Hace dos días escribía yo que el expresidente Zapatero había apañado esos dinerales para sus hijas, dando por sentado que un tío de sesenta y bastantes ya no tiene tiempo de vida para gastar para sí esos millones.
Yo lo siento de esta manera en mis sesenta y uno: que ya no necesito casi nada, que con poco me arreglo. No comprendo esas ambiciones. Tengo todos los libros y partituras que necesitaría hasta los 120 años, y además ahora es muy fácil conseguir gratuitamente todo lo que quiera en este campo cultural.
Claro que necesitaría muchísimo dinero, todos vamos a necesitarlo si al final tenemos que pasar 10 ó 12 años en una residencia donde nos limpien el culo "de luxe", ¿para eso lo querrá Zapatero?
El problema mío y de los de mi edad es el tiempo, que ya se ha marchado el mejor. Los ajedrecistas a partir de los 35 años ya se encuentran en la tercera edad. ¿Cuántos años lleva retirado Kasparov? Creo que ya he dicho que actualmente no me concentro al leer, me patinan las neuronas.
Según voy revisitando Francia para el blog me cuesta creer que haya estado allí, de noche en Chartres por donde anduvimos, o en Sos del Rey Católico, o en Auch, o durmiendo en el coche en Cahors o Tours. Con 61 años recién cumplidos esta paliza continua, ese no parar, parece que tiene muy poco que ver con al actual Juan de primavera, pasivo, que aguanta poco cavando para remover la tierra del año que viene o escardando las hierbas que compiten con mis patatas o mis tomates, y que se predice "algún día dejaré de sembrar huerto".
Bueno, aún no me lo creo aunque me lo escriba aquí como un conjuro; muy mal tengo que estar para no tener fuerza y ganas de cultivar. Esta primavera he trasplantado manzanitos surgidos de pipas de manzanas que comí el otoño pasado aunque algo agorero me dice que puede que no coma las manzanas que lleguen a dar.
A lo mejor es astenia primaveral, o ese calorazo que ha entrado en España de repente. Por cierto, el tiempo metereológico sigue siendo noticia todos los días al final de los telediarios: hace una semana atravesábamos un frío inusual para estas fechas, y ahora también es un calor exagerado para estas fechas. Parece que necesitemos asombrarnos de las variaciones estadísticas del tiempo: el tema preferido de conversación; así como el otro tiempo, el gastado, el que nos ha llevado a la impotencia y a la decrepitud, del que empezamos a "relatar" todos los viejos.
Disculpadme.
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