domingo, 30 de agosto de 2026

La Dama de las Camelias, o el amor loco.

Yo he sido bien educado, siempre consciente de las limitaciones económicas. Mi familia es clase trabajadora de pueblo, y muy ahorradora; de esta manera he vivido yo, por debajo de mis posibilidades: llegando con holgura a fin de mes, llenando la hucha cada vez más.



No le pasó esto a Armando, el joven amante de Margarita Gaultier, la dama de las Camelias. Éste es un niño pijo que llega a París, con su buen dinerito rentero de provincias y se enamora de una puta carísima, que a su vez se enamora de él y su romanticismo. El amor es muy bonito, pero si hay contigo pan y cebolla y, sobre todo, si no hay deudas. Pero una prostituta es alguien destructivo, que ha accedido destruyéndose, o siendo destruida. a un oficio peligroso, más en el siglo XIX, donde no había higiene ni medicinas. Margarita Gaultier vive derrochando en una carrera que normalmente acabaría joven exclamando que me quiten lo bailao, pero, a medio camino, encuentra un amor puro y está dispuesta a dejarse querer y eso es su amargura. Sucede que el niño pijo, no puede mantenerla, ni menos pagar sus deudas, el problema de no poder volver atrás. Entonces aparece el padre provinciano del niño pijo, que es quien envía el dinero, y manda parar.

Se cruzan desdenes y cartas. Se trata de una relación tóxica, que se dice ahora: un joven romántico con una mujer en la cresta de la ola que vivía derrochando como si no hubiera un mañana, porque ella lo vale, y otros riquísimos se lo pagan.

Podría ser  una parábola del estado del bienestar, o del cambio climático, o de la dejación de los europeos originarios por reproducirse; en cualquier caso, el final de esta historia nos lo han contado muy bien desde el principio, que me maravilla: resulta que la historia comienza con la subasta de los bienes de esta célebre meretriz, que ha muerto dejando deudas,  pero suscita mucha curiosidad malsana y los restos del naufragio que fue su vida se cotizan muy alto en París, sirviendo al final para pagar las deudas e intereses de tantos buitres como rodearon a la protagonista.

Es un libro recomendable para la formación de la gente. Un clásico. Yo no soy aficionado a la ópera y nunca he visto La Traviata, pero parece que debe estar inspirada en esta historia, que es un novelón y se lee como la mayoría del XIX, como beber agua.

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