Es un pueblo que se gusta tanto como nos gusta a los visitantes, coincidimos con un trío de turistas asiáticos, parecían tailandeses o de por ese sudeste, aunque en Francia también hay bastantes franceses de ese orígen. No cruzamos palabra por temor a no entendernos, pero estaban tan encantados como nosotros: eso se nota en un idioma universal que no tiene vocales ni consonantes.
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