domingo, 30 de agosto de 2026

Un cerro orlado de cipreses.

 Acercándonos a Medina de Rioseco se nos apareció este paisaje. Alguien tuvo el gusto de dibujarlo con la elegancia improductiva de los cipreses: esos árboles que, salvo de donde sean autóctonos, no hacen bosque más que en los cementerios.



Por supuesto, que para capturar esta rareza, tuve que andar y acercarme, desnudarlo de la compañía de los aerogeneradores y de sus cables de alta tensión.

¿Qué significado tuvo este cerro para quien se molestara en plantarlos en procesión? Puede ser porque en estas tierras tan llanas y cerealistas se siembre espiritualidad para aprovechar los baldíos.

No tenía tiempo de subirlo, pero en su coronación habrá una vista, quizá alguna señal más de su singularidad y escogimiento.

Alguien habrá escrito sobre él, tendrá su nombre, y, seguramente, hasta sus poemas, quizá hasta alguna asociación cultural, ¿aparecerá en internet? pero yo no voy a buscarlo, probablemente quedará más bonito en el misterio dentro de nuestras cabezas.

Lo que sí he buscado es "Ciprés" que viene de Chipre donde es especie autóctona (ahí sí habrá bosques de cipreses). Curioso que Chipre está cerca de otro pequeño país, el Líbano, de donde es otro árbol celebérrimo exportado al mundo entero: el cedro. Digo más, muchas guitarras se hacen con madera de ciprés, y otras muchas se hacen con madera de cedro; como para yo no estar concernido con estos árboles.




Obedientes y sumisos, los girasoles.

Dentro de un mes en Francia los veremos de otro calibre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario