lunes, 31 de agosto de 2026

Cultura con Mayúsculas

Me despierto en la madrugada del domingo sobre las cinco y engancho Radio Clásica para reanudar el sueño poniendo un tiempo de media hora en el aparato, para que se apague una vez conseguido mi objetivo. Pero escucho a la locutora que propone un trío de violín, violoncello y piano, que se estrenó en el año 2025, escrito por Albert Guinovart, llamado Trío Celebración, cuyo cuarto y último movimiento es un homenaje a Henry Purcell. Según lo escucho pienso cuánta gente estará ahora insomne, o trabajando -por ejemplo- de vigilante, o conduciendo un camión con esta emisora sintonizada.

La música que suena es buena, de calidad y de muy agradable escucha. Me imagino las horas de ensayo del trío, las horas de composición del compositor, y en el momento del estreno con público, y también en el de la grabación en estudio (no he oído aplausos al final -que normalmente los hubieran puesto-).

¿Cuántas veces se va a escuchar esta gran música?, tan bien trabajada y ¿Con qué calidad de atención? ¿Está dispuesta la gente a pagar por este concierto?, o tiene que ser gratis, porque hay cincuenta mil tríos desde Haydn, Mozart Beethoven Schubert Mendelsson Ravel... grabados en toda clase de soportes o escuchables en las plataformas musicales de La Red hasta incontables desconocidos músicos centroeuropeos que ya no pagan derechos de autor, y mundiales ya del siglo XX y XXI que compusieron tríos para esta formación tan clásica. 

En el siglo XIX había aficionados a interpretar que compraban partituras para entretenerse en ensayar y tocar para sus amistades y de eso vivían los músicos y los impresores, sin subvención alguna. Hoy creo que eso no es posible, en España al menos. Esta cultura tiene que ser subvencionada para que surja. La propia emisora que llega a mí, es un sumidero de dinero, y también lo son los teatros donde se estrenan estas obras. 

Hay tanta música que vale la pena por ahí, porque hay jazz y flamenco y músicas folclóricas y pop, y cantautores y bandas, y óperas, pero lo que no hay es tiempo para retener todo en las cabezas, y menos para pagarlo por lo que cuesta.

Por otro lado ¿Cuánta gente en el mundo utiliza la música clásica solo para dormirse? Una de las más importantes músicas Las Variaciones Goldberg de JS Bach fueron compuestas para que se durmiera un noble mientras su músico servidor tocaba para él. El rey Felipe V contrató al contratenor Farinelli para que le cantara y le durmiera por décadas, apartándose el músico de  su exitosa carrera teatral, para ganarse el dineral que le pagara la corte española. 

La música se utiliza últimamente también como runrún en los supermercados, en la radio, en los lugares donde se bebe. Mucha gente camina  en Béjar con unos cascos inalámbricos; no sé si oyen la política de la radio o un podcast de literatura, o reguetón: seguro que ninguno va oyendo esta maravillosa música y este igualmente extraordinario espectáculo audiovisual que yo os propongo ahora, que supuestamente pagan gente de mi edad que son el público de una ciudad alemana donde se han desplazado todos estos músicos franceses y argentinos con sus instrumentos antiguos.

No sé quién mantiene esto, o a Guinovart, pero, aunque se me hubiera podido pasar a mí sin disfrutarlo nunca, es una gloria al ser humano que exista.

 (no sé si me he explicado bien, pero algo quedará en vuestras cabezas lectoras y si no mirad que maravilla estética es la gran cultura)

https://www.youtube.com/watch?v=kOP7LH07RGg 

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