No sé si soy más incrédulo que imprevisor. De vez en mucho, pero algunas veces, (la última en el libro que estoy leyendo de Luciano G. Egido) aparece un genio o un dios preguntando por tres deseos. Cada vez que esto pasa me paro en la lectura, o no me paro y sigo leyendo, pero un otro yo del que hablaba Galdós en su Fontana de Oro se bifurca y se pone a pensar en qué pediría yo mismo en el caso de que me ofrecieran tres deseos, porque si no lo tengo preparado seguramente no voy a elegir bien. De pronto, habiendo pasado dos o tres hojas del libro sin enterarme de nada mientras imagino y calibro qué sería más conveniente dado el caso, me detengo y vuelvo al lugar donde plantearon al protagonista de la novela con el que me identificaba, y vuelvo a tirar para adelante en la lectura, que es a lo que iba, pero sin saber ni dejarme claro qué respuesta dar si se me apareciera esa pregunta.
Y después de escrito esto vuelvo a la lectura del libro y os dejo a vosotros la cuestión para que, si sois crédulos, la tengáis preparada. También puede seros útil para jugar o plantearla en un parón de cualquier conversación de varias parejas, que se juntan por ejemplo en navidades, o cuando van de visita y sirven un café.
Yo no lo hago porque presumo de incrédulo y somos una pareja tan insociable que no concibo dónde o cuándo me podrían plantear este juego..
La verdad es que no me costaría nada tenerla preparada para salir airoso de una hipotética conversación en la que alguien, normalmente alguna mujer, lo planteara. Tengo un carácter anárquico, latino (en el sentido de latinoamericano, porque los romanos bien previsores y ordenados que eran con sus cardus y decumanus, con sus acueductos y alcantarillas) improvisador, fiado de mi inteligencia e ingenio, pero eso era antes.
Ahora, con la vejez, me obstino en disciplinarme: "un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio". Y a la fuerza, tras perder muchas horas de mi vida buscando las llaves, la cartera o el teléfono móvil, voy claudicando al orden a la imposición estricta y cuadriculada "germánica".
Cualquiera lo diría viendo el desorden de mi huerto, donde creo que yacen un par de gafas que perdí en alguna parte y que nunca han aparecido.
Hablando de gafas que no estaban en su sitio sino en un sillón, este año lo inicié después de que mi mujer se sentara sobre el único par que tenía, quebrándolas, comprándome un par nuevo, con gran felicidad porque así tengo de repuesto dos (ya que reparé la unión quebrada con cinta aislante).
Por cierto, con unas gafas nuevas se ve mucho mejor. He comprendido la palabra clarividencia.
Bueno, uno de los planteamientos para la próxima noche de insomnio ha de ser buscarme los tres deseos no para un genio que se aparezca, sino para una mujer que quiera plantearme esa lúdica pregunta de sobremesa, para salir airoso, y si cabe, seductor.
No es un objetivo tan ambicioso para 2026. A ver si lo conseguimos.
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