La gente quiere querer y que le quieran. Cuando uno nace y es querido como yo, como mi hija, como la mayoría de la gente, está preñado de amor. El amor paterno filial y viceversa es lo primero y principal; constituye la droga fundamental, queremos atención y que nos atiendan, el niño llora porque quiere teta, el hambre le hace protestar que no se la estén dando y a veces, de puro placer y empacho, el bebé se duerme con la tranquilidad del cariño y saciado.
El niño quiere juego, y también el adulto quiere volver a jugar como un niño. Lo demás es pura alimentación y fisiología, aunque hay poses y largos circunloquios que solo buscan amor, reconocimiento amoroso, suscitar envidias (que es otra forma de amar el querer ser envidiado).
Mi arte preferido, la música, es un deseo abstracto de proyectar amor, proyectar amor al universo, domesticar el sonido, armonizarlo, hacer contrapuntos, fugas, jugar (en francés y en inglés tocar un instrumento es jouer) queremos engatusar al mundo como el flautista de Hamelín y conseguir eso no tiene precio, -aunque uno quiera que le paguen su dedicación para vivir-, pero Bach y Beethoven y Piazzolla y Gentil Montaña y Silvio Rodríguez hicieron su música solo por amor; para que los quisieran más. Cualquiera que escuche música de Tchaikovski como estoy haciendo yo ahora mismo, sabe que ahí no hay cálculo de beneficio, solo amor, amor expansivo, exultante.
Todos tenemos que tener amor artesano por la obra bien hecha y nos gusta que nos aprecien y que nos feliciten por ello. Claro que hay garrapatas en todos los sitios, pero no son felices trabajando solo por dinero; están amargados y amargan, sirven mal. Seguro que no les quisieron de niños.
Mucha gente hoy no encuentra a quién se deje amar. Seguramente esto pasó siempre y han sucedido muchos matrimonios de conveniencia, las mujeres necesitaban salir de casa con un marido que trajera dinero al hogar, porque no había trabajos remunerados para ellas. Habiéndolos hoy, no existe necesidad de sometimiento, también hay lavadoras automáticas y comidas preparadas, por lo que los hombres tampoco necesitan como antes una "mujer" en casa que les atienda. Es por eso que no hay tantos matrimonios como en tiempos pasados.
Hay mucha gente sola. En los cruceros pensados para juntar gente los llaman singels.
Pero seguimos con la necesidad de querer y que nos quieran. Los perros y gatos son el sucedáneo contemporáneo de ese amor. Nunca ha habido tantos en España. En el supermercado que yo voy creo que hay tantos anaqueles dedicados a perros y gatos como a comida para niños y pañales. La próxima vez que vaya procuraré fijarme para compararlo.
Una ventaja de los perros y gatos es que a los quince años se mueren, con lo que desconocemos las emergencias adolescentes que afloran tan conflictivamente en el género humano.
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