Uno ama los sitios donde personas dejaron edificado amor para que en nuestros viajes fuéramos a enamorarnos.
Este blog da fe que lo hacemos.
Pero hoy mismo veo por esta pantalla que algunos lugares están padeciendo los excesos del tren de borrascas.
Empezaré por Marmande, a la vera del río Garona en Francia. Toulouse y Burdeos están a punto de inundación, pero en una parte de Marmande ha sido ya consumada.
En Grazalema (Cádiz), hace no mucho, dormimos y pateamos sus calles inclinadas que se han convertido en arroyos. Parece que el suelo podría ceder originando algún socavón porque el subsuelo está muy lleno de cuevas que podrían ser debilitadas por la inusual precipitación. Es la noticia de España y ha estado completamente evacuada su población.
En Coimbra (Portugal) también dormimos y paseamos las riberas de su espléndido río Mondego.
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Un Guardia Civil que había servido gran parte de su vida en Vizcaya y tubo que socorrer en varias inundaciones me decía que sí, que lo del fuego resulta terrible porque no se ve venir y llega con llamas de escándalo, pero lo de las inundaciones es de una impotencia tremenda porque ves como va subiendo el agua y va devorando y anegando cosas poco a poco pero imparable, y a él le tocaba sujetar a la gente que lo estaba sufriendo dramáticamente. Que uno no se hace a la idea de lo que es ver eso en los ojos de las personas que sufren el despojo.
Aquí en Béjar llevamos ya dos días sin lluvia, en este "tren" de lluvia y viento, el agua nos descubrió dos goteras que han dejado su señal y su humedad en nuestra casa.
Ya sé que esto es una tontería, pero no me lo esperaba y ahora habrá que actuar.


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