jueves, 12 de febrero de 2026

La Inmortalidad de los comunes.

Mucha gente quiere la inmortalidad, dejar una huella que otros reconozcan, que no les olviden o que alguien pueda recordarles. Uno de los lugares más visitados del mundo son las pirámides de Gizeth, así que el faraón Keops y los otros dos lo consiguieron, incluso consiguieron hacer atractivo su país, adonde millones de personas acuden a maravillarse y hacerse una fotografía; además, hace mucho tiempo que la gran pirámide es la única de las siete maravillas del mundo que permanece. Otra de ellas fue el Mausoleo. Pero también el ejército de Terracota en China, y voy a destacar también la inmortalidad mundial la obtuvo la dedicataria del Taj Majal, el monumento más famoso de la India.

Recientemente, consultando la biografía del ciclista francés Laurent Fignon, supe que, no contento con haber ganado dos tours de Francia, quiso ser enterrado en el cementerio de las celebridades de París: el del Padre Lachaise. Allí también está Frederic Chopin, que era de padre francés y aunque  quiso que su corazón fuera enviado a una iglesia polaca, sus prodigiosas manos se quedaron en el famosísimo cementerio  donde cobran por entrar. Además, estaba en 2015 en el abono de los monumentos junto con el Louvre, Versalles, la Saint Chapelle, el Orsay, el Museo de Pesos y Medidas, el Panteón (otro cementerio de famosos) y el Petit Palais,  por ese motivo fuimos allí a ver a un montón de gente aunque los más conocidos eran Oscar Wilde y al roquero Kurt Cobaine, que no sé por qué es de lo más visitado.

Sabéis que somos bastante necrofílicos monumentales; solemos entrar de vez en cuando en algun cementerio a admirar el arte funerario. Destacamos el de Comillas en Santander y un par de Oporto. Nos decepcionó algo el tan afamado de Luarca en Asturias adonde os llevamos el año pasado, aunque hace mucho tiempo habíamos ido devotamente al cementerio civil de Madrid a pesar de que no encontramos tras varias vueltas buscándola, la tumba de Pío Baroja.

En lo que resta del presente viaje francés no vimos, por lo tanto no veremos, ningún cementerio más.

Quería decir que existe otra manera más sencilla de adquirir inmortalidad por unas décadas para la gente corriente y es enterrarse en un pueblo, por ejemplo en el mío, que es Cardeñosa. El cementerio es un lugar muy visitado por viudos y viudas y por deudos en general; hace cinco o seis años di yo una vuelta con mi padre  y recordamos a mucha gente (mi padre más porque conocía a más y me los recordó a mí). El cementerio tiene más habitantes conocidos que el pueblo en la actualidad y aún antes del uno de noviembre, la gente se acerca a limpiar y florear sus tumbas y seguramente a dar una vuelta por la historia sentimental y vecinal de su pasado. 

Ahora, sospecho que por economía, está de moda incinerarse, con lo cual el recuerdo desaparece físicamente, y desgraciadamente la memoria aguanta muy poco entre nosotros. La manera más práctica de quedar era en forma de nombre lapidario en un pueblo pequeño donde conozcan a tu familia. Quedarán los extraños nombres de nuestros ancestros, pero quizá no los nuestros.

¡Qué sería de los faraones sin pirámides y valles de los reyes! ¡Qué sería de Egipto y su cultura si no hubieran invertido en esto!


No hay comentarios:

Publicar un comentario