprendimos a canalizar el agua para nuestro interés, pero antes tuvimos que aprender a canalizar nuestros propios pensamientos.

Cuando un niño recién nacido llora caóticamente por el hambre o el dolor; aún no ha aprendido a canalizar sus pensamientos y sus expresiones. Dentro de nuestro cerebro hay un importante caos y aprendemos ordenar las sensaciones que recibimos y a canalizar nuestra comunicación con el exterior de la misma manera que yo ahora canalizo el orden de las letras del teclado del ordenador para expresar mis ideas.



Esta reflexión la tuve en Madrid, adonde llegué siguiendo un orden dentro de una enorme red de alineaciones del caos. Miles de caminos y carreteras, millones y millones de piedrecitas con asfalto arracadas en su día de las rocas y molidas, todas alineadas por la inteligencia humana por orden de un político o un ingeniero de caminos, para que yo condujera mi coche hasta la casa del amigo donde nos alojamos.

Luego nos metimos en el metro, que es una sensación que mi alma de paleto hacía tiempo que no disfrutaba. Ahora lo hemos hecho a través de la emoción descubridora de nuestra hija, maravillada ante tantas escaleras eléctricas y transbordos, con los espectáculos adicionales de los músicos,  vendedores ambulantes, repartidores de estampitas..., pero, lo más impresionante: es otra red de canalizaciones, montones de personas que van y vienen y vuelven a venir,  vagones llenos, cada cinco ó diez minutos, toda la gente igual de caótica, conducida por la razón y la técnica a destinos que no dicen nada como Nuevos Ministerios, Legazpi, Príncipe de Vergara o Pirámides.



Emborrachado de tanto canal, estábamos en la populosa calle Princesa y le pregunté a mi amigo ¿cómo es posible que mi madre me haya querido llamar y entre los cientos de miles de teléfonos móviles que había por allí haya encontrado el mío?

No sé si lo he entendido bien, pero el día estaba más propicio que otros para comprender este misterio. A ver si os convence:

En Madrid hay cientos de repetidores de señales de telefonía móvil. Todas tienen un número limitado de líneas por las que circulan a una velocidad increíble millones de señales que sólo son “abre corriente, corta corriente (eléctrica)”. Todas están codificadas y contienen combinaciones de estas dos únicas variables. En una de esas líneas no es que vaya únicamente mi conversación; circula una tira enorme de todas las conversaciones que caben, dividiendo cada segundo, por ejemplo, en varios millones de partes. En esa tira organizada, irían el número de teléfono y la comunicación de sonidos que se produce en ese segundo en mi conversación que ha identificado mi terminal, y consecutivamente otras cien personas (por ejemplo) más.

En el mismo segundo, en cada segundo de cada conversación que se esté retransmitiendo por el repetidor, sigue una tira de todas las conversaciones de todas las gentes que hablamos bajo ese repetidor. Es decir en cada segundo que escuchamos el repetidor lo ventila y “echa de comer” una tira de “abra corriente, corta corriente” en una fracción mínima de segundo y nuestro terminal móvil lo identifica porque es un mensaje para él. Lo caza y entonces lo ensancha y lo pasa al altavoz, que lo que ha recibido en esa mínima fracción hace que dure un segundo y así todos lo demás segundos que dure la conversación. En suma, son pequeños mensajes comprimidos para viajar y que al ser descomprimidos nos dan la sensación de fluir, como el cine.





No sé si lo entendí bien o si lo he explicado aceptablemente. Escribo esto sólo por la higiénica costumbre de canalizar el caos de informaciones que pueden llegar a mi mente. Parece que, comunicándolo, consiguiera ordenar algo mejor mis pensamientos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

MEMORIA HISTÓRICA PARA ANTONIO JOSÉ MARTÍNEZ PALACIOS

Coetáneo de Federico García Lorca, nació  en Burgos cuatro años después que él ; y no le fusilaron hasta casi dos meses después (el 8 ó 9 de octubre del 1936)

Era un músico prometedor. Aunque no tuvo ocasión de ser un niño prodigio porque no era de familia rica (su padre era confitero). Necesitó que descubriera sus facultades el organista de una iglesia, por lo que su carrera fue muy tardía comparada con cualquier músico.

