Intercambio libros en una antigua cabina telefónica de Candelario y agarré éste de Umberto Eco. A alguien le estafaron 20,90 € hace diez años, yo lo cambié por uno de Vargas Llosa que tenía repetido, pero cuando vuelva a subir a ese pueblo lo devolveré y traeré cualquier cosa.
Uno de los libros más famosos de los 80, o de finales de los 70, es El Nombre de la Rosa. El tema es una novela policiaca, homenaje a la deducción de Sherlock Holmes, aunque lo que más me gusta, y me llega a emocionar, es la añoranza de la gran cultura que se pudo haber perdido a lo largo de la historia. Supongo que esta novela se tradujo a todas las lenguas y vendería millones en los grandes países lectores. Según leí en una entrevista, es el libro favorito de Silvio Rodríguez, lo cual no es cualquier cosa.
Era la primera novela de Umberto Eco, un especialista en comunicación y lenguaje que, después de teorizar, le dio por llevarlo a la práctica. El resto de la obra es bastante infumable para mí, pero ésta es directamente un fraude. Como al Cid recién muerto le montaron en un caballo y le sacaron al campo de batalla para ganar su última batalla con su prestigio, a Eco le han pedido este trabajo para hacer caja. Aunque este libro, que trata de los medios de comunicación hay alguna buena frase:
el miedo a morir infunde aliento a los recuerdos
los perdedores y los autodidactas saben mucho más que los ganadores
El tema es la historia de un boceto de periódico que se elabora cuidadosamente buscando temas interesantes para ver si le interesa sacarlo a los quioscos con grandes tiradas a un enigmático magnate, que tiene intención de manipular la política y la sociedad con este vehículo.
Pero en la trama cuelan un montón de relleno descarado: se pasan un par de páginas hablando de marcas y modelos de coches porque a un periodista se le ocurre pensar en comprarse uno y unas hojas más adelante se ponen al juego de comparar tonterías, y reírse de sus propios chistes, con lo cual rellenaron otras tres o cuatro hojas Luego se ponen a hablar de nombres rimbombantes de nobles.
Resulta más entretenido el que en otro momento lucubren sobre si fue Mussolini el hombre que fusilaron patearon y colgaron en la plaza Loreto de Milán, pero, como el resto del libro, es descaradamente para rellenar. El autor copia hasta la autopsia que hicieron a aquel cadáver. De la supuesta vida secreta del "Duce" parte una corriente que desemboca en conspiranoias de la sociedad secreta Gladio, y el terrorismo negro, pero no llegamos a nada claro porque el autor lo termina desautorizando.
He estado a punto de abandonarlo pero lo terminé porque tenía las letras grandes y poco apretadas.

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