Después de Cahors nos dirigimos al norte, a buscar la hermosa Dordoña que es uno de los corazones estéticos de Francia. Al menos, a nosotros nos llegó al corazón el año pasado y por eso la describo así. También creo que este que veis ahí abajo es el río Dordogne.
Y después llegamos a Souillac
Era domingo y el pueblo de Souillac, que figura recuadrado de verde en nuestro mapa Michelín, a las dos de la tarde parecía tan fantasmal como Madrid en la película "Abre los ojos" de Amenábar.
En casi todos los pueblos franceses hay una plaza cubierta para resguardarse de la lluvia cuando se desarrollan los mercados de productos agrícolas, costumbre apreciadísima en nuestro vecino país.
Supongo que también se harán en este lugar las verbenas, y la gente también lo utilizará como paseo público cubierto mientras caen las lluvias.
Esmero en la limpieza y en los adornos florales.
Pero nadie por la calle, solo encontramos a una pareja de turistas norteamericanos también sorprendidos, pudimos compartir nuestra extrañeza en español porque ella lo hablaba. Supongo que a mí en cuanto abro la boca para intentar expresarme en francés se me manifiesta el español que llevo dentro; entonces suelen absolverme de mi perpetración.
No suele haber o están clausuradas las fuentes públicas para beber en los pueblos de Francia, y no es por la razón de que no haya agua de sobra.
Aquí sí que vimos a cinco o seis personas que habían salido del restaurante.
Esta iglesia fue desacralizada a primeros del siglo XIX .
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