sábado, 16 de mayo de 2026

Impresiones musicales

Estaba esta mañana pelando patatas en la cocina cuando sintonicé el programa de Radio Clásica "Grabaciones Históricas" En la presentación  de las músicas el locutor carga las tintas con generosidad lo cual produce expectación en este oyente y ganas de disfrutar y concentrarse en la música. Casi siempre que estoy en la cocina la radio tiene que estar encendida, es más fácil prestar atención a un programa de política o a una entrevista, pero yo tengo grandísima afición y la música me atrapa fácilmente y me hace gozar.

Lo primero que escuché hoy fue la obertura de Romeo y Julieta de Tchaikovsky; no sabía que conociera tanto esa música. No la tengo en disco ni la tuve en cinta o sea que me la he aprendido de las veces que haya salido en la radio o la hayan puesto de sintonía o de música de fondo en cualquier programa de radio o televisión (tampoco me extrañaría que haya salido como banda sonora en alguna película). 

Me gusta mucho Tchaikovsky, -puede que sea el músico favorito de mucha gente sin saberlo-, pero no era consciente de que me gustara tanto su obertura Romeo y Julieta. Anunciaron que la iba a tocar la orquesta filarmónica de Nueva York dirigida por Leonard Bernstein, y me dije, este tío toca de todo y también "pierde" su valiosísimo tiempo y el de su carísima orquesta en una obra de la que yo (de verdad, además de bueno, me tengo por melómano y gran conocedor) no tenía conciencia ni recuerdo. Mientras sonaba divagué sobre la cantidad de grabaciones que hizo en su vida Leonard Bernstein, media vida grabando y haciendo conciertos didácticos para la televisión, otra media componiendo, y otra media viajando, aparte de leer estudiar y ensayar, otra media vida. Ya sé que no salen las cuentas, pero con los genios no salen nunca. 

No sé si he comentado aquí que tengo un DVD de la Misa Solemne de Beethoven dirigida por el gran Lenny Bernstein, (que creo que era además bisexual para completar ocupaciones) Es sobrecogedor, se produce en la sala del Concergebow de Amsterdam, y en el video nos sacan de preámbulo la sala abarrotada,  llena de público seguramente muy entendido en música, que espera devotamente al maestro. Los músicos, cada uno de ellos de lo mejor de Holanda, y los cantantes solistas y del coro, todos aguardando a un judío que venía de Nueva York con la partitura encuadernada que se ha estudiado, seguramente con la ayuda de su piano, (Bernstein era además gran pianista) y decidido qué iba a sonar más alto y más bajo, dónde se aceleraría el ritmo y donde se ralentizaría etc. y todos los que estaban en esa enorme sala y los que hemos oído el disco y visto la grabación pendientes de lo que ha decidido en su magín y sin consultar con nadie este maestro, y de seguirle en lo que puedan, ya como músico ya como oyente, incluso oyente a través de los siglos. ¡Qué responsabilidad! actuar ante tanta gente, también ante los músicos y ante los melómanos de todo el mundo, y soportar la comparación con Furwangler, con Kárajan y después con todos los que han venido y los que vengan.

Pues un triunfo para este humilde pelador de patatas, realmente la interpretación de hace más de sesenta años merecía todos los elogios emitidos y también mi  atenta escucha. Ha sido una gozada, Bernstein tuvo razón en programar esta obra y en decidir todo lo que decidió ordenar hacer a sus músicos.

Hace 45 años que compré en el rastro de Ávila una cinta de casete con al menos dos cuartetos de cuerda de Haydn El Emperador, (tan reconocible porque contiene el himno alemán) y otro que se llama La Alondra.  Oí la cinta muchas veces porque entonces estaba empezando y tenía pocas, y se la presté dos veces, (porque me la pidió una segunda) a mi amigo Luis Represa. Hace años que guardé todas las cintas, hace más que no oigo ninguna, y estoy seguro de que esa no la he escuchado nunca en el siglo XXI.

Nos invitaron a escuchar el cuarteto la Alondra interpretado por el Cuarteto Kodaly. Nada más escuchar las primeras notas supe que me lo sabía, y me lo sé entero porque esa cinta me gustaba mucho ¡Que placer!. Lo que es sorprendente para mi calavera es todo lo que ha pasado dentro de ella de la que algunas cosas que se olvidan,  pero también la cantidad tan inmensa de cosas que recordamos sin  acordarnos que nos las sabíamos. He escrito calavera, porque parece que eso durará un poco más de tiempo que yo, si no me incineran, y por ese contenedor vacío que un día tendrá solo aire, o tierra, han pasado millones de melodías que todavía con 61 años soy capaz de seguir; y todo aquello, lo que vi, escuché y leí será nada o aire cuando se me seque la vida, ¡que desperdicio! 

Así que valoro intensamente la música, agradezco mucho a los músicos que se molestaran en escribirla y publicarla. Es una fuente que se renueva constantemente del amor empleado en componer y en fijar en el papel pautado la música para que otros la revivieran para que nuestros oídos la descubrieran y luego la volviéramos a vivir siendo poseídos por ella.

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