sábado, 29 de noviembre de 2025

El viejo crimen pasional

 Estoy leyendo, por primera vez en mi vida, casos del comisario Maigret, de Georges Simenon. Me gustan. Se leen fácil porque no tienen una palabra de más y lo explican todo con bastante claridad, en esta economía no me pierdo nunca y también imagino claramente los escenarios y a los personajes que describen. Las dos novelitas que he leído se desarrollan en París, lo que me place, pero además hay referencias a otras partes de Francia que he ido conociendo últimamente, lo que es otro placer añadido.

En algún momento de los dos crímenes cuya investigación ha pasado ante mis ojos se ha especulado -y descartado- que fuera un "crimen pasional". Antaño ésta era una categoría benigna o menos mala, de un crimen, algo no disculpable pero caballeresco, producto generalmente de los celos producidos por el amor. Entonces resultaba mucho más vil matar por una herencia o para robar, o porque alguien había delatado o revelado secretos.

Ahora los crímenes pasionales son eso tan apestoso que ahora se viene en llamar "violencia de género". Esta tarde abrían los informativos de Radio Nacional con uno. Yo estaba buscando noticias de Venezuela, o de unas inundaciones muy graves que ha habido en el sudeste asiático o los incendios de los rascacielos de Hong Kong.  Pero en determinados medios de comunicación de España los antiguos crímenes pasionales siempre ocupan la cabecera con escándalo e indignación. Puedo añadir por mi parte que resulta raro que en los dieciséis días que hemos visto noticias en Francia nunca hayamos encontrado noticias de esto, y no creo que sea porque no haya sucedido ningún caso. A primeros de octubre en los informativos franceses se habló muchísimo de Sarkocy y su ingreso en prisión (la primera vez que sucedía que un expresidente de la República fuera condenado y entrara en la cárcel, por cierto atacando duramente a los jueces que le condenaron, igual que pasa aquí) Esta fotografía la tomamos en una calle de Tours.


 he buscado la palabra de debajo RACAILLE: significa "escoria" que es esa parte de la hoguera de carbón que se hace una amalgama inútil y dura, que no calienta y que hay que extraer para que se pueda proseguir trabajando en una fragua para templar el metal, por ejemplo. (Esto no lo he buscado en el diccionario porque lo he visto hacer cientos de veces a mi padre cuando le ayudaba en la fragua).

En España estos casos de violencia pasional se visibilizaron con el horrendo crimen de Ana Orantes, señora malagueña que había salido en un programa de televisión denunciando los maltratos de su marido y al poco él la asesinó. La política informativa decidió a partir de aquello poner esta violencia en primer término y yo a veces pienso si no será o habrá sido un acicate para los homicidas el que saquen en primera plana de los "medios" su tremenda fechoría, la que antes se llamaba crimen pasional.

Suele reivindicarse con frecuencia que no hay que silenciar los suicidios, que hay que hablar de ello, que el tabú no debe existir, pero lo cierto es se producen muchísimos más que feminicidios, como cuarenta veces más, y no se termina de hablar. Nunca se abre un informativo con los suicidios y nunca se habla de los pormenores de los cuatro o cinco suicidios que hay diarios, hasta se pone sordina a los suicidios de los famosos.

Bueno, en las novelas de investigación policial no suelen salir los crímenes pasionales más que para descartar, porque en sí es un tema sórdido y carece de misterio interesante que desentrañar. Los suicidios sí lo son. Uno se pregunta por qué cada vez que conoce uno, y luego se hace más preguntas.

El libro "El Mito de Sísifo" de Albert Camus, que también estoy leyendo, comienza así:

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.

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