La primera piedad que soy consciente de haber admirado rendidamente fue la de Miguel Ángel en el Vaticano. Sucedió en agosto de 2014, inolvidable a pesar de que la encontramos protegida por una mampara de metacrilato; hacía poco tiempo que había sufrido el ataque de un loco con martillo.
Bien se sabe que los italianos quieren mucho a su "mamma", pero los franceses no la quieren menos; en casi todas las iglesias se celebra el amor-dolor maternal y nosotros las fotografiamos con dedicación. Ya he escrito por aquí que tuve un amigo que era fraile marista, y que esta imagen le conmovía especialmente; en alguna conversación o correo me habló de la "ventaja" (estoy simplificando mucho) del catolicismo frente a otras religiones porque posee la dulzura de María, de la madre, de la mujer que suaviza la idea de un dios masculino, serio, hierático, coercitivo, glacial.
En Lectoure
Ahora presento dos madres jóvenes bienhumoradas, exultantes, juguetonas, con niño travieso la segunda, que ya me enamoró hace seis años; están en la catedral de Poitiers.
Es preciosa esta iglesia por eso repito las fotos, ¡Qué lienzos de mármol!
Una de un seguidor de Leonardo en el castillo de Bloise
Otra quizá más moderna: la virgen muy hermosa, pero el niño regordete y desconfiado estropea un poco el cuadro. A lo mejor fue el retrato de un hijo del que lo encargó.
y termino en Montauban, donde la virgen se queja al altísimo. Uno tiene el esquema de que si la virgen es la madre del Hijo, será la mujer del Dios-Padre y claro que entiende que por mucho que fuera necesaria la redención, se pasó de sangrienta y de dolorosa, y eso a una madre le duele mucho más.















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