Le dio tiempo a componer una sinfonía, algún ballet, y bastante música para coro ya que, entre otras cosas, para vivir dirigía el orfeón burgalés. También fue folclorista.


Para mí, su obra más importante es su sonata para guitarra de 1933. La compuso a requerimiento del guitarrista (también burgalés) Regino Sainz de la Maza, que llegó a estrenar en público el primer movimiento de los cuatro que tiene. A principios del siglo XX, la guitarra tenía muy poco repertorio y los grandes intérpretes como Andrés Segovia o Sainz de la Maza perseguían a los compositores para encargarles obras que engrandecieran la literatura para este instrumento tan extraño en una sala de conciertos.


Me gustaría conocer las “causas” por las que  fusilaron a Antonio José en Burgos, donde no hubo, que yo sepa, resistencia alguna al “Movimiento”. Para más contumacia, desde el 6 de agosto permaneció encarcelado, así que su asesinato fue algo muy premeditado (mucho más que el de Lorca que le detuvieron y le fusilaron en un par de días). No fue obra de descontrolados, ni consecuencia de venganza en sangre caliente. (a no ser que hubiera habido algún sangriento bombardeo en Burgos por esas fechas, que propiciara la “saca”. Muchos fusilamientos, en los dos bandos, eran reaccionarios)

En cualquier caso, quienes pudieron salvarle, no tuvueron ninguna excusa para no hacerlo. En ningún caso no vale que no se enteraron. Todos los que fueron algo en aquellos momentos en el régimen franquista en Burgos (por lo que yo sé, muy bien asentado desde el principio) iglesia, militares, falangistas, tienen una clara responsabilidad ya sea por acción u omisión en la muerte de este artista.



Anteayer, 30 de enero de 2012, un concertista croata de 24 años, Mak Grgig, dio un magnífico recital en Béjar y nos tocó su Sonata. El guitarrista presentaba las obras en inglés y en algún momento entendí que definió esta sonata como “very important”.

Resulta que esta sonata ahora está considerada como una de las tres más importantes del siglo XX, junto con la del sevillano Joaquín Turina y la del argentino Alberto Ginastera.

¿Y por qué no se conoce? ¿Por qué no tiene más fama?

Pues muy sencillo, porque es una obra difícil, y porque no se grabó hasta los años 80 y tampoco se editó la partitura hasta los mismos años 80.

Sucede que su dedicatario, Regino Sainz de la Maza, era quien tenía el manuscrito; y quien se comprometió en si día con el autor a editarlo. Nunca lo hizo, y tampoco volvió a tocarla en público.

La encontró, entre los manuscritos que tenía en su casa Sainz de la Maza, un guitarrista Venezolano llamado Ricardo Iznaola, que por fin la tocó en público, la grabó, la editó y la defendió por el mundo, cuarenta y cinco años después del fusilamiento de aquel músico.

Uno se pregunta ¿por qué habiendo tan pocas obras para guitarra, Regino Sainz de la Maza  se guarda una de las mejores en una carpeta?

La guerra civil, el olvido, el machacar al contrario, la mala conciencia de los vencedores. ¿Tendría mala conciencia Sainz de la Maza porque no había movido un dedo para salvar a Antonio José? ¿Querría eliminar un competidor? Sainz de la Maza es un buen compositor para guitarra, aunque de obras más sencillas y fáciles para el público.

¿Tenía miedo de perder su "status"?

Sainz de la Maza, a pesar de haber sido amigo de Lorca, con quien mantuvo abundante correspondencia, era un franquista; y el régimen le bendijo manteniéndole en la primera cátedra de guitarra en el mundo, en el Conservatorio de Madrid. ¿Tenía tal prurito franquista que le salían sarpullidos si intentaba tocar la obra de un rojo?
¡Que historia mas mezquina!
Me gustaría estudiar y escribir sobre ello, pero antes debería terminar de una vez a mi libro.

aquí os dejo un enlace al último movimiento de la Sonata, http://www.youtube.com/watch?v=PlZ67mMAiEY&feature=related
y del guitarrista que vino a Béjar http://www.makgrgic.com/index.php?id=repertoire