Desde el curso 1.975-77 hasta el 77-78 asistí mediante transporte escolar a una escuela de agrupación rural al colegio San Esteban de Ávila. Por las mañanas no había problema de matonismo porque las clases tenían unos ventanales desde donde nos podían vigilar los profesores durante el recreo. Jugábamos duramente a juegos duros como Humi, o Pico-Zorro-Zaina, pero nunca hubo peleas en el recreo, sí en las clases cuando se ausentaban los profesores, también a la salida durante el trayecto hasta el autobús, yo participé en algunas de ellas con diferente resultado, pero nadie abusó de mí.
Aunque existía una zona de patio no vigilado en las escuelas de abajo, donde teníamos el comedor escolar. Íbamos allí todos los días, ya que había jornada de tarde. Ahí imperaba la ley de la mafia, muchachos repetidores, (mayores y más burros) que fumaban, que abusaban de los débiles, les pegaban patadas, les retorcían el brazo, les escupían, les mandaban recados humillantes... conmigo no lo intentaron nunca pero reconozco que había que apartarse y yo me apartaba los primeros cursos, en el último no me aparté nunca, porque ya era de los grandes y nunca he sido flojo. La vez que más me aparté de ellos fue cuando uno trajo una navaja automática, un estilete, y la sacaba en el grupo dando al automático para presumir, era una navaja con hoja de más de cuatro dedos (ilegal) y estuvieron haciendo el tonto con ella y hasta que uno de ellos, siguiendo el juego, dio como una patada de kárate en la mano del que la esgrimía y la navaja voló hasta clavársele en la barbilla, con una escandalosa hemorragia.
El patio de abajo de San Esteban de Ávila era, durante hora y media una ciudad sin ley y todos menos los matones sufríamos ese tiempo esperando que pasara sin tropiezos y sin que les diera por tocar las narices a quienes se les metieran entre ceja y ceja. Repito que a mi no me tocaron, pero sí sufrí viendo sufrir muchos abusos e injusticias, aunque nunca me rebelé ni dije nada que ellos pudieran oír; hubiera sido provocarles y que quizá la tomaran conmigo.
No he vuelto a ver nada parecido hasta ahora con Putin y con Trump (con este descaro al menos), y hay que callarse porque a la mínima te sueltan una hostia y te quedas con ella.
A ver si pasa pronto, porque ya somos mayorcitos para aguantar esto.
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