martes, 6 de enero de 2026

CONTAR

 

Contar es polisémica palabra en español, contar un cuento es una cosa diferente de contar números, hacer abstracción de la realidad, una contabilidad, reducir a un número.

Yo cuento, que también es polisémica. Porque soy tenido en cuenta por cada vez más gente; según las estadísticas de este blog que cuentan numéricamente las visitas es cierto que cuento, y es porque cuento cuentos, no el número de cosas. Me exhibo en esta plaza pública contando mi vida y mis impresiones de lo que veo, de lo que veo porque me gusta verlo para mí, y por lo que veo porque me gusta ver para contarlo. La autobiografía que empezó a escribir Gabriel García Márquez se llama Vivir para contarla; me parece un título perfecto, adecuado para mí actualmente. Claro que hay muchas más cosas que vivo privadamente, pero lo público -lo que publico-, avanza en mi existencia cotidiana compensando y conformando lo que quiero o puedo ser para mis lectores.

Puede que esto sea lo que les sucedía a los abuelos cuando los nietos les escuchaban sus batallitas, sus parábolas, sus cuentos. No sé si mi hija me dará algún nieto, mis hermanos no me han dado sobrinos, yo no puedo estar tan orgulloso como luce mi abuelo a una edad aproximada a la mía cuando ya tenía siete nietos y podía sospechar como sucedió que iban a venir otros siete más. Porque él sabía que su vida seguiría, y que podría haber gente de su sangre que se identificara con ese antecesor cuando viera esta foto que le hizo su hija (mi tía Toñi era la que tenía cámara fotográfica) a la puerta de su casa.


Mi abuela Macrina tiene en brazos a mi hermano, mi abuelo Baldomero me agarra de la manita. Se aprecia que fui un niño feliz.


Mi abuelo me contó algunas cosas. Estuve un verano trillando con él y mi abuela: era muy fácil, y nada trabajoso, para un niño de diez años evitar que las burras se salieran de la parva, y conducirlas para que pasaran insistiendo por donde no estaba todavía bien trillado. Recuerdo que la última vez que hablé con él en 1977, -tenía yo doce años-, estábamos sentados a la lumbre, y me contó de la guerra, él tenía simpatías por los republicanos aunque le tocó hacerla en el bando nacional, y la hizo lejos de los frentes cuidando prisioneros y tareas con menos riesgo, porque ya tenía tres hijos. En el 77 estaba llegando la democracia y supongo que le apetecía hablar de aquello, ya que se podía.

Siempre he dicho que mi afición por la guerra civil viene de aquella conversación iniciada, porque después fui leyendo y preguntando a más viejos si se terciaba. Y cuando llegué en 2006 a Mombeltrán  y al barranco de las Cinco Villas, me encontré una historia que contar, aparejada con tiempo para emplear en investigar. Me compré una grabadora y, cuando el motor se fatigó de dar tantas vueltas a las pesadas cintas de 90 minutos, adquirí, una grabadora digital.

En ello estuve durante cuatro años intensamente, por eso llamé así a este blog que nació en 2010, y mi vida fue viviendo otras batallitas que contar con palabras y con fotografías. 

Sois los nietos que no tengo.

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