miércoles, 26 de noviembre de 2025

Al lado de una carretera, encima de un arroyo...

 Encontramos esta casona donde presuntamente vive gente feliz y confiada, aunque no podemos saberlo. Porque la felicidad tiene que ver con la salud y el sentirse querido, no con ser envidiado por tener y poder mantener un lugar así.


No quisimos acercarnos demasiado por no causar inquietud a los moradores de esta casita de cuento. La encontramos a doscientos metros de un pequeño pueblo. Demasiado sola para tener el amparo de la vecindad, y no ponía nada de eso de "proprieté privé, defense de paser" tampoco se ve ninguna cadena que impida pasar el puentecillo, ni salieron perros imponentes a gritarnos "esto es territorio de mis amos". No lo podemos saber, si nos hubiéramos adentrado a curiosear y admirar, a lo mejor la gente que vive aquí nos hubiera dicho, "¿voulez-vous regarder l'interieur?" o algo así, orgullosos de que apreciemos su herencia o su compra y su buen gusto para mantenerla, que comportará unos hermosos muebles y la elegante acumulación de detallitos decorativos tan francesa.

Pero no lo hicimos; a esta distancia tampoco comenzaron a ladrarnos, ni nadie salió a hacer acto de presencia para estorbar e intimidar nuestra osadía.

Mucha gente, y, sin ir más lejos, esa misma encantadora mujer fotógrafa, no sería capaz de dormir tranquila rodeada de tanta incertidumbre. Cualquier ruido, coche o animal que pasara y todos los pensamientos acumulados (se me ocurre el libro o la película de "A sangre fría" sobre reportaje de Truman Capote, pero hay cientos) le producirían una inquietud insoportable. Pero los dueños, o las autoridades urbanísticas, no conciben que una cosita así de hermosa ahora se tapie se valle, se llene de carteles de compañías de seguridad y de "defense".

Lo bueno de un país próspero es que las personas confiadas pueden permitirse este lujo de no vallarlo, y nosotros de merodear admirativamente. (A lo mejor hay cámaras que nosotros no vimos, y alguien dentro, armado como un estadounidense, pero es más bonito pensar que viven en la confianza de que la gente nos respetará, y además será educada, al fin y al cabo estamos en la Dordoña que es un paraíso).



Qué encantadoras sobremesas, con lo que les gusta a los franceses tomar cafetitos...

Estas fotos son de los alrededores, a la altura de ese poste que se ve a la derecha está la carretera.



En la carreterita que veis hacia la casa mi mujer encontró un merodeador que no había tenido mucha suerte en su acercamiento.


  

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