domingo, 19 de abril de 2026

Blasco Ibáñez "El paraíso de las Mujeres"


 Me gusta mucho Blasco Ibáñez, no sé por qué no le tienen a la altura de Unamuno o Baroja en los manuales de literatura. Es un escritor que triunfó y sus obras se llevaron al cine en vida, triunfó en Estados Unidos lo que equivalió a triunfar en el mundo entero, que, por cierto, recorrió provechosamente.

Esta obra distópica, él se molesta en comentarlo en el prólogo: se hizo para el cine y después se escribió como novela. No tengo noticias de que se llevara a la pantalla grande como la estoy llevando yo al leerla. Sí, porque me está influyendo: tengo mucha capacidad de compadecer y estos días me siento un gigante aparatoso que podría tropezar con todo, también me duelen unos cables metálicos que me tienen atenazado, hay aviones a mi alrededor como moscardones que pueden apretar sus lazos corredizos hasta matarme para que esté bien controladito.

Es difícil llevar a la pantalla esta obra de 1920. Ahora podría hacerse con animación artificial, pero en su tiempo no se hizo, luego luego fue imposible. Aunque hay algo de esta historia en la película del Planeta de los Simios.

Es una continuación de Liliput, otro Gulliver que llega a esa isla, cuando después ha habido una revolución feminista que oprime a los hombres (los tiene recluidos en casa con obligación de llevar falda), además de llamarlos con nombres femeninos, ya que las mujeres se han quedado con el género gramatical masculino -lo que confunde un tanto al leer- que tiene mucho miedo a una contrarrevolución en la que se ve implicado el protagonista, un norteamericano llamado Edwin Gillespie, que ha naufragado en esta extraña isla camino de Australia donde necesitaba hacerse rico, para merecer a la novia que estaba también enamorada de él pero estaba sometida a su madre de alta alcurnia.

352 páginas que me han atrapado, lo cual es un mérito en estos tiempos. Recuerdo que cuando leía las tiras de Rompetechos también me sentía cegato, y no sé si hay algún otro comic de sordos, porque también lo habría sentido antes de sentirlo en realidad como lo siento ahora con los sonidos agudos. Suelo usar el teletexto en la televisión.

El libro está para recomendarlo. En este siglo me he leído las aventuras de Gulliver y no atrapaban tanto. 

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