Como todo el mundo, los franceses adoran a Leonardo da Vinci. A diferencia del resto de la humanidad, ellos se quedaron con él, y con su enigmática pintura La Gioconda de la que nunca se separó el artista, que junto con otras de este pintor más fáciles de ver de cerca, son lo principal del museo más importante del mundo: el Louvre.
Francisco I, que tuvo batallas en Italia contra los españoles, se encontró con el genio en Milán, y lo fichó para su corte. Le atribuyen muchas obras geniales, como el diseño de la fantástica escalera doble de Chambord, que es para experimentarla porque yo no la comprendí y eso que lo intentaremos, cuando lleguemos allí.
Francisco I instaló a Leonardo en un castillo muy querido por él que estaba en Amboise, allí murió a los 67 años. Este cuadro representa la mítica muerte del pintor con el rey entorno a su lecho, recogiendo su último suspiro, cosa que es incierta, increíble, porque un rey no está para esas cosas. Metafóricamente lo escribió el pintor Vasari que es más conocido por escribir biografías de artistas italianos, que vino a decir algo así como que al final de su vida Francisco I acogió a Leonardo y de ahí que un pintor, años después pintara esta "instantánea", que se conserva en el castillo, que no es más creíble que las cosas increíbles que nos enseñan ahora elaboradas por la inteligencia artificial. Existe otra "instantánea" del mismo tema pintada en el siglo XIX por Dominique Ingres.
Y en los jardines del exterior también tenemos otro altar, para que los admiradores y los que quieren decir yo estuve allí, puedan hacerse más fotos con él.
No murió en este palacio y fue trasladado a una capilla de este recinto palaciego, todo el mundo hace esta foto, y nosotros no fuimos menos, más teniendo un blog.





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