Leo este libro porque lo compré, y porque es fácil de leer. Habla de gente de los ochenta y noventa, casi todos bien conocidos míos; aunque algunos no, porque a Umbral le gusta retratar a gente especial, los que conocen y manejan los intríngulis estéticos, políticos y empresariales de Madrid y de España.
Como en los programas de antologías de la tele, que no cesan de repetir, llamados Cachitos, o Viaje al centro de la tele, uno se da cuenta de que ha vivido con los famosos y hasta cree que es desgraciado porque no ha sido famoso como ellos; que vivieron mucho más que uno ha vivido pasivamente y a lo mejor es que no.
Porque yo me sé también muchas vidas públicas de gente famosa, porque han sido compañeros desde el otro lado de las pantallas televisivas; y creo que no les valido la pena quedar en mi memoria así.
Ahora mismo es el tiempo en España de destripar lo que han dicho las putas de Ávalos, que es un ministro engreído, que era gordito y embaucador y se aprovechó para meterla por ahí, presumiendo soezmente de ello, creyendo que la metía José Luis, y solo se la dejaban meter al superministro Ávalos y era a cambio de dineros que le costeábamos los contribuyentes.
Yo no puedo decir si Umbral era un fantasma: hombre ingenioso con voz de tubo, muy resultón en televisión, bebiendo güisqui en vaso de tubo con dos hielos como dos cojones, (no me había dado cuenta hasta ahora de lo que es un vaso de tubo con dos hielos. Los muchachos que pintan en los servicios seguro que lo pillaron antes que yo).
Está feo, pero en él no parece que fuera ordinario, presumir de cuánto se folla, y este tío es un presumido. Copia a Camilo José Cela, cuyo acróstico CJC significa, según le contó un día Cela a Umbral, -y sale en este libro- "Comer, Joder, Caminar". Los dos son unos fantasmas, Camilo José nació en la década de los 10, y Umbral en el 32, si han jodido en España tanto como presumen habrá sido con putas, porque en los años cuarenta y cincuenta y sesenta, había muy pocas mujeres liberadas. Porque no tenían trabajo remunerado más que las maestras y las enfermeras, pero todas ellas estaban vigiladas, y estos dos literatos también.
Es un libro mayormente de cotilleo, pero tiene partes preciosas, disecciones magistrales sobre la droga, o de personajes que han tenido tan larga carrera que algunos siguen respirando en 2026. Umbral publica este libro 93 y hay en él vaticinios que se cumplieron como en las cuartetas de Nostradamus.
Está escrito por un narrador omnisciente que parece saber de los personajes y de las situaciones más que ellos mismos. Dicta cátedra. Umbral es un literato soberbio en el sentido malo de la palabra también, y eso tiene seguidores, hay lectores que gustan que otros desprecien a los demás por ellos, ahora y siempre, pero Umbral, que era un poeta con todas las letras, bien armado de escogidas palabras que, a veces exportaba su genialidad a la caricatura seria o a la disección no pedida. Aquí se quedó todo escrito y retratado en un libro de los que se deben recoger, almacenar y leer, como hago yo. La gente que salió se aguantó y debería celebrarlo porque gracias a este escritor son y serán algo más de lo que hubieran sido, por bastante tiempo.
Uno se divierte, recuerda y aprende. Ahora hay muchos escritores en la "red" que comentan y narran sobre juicios y corrupciones. Todo es más chusco y descarado, se agolpa y se reproduce viralmente como un coronavirus, vamos sumergiendo el nivel de conocimientos en el fango contemporáneo, (que existe realmente, no es una palabra inventada para desprestigiarlo). Se acerca el final del septicemio Sanchista, y como no quedará en libros de papel, nos olvidaremos de todo dentro de un par de años para empezar otra cosa, que se terminará infectando también. Esperemos haber generado anticuerpos transitando como venimos por estos groseros calvarios.
(1) me he inventado la palabra mezclando septicenio con septicemia que es una infección mortal, de la que murió mi abuelo paterno según reza en el registro civil, y mucha más gente según mi larga experiencia de lector profesional de esos libros públicos.
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