miércoles, 26 de agosto de 2026

Por la estepa cerealista castellana

En los confines Sur y Este de mi pueblo -Cardeñosa- comienza la Moraña, que empalma con la Tierra de Árévalo, y esta con la Tierra de Campos. Lugares llanos, cerealistas, donde también se da la vid y, donde hay regadío, la remolacha aunque muchas tierras se van abandonando, y entran con fuerza los aerogeneradores y las placas solares.

Como todo paisaje tiene su emoción, uno imagina segar esto a mano y cientos de carros llevando haces a las eras. Hoy las cosechadoras -que son trashumantes-, comienzan en Andalucía y Extremadura, regiones más tempranas y suben a Castilla por las carreteras generales (por su escasa velocidad no pueden hacerlo por autovías) escoltadas por un coche que hace de señal, esto lo he padecido yo en 2003 cuando aún no había autovía a Cáceres y me desplazaba a trabajar a esa ciudad en mi coche; decía que las cosechadoras marcan el ritmo del paisaje, y las empacadoras lo rematan.

Hay un arte de murales de recios campesinos, con fondo de tierras segadas como estas donde paramos a recoger el espíritu amarillo que hoy mora por aquí, hasta que vengan las lluvias y los tractores saquen de nuevo al aire el color de la tierra.






Es difícil esconderse en esta tierra, sobre todo del sol.






Ahí está parado nuestro coche, esperando que acabe mis fotografías.


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