No tenía ningún nombre para mí antes de que se nos apareciera en el mapa Michelín cerca de Tours y con un atractivo recuadro verde. Llegamos con prisa quizá sobre la una y media de la tarde con la idea de encontrar un pollo asado caliente, que luego combinaríamos con una bolsa de ensalada lavada y otros alimentos fríos: para ello atravesamos la ciudad en dirección al Carrefour.
Ya no había pollos calientes, (los franceses comen muy pronto) y yo traté de entenderme con una empleada, para decirle que si nos calentaba medio pollo; dije "je veux, un demí poluet chaud", y lo repetí varias veces, "chaud, chaud chaud" creí que lo metería en un microondas o en un horno, pero no lo hizo, lo partió y nos lo dio en una bolsa, después entendió por fin que nosotros lo queríamos "chaud" y nos dijo que no se podía encender ya el horno.
Nos sentimos como tontos, queríamos comer caliente, pero un pollo frío... seguimos comprando vituallas. Estuvimos a punto de pagarlo, (ya hacíamos cola) y comérnoslo a disgusto, con el disgusto de haber querido hacerlo bien. Hice lo que nunca he hecho: me di la vuelta y lo dejé en algún lugar algo refrigerado. Pagamos el resto de la compra y comimos frío las otras cosas que habíamos comprado. Luego busqué en el diccionario la palabra "chaud", pronunciada "chod" y es, efectivamente, caliente. Pero si la chica no me entendió podría haber preguntado a algún compañero, pues mucha gente en Francia habla español. No me sentí bien, pero creo que me hubiera sentido mucho peor comiendo un pollo asado "froid" con cara de tonto.
Volvimos a la ciudad, a disfrutarla con paraguas pues el pronóstico es que llovería el viernes tarde o el sábado como efectivamente haría.
Poco a poco, consumiendo belleza, se olvidan los malos tragos. El puente de Blois, que cruzamos varias veces, pues aparcamos el coche en la ribera sur, y todo el meollo artístico estaba en la norte, es precioso. Supongo que lo bombardearían en la segunda guerra mundial, pero no aprecié las costuras ni la parte nueva.
El primer objetivo era claramente la catedral que se ve en el centro.
Viendo todos esos coches que aprietan por entrar en las ciudades entenderéis que no busquemos el albur de aparcar cerca ignorando dónde hacerlo gratis.
La lluvia es hermosa pero también resbalosa. Teníamos que encontrar alojamiento aunque disponíamos de toda la tarde para ello, ignorábamos que Blois es un lugar preferido para alojarse porque está equidistante de Chambord, Chenonceau, Amboise. A la mañana siguiente encontramos a unos españoles de Palencia que nos explicaron esto de que era la base para visitar los celebérrimos castillos del Loira.







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