Desde Châlus elegimos dirigirnos a Solignac, que también tiene llamativo recuadro verde en nuestro mapa. Pero teníamos hambre y este pueblo nos ofreció un hermoso merendero sombreado, donde paramos a comer. Durante todo el viaje nos han acompañado dos cajas de tomates y manzanas en el maletero, y nos hemos abastecido de vituallas compradas allí, patés, unos preparados de remolacha con mayonesa, pollos asados, ensaladas lavadas, fiambres, pan, cafés con leche refrigerados, queso, dulces, y por supuesto pan... en los supermercados.
Este pueblo nos brindó una mesa y unas sillas donde comimos opíparamente al lado de un canal mientras observábamos las bellezas que nos circundaban y que terminamos por animarnos a visitar. Juzgad si mereció la pena.
Los franceses tienen todo el agua que quieren para encauzar en canales y hacer otras obras hidráulicas que no acertamos a descifrar.Como también tienen mucha madera y saben trabajarla muy bien, elaboran apuntalamientos como estos para sostener edificios.
No sé si esto era un molino, pero había uno muy anunciado por los alrededores.
Restos de una fortaleza renacentista, porque por estas troneras se disparan fusiles y no flechas.
Una casita de chocolate
Imagino que esta casita de chocolate tendrá esta extraña forma buscando aislar el suelo de la humedad












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