Hace un tiempo en los Facebook de fotos de mi pueblo se puso de moda poner imágenes retocadas en los que las calles brillaban como mojadas y las piedras con los colores tan subidos que parecían estar recibiendo la luz del atardecer, o ser un cuadro. Por mi parte nunca he querido que mi cámara mintiera porque me parece que debía encontrar las fotos más bonitas de los paisajes buscando encuadres, luces, nubes...
Las fotos siempre han sido un poco mentira: una selección que hacemos buscando lo más armónico, lo más resultón. Posamos y hacemos posar hasta a los paisajes. Hablando de posar: últimamente las adolescentes posan como nunca, se estudian, también se maquillan (parece que las influencers trabajan mucho ese oficio) se falsifican.
En otro orden de mentiras, a mí me da asco la pornografía dura de luz y de primeros planos de grandes pollas y grandes tetas, y un ritmo machacón, y corridas en la cara, y tipos cachas que son el limpiador de la piscina o el cartero sin diálogos ni argumento, sin pretexto. Como cuando empecé a curiosearlo (he visto muy poca y nunca películas enteras, lo que me excita puede ser el cine italiano de los años 70, porno blandísimo centrado en el cuerpo de Laura Antonelli, concretamente mi preferida es la película Malizia) ya sabía o estaba a punto de saber lo que eran las relaciones sexuales de verdad no me he visto influido por ello. Pero es posible que cualquier adolescente impúber tenga acceso a las gargantas profundas y folladores empotradores donde se ve todo lo invisible de los rozamientos; -no sé si por entonces me di cuenta de que los testículos son/eran los únicos -testigos- del acto sexual, pues antes de que se inventaran las cámaras nadie que participara podía ver eso). Puedo decir que eso es mentira: el sexo no es eso, pero mucha gente curiosa (¿Quién no lo es en la adolescencia?) pensará que es así, y puede que le decepcione que su novia no tenga esas grandes tetas, y ella que él tenga un pene ridículo al lado del bombero o del limpiador de piscinas de la película.
Pero últimamente, con esto de la inteligencia artificial, nos ofrecen visiones de paisajes o de ciudades tomadas con drones y embellecidas con efectos y colores que no son posibles de ver en la realidad turística. Que son bellas las ciudades, los puentes, las catedrales, al natural es cierto, pero es posible que quien vaya a cualquiera de ellas ahora se decepcione si antes ha visto un elaborado de esos. Ayer vi uno sobre la ciudad de Salamanca preciosa en semirruinas y con vegetales colgando, además una chica tocando la guitarra acústica, dicen que imitan los fondos de los videojuegos. Hoy le han mandado otro de la misma factura sobre Ávila a mi mujer.
Reconozco que se hacen cosas bellísimas y que si uno se deja llevar son adictivas. Pero yo prefiero ignorar la mentira y saber la verdad.
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