jueves, 9 de abril de 2026

Baroja "El mundo es ansí"

 Asocio a Pío Baroja con el frío de unas zapatillas de andar por casa, una bufanda y una boina. También una bata muy basta. Por supuesto que escribía enredado en las faldillas de un brasero. Me resulta ceniciento, no del cuento sino del color y la textura de la ceniza. Y escribió muchísimo, muchas historias de vascos y de marineros todas de corrido, sin repasar. Se ve que su editor, que era familia, vendía bien su obra y no hacía más que pedirle, sin exigirle preciosidades sino vida.

Descubro que efectivamente fue un gran viajero, en este libro retrata Ginebra, sus calles y paisajes como quien ha residido al menos un mes por allí, y con los ojos abiertos. También sale Florencia aunque a su protagonista no le gustan los italianos, y sale una Rusia que no se atreve a retratar, y eso es porque no la ha visitado, seguro que no, pero hace un retrato de la otra manera de viajar a Rusia que es a través de Dostoyewski y de Tolstoi. La mayoría del mundo solo viajamos a Rusia a través de esta literatura, que da suficientes cimientos para opinar.

No es extraño que otro gran viajero -Hemingway- se confesara admirador de Baroja y fuera a hacerse una fotografía al lado de su lecho de muerte. Parece que el cosmopolita americano lo fuera más que un español con boina pero no es así. Baroja viajó, gozó de los viajes y "reviajó" escribiendo, conoció mujeres y reflexionó sobre ellas aunque tengamos la idea (a pesar de haberle leído) de que es un misántropo helado de frío que no vivió otra cosa que la literatura.


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