A comienzos de los noventa, cuando Irak invadió Kuwait, mi padre sentenció, "vas a ver tú, los americanos le van a dar "pal pelo" y ni se van a arrimar". Arrimar es un verbo que en su acepción taurina implica jugársela, comprometerse, ensuciarse las manos. En Venezuela ahora los americanos tampoco se han arrimao, han ganado como en aquella primera guerra, por superioridad técnica abrumadora.
Pero Sadam Hussein siguió y su régimen también, y tuvieron que inventarse la segunda guerra del golfo, con invasión incluida y varios miles de soldados muertos, la mayor parte tras la ocupación, precisamente por arrimarse, por enfangarse, jugándosela. Salieron escaldados.
Trump parece que no es tonto, no quiere perder guerras, -ni siquiera recibir féretros envueltos en la bandera- y por eso las quiere jugar con el mando a distancia, o tirarse faroles. No sé si se hace el niño caprichoso, en este último emperramiento senil. El abusón que quiere robar el bocadillo en el recreo. No creo que gane, no creo que, como europeos, nos dejemos abusar. El peligro de un hombre así es que gobierna no para su pueblo (está haciendo quedar mal a todos los estadounidenses con esto de Groenlandia, que no pedía pan ni daba guerra a nadie) sino para pasar a la historia, y si se merienda Groenlandia, pasará a la historia porque desde la guerra de Cuba Estados Unidos no crece más territorialmente.
Y no es una medalla que han dado a una señora, que también se le antojó, y ha tenido que regalársela.
Hay un décimo mandamiento que dice "no codiciarás los bienes ajenos", este hombre es codicioso. Y además pesado, yo creo que está senil. El problema es que no escucha a nadie, en la historia y en la antropología se habla de los "consejos de ancianos", pero siempre son órganos colegiados.
Parece que el vejestorio se ha vuelto a echar atrás con los militares y con los aranceles, pero vaya tres añitos que nos esperan de aprender geografía.
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