jueves, 18 de junio de 2026

Camino de Bourges

 Nos costó salir de Orleans. Como no tengo navegador en el coche dependemos de nuestra interpretación de los carteles de dirección. Ya era tiempo de precipitarse al sur; Orleans había sido nuestro objetivo de viaje... aunque en algún letrero carretero de esas vueltas vi que París estaba solo a 132 Km: una hora y media de coche y podríamos ver de lejos aquella ciudad maravillosa, (la más grande que hemos contemplado jamás) que tanto nos impresionó en 2015.  Pero ya estábamos colmados, queríamos ir acercándonos al hogar, (los tomates de avituallamiento se habían agotado aunque no las manzanas que aún llevamos en el maletero), a sabiendas (o esperandas) de que nos quedaban muchas apariciones en el camino de regreso.

Pero no encontrábamos el camino de Bourges, y muchos carteles, seguramente por interés comercial, te muestran más claramente que ninguna otra dirección, la autopista de peaje. Bien; no habíamos gastado tanto, y podíamos meter un buen avance para no tener que penar en la búsqueda de alojamiento en el destino mientras se nos precipitara la tarde encima.

Aunque salimos pronto de la autopista, confiándonos al albur de las carreteras pegadas al paisaje y al terreno, que son las que amamos, porque ofrecen viaje y no destino.

En un momento paramos en un sitio innominado; elegante, de gente noble, que quizá no es jardinera, sino que paga a jardineros con mono para que ajardinen poden y limpien. Nosotros, con nuestro vehículo y nuestro práctico pero no elegante aliño indumentario, pateamos lo que nos dejan ver y fotografiar, como unos intrusos (pero no deben de quejarse: Francia vive del turismo y del glamour paisajístico y, probablemente, alguno de mis lectores queráis ir a visitar Francia gracias a nuestras fotos; -yo, como autolector, también tengo ganas de ir otra vez-)

Pero antes de abandonar Orleans transitamos por una calle con perales ornamentales. Como los naranjos de Andalucía la gente desprecia sus frutos, yo me comí alguna de estas peritas y no estaban mal.

Llegamos a un oasis de mucho dinero y buen gusto. 


Creo que esto es un aparcamiento privado, era entresemana; a lo mejor los festivos se llena de gente bon vivant. En cualquier caso nuestro coche no podía entrar aquí.
un charco entre los robles: por este césped no pasaron esta mañana los jardineros.


todos los países somos estéticos, pero los franceses tienen un plus




Un descapotable, para que una dama rubia se despeine al viento.
Pelouse.



Ya sé que estoy abusando del espejo.


Ya no sé si esos dos "volantes" eran aves o drones.


No hay comentarios:

Publicar un comentario