Ya escribí aquí que temía por Venezuela, porque no concebía que se pueda ordenar retirarse a 10.000 ó 20.000 hombres que mandas a una guerra, diciendo "era un amago; iba de farol". Me temía destrucciones a lo Putin, pero sí que parece haber sido una operación "quirúrgica" en términos militares. No se han destruido edificios civiles, ni puentes, ni puertos: ha sido como el jaque mate del pastor en el ajedrez: entrar en su casa hasta la cocina a capturar al Rey negro. Podrían haber matado a Maduro, pero se lo han traído vivo para que dijera "feliz año nuevo" a los funcionarios que le recibían en Nueva York; un payaso miedoso, nada parecido al gallardo Salvador Allende que se suicidó al verse copado, después de soltar un hermoso discurso, que sin duda estaba escrito "por si acaso", para quedar en la historia.
Desde las diez o las once de la mañana se venía diciendo (más noticias no había) que Trump iba a aparecer a las cinco de la tarde (hora española) y, por primera vez, yo tenía interés en escuchar lo que iba a contar este señor. Conecté la televisión a las cinco menos diez, y los analistas, dale que te pego, a masticar los escasísimos datos, todos proporcionados por el ejército estadounidense.
Pero llegaron las cinco y un minuto, y diez y los analistas seguían y solo salía un atril vacío, a y cuarto me marché. "Este es un tipo impresentable de los que le gusta hacerse esperar". Gran parte del mundo estaba aguardándole, y él lo sabía y, lo mismo que pide el nobel de la Paz, (no creo que nadie lo haya pedido en voz alta para sí mismo) se comportó como el niño mimado, como el señorón "miscojones", como lo habría hecho Calígula: faltando el respeto a todo el mundo compareció media hora después.
Según mi mujer, que tuvo la paciencia de quedarse, buena parte de su discurso fue a remachar lo estupendo que él era a diferencia de otros presidentes americanos anteriores: otra falta de respeto al mundo entero que le escuchaba. Pero lo más grave es que, celoso del premio Nobel para Mª Corina Machado, la ninguneó y ahora prefiere a la vicepresidenta de Maduro de nombre Delcy González; o sea que nada de democracia, que él personalmente convalida el recuento fraudulento de las elecciones presidenciales del año pasado y que los venezolanos no han tenido ni tienen nada que decir de su país, ni de su petróleo, que es de las compañías estadounidenses; vamos, que es suyo.
¿Cómo quiere que salga la gente a las calles a que le maten para recuperar su país, cómo quiere que apoyen esta jugada, jugándosela, para que les nombre a quién a él más le convenga, para conceder que es suyo el petróleo venezolano?
Él es quien ha ganado las elecciones de USA y a un viejo que acaba de ganarlas a los ochenta años, no le tose ni le enmienda nadie, solo le hacen la pelota. Los estadounidenses han puesto en sus manos al mejor ejército del mundo, y lo va a emplear como le convenga a él mismo.
Lo que ha dicho de Venezuela es ética y estéticamente reprobable, no tiene un pase; como merendarse Groenlandia, ¿Por qué él y no Canadá que es quién está cerca?
Respecto a decidir él a quién quieren los venezolanos voy a pensar también que pueda haber algún tipo de celada ajedrecística. Está claro que ha sido muy fácil tincar a Maduro, ha tenido que haber ayudas, traiciones, y ¿Quién se beneficia de la caída del sátrapa encarcelado? el ejército venezolano ha quedado en ridículo al dejárselo quitar, la agraciada es Delcy Rodríguez, ¿habrá sido gente de su entorno la traidora?
Quizá Trump haya dado "el abrazo del oso" a Delcy, y ahora alguien resentido o mosqueado la quiera derrocar y haya gresca. Propiciar que los lobos se eliminen entre sí es muy inteligente.
Lo que no es inteligente es decir Venezuela, (o el petróleo venezolano) es a partir de ahora mío y hago lo que me da la gana con todo ese país.
Venceréis pero no convenceréis. Miguel de Unamuno
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