Me descubro el sombrero y reverencio el trabajo de esta mujer a sus 33 años en "El Cuchillo". Ya lo he hecho más veces, pero es que me maravilla hasta el tuétano la penetración y cada detalle con el que construye cada escena. Hay que tener mucho cuidado y mucha imaginación para hacerlo con tanta plenitud. Creo, sinceramente, que yo nunca sería capaz.
Me pasa lo mismo con Tadej Pogacar o como se escriba: un tío que arranca para escaparse de los favoritos en el Tourmalet, y que luego en la bajada se la juega de tal manera que le saca otro par de minutos al segundo, al danés Jonas Vingegaard, otro fiera, que se le coló un par de tours y que también "se la jugó" en el primero de ellos a lo grande bajando en la última contrarreloj cerca de Rocamadour. Casi nada.
Yo no puedo ver tranquilamente cómo bajan los ciclistas; piso imaginariamente el freno de mi coche. Claro que ellos saben que no puede venir nadie de frente, pero también deben saber que cualquier cantillo o bache podrían desviarlos contra el quitamiedos o al abismo.
Hay mucha gente por ahí que es excepcional; tampoco concibo de dónde saca tiempo Yamandú Costa para tocar tanto y tan bien.
Yo supongo que esta mujer misántropa como Patricia tenía que tener la facultad de en ocasiones ser simpática para poder observar todo lo que aprehendió del género humano, tenía que calcar, apuntar de la realidad, no basta con leer muchos libros ¿Qué libros, por cierto? reveladores de la íntima e inconfesable verdad humana. Y luego, además, es que lo armaba muy intensamente, ponía pasión y oficio. Arte mayor, por eso permanece, y permanecerá.
En estos días he tenido ocasión de ver por vídeo una fabulosa adaptación de Crimen y Castigo de Dostoyevski, que tiene mucho que ver con El Cuchillo. Hay un gran reparto, pero destaca sobremanera, no el que hace del protagonista Raskolnikov, sino el policía que lo investiga y presiona, que, literalmente, se come la pantalla: es el actor Ben Kingsley a quien recuerdo, y supongo que recordamos todos los que hayamos visto esa película, por Ghandi, la superproducción con más de 300.000 extras según creo recordar: aunque solo fueran 30.000 extras o 3.0000, hay que estar muy seguro, tener una personalidad actoral por encima de toda presión, para decir: "todo este gasto, toda esta gente depende de mis gestos y de mi dicción", porque "si no convenzo yo, la película no vale nada a pesar del titánico esfuerzo de producción".
Y aquí estoy yo, Juanito, creyéndome algo porque en este mes de agosto alcanzo de media diaria por encima de las dos mil visitas, solo por contar mis modestos viajecitos, mis lecturas y hasta mi vértigo. Si es que, como se dice en algunos velatorios del muerto: No somos nadie.
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