Ayer se cogió un "cabreo" porque las cosas no le salen. El día tres de enero de este año consiguió un triunfo increíble, que no fue fruto de él sino de la supremacía tecnológica y profesional del ejército de los Estados Unidos. Ellos, con ayuda de muchos espías lo que se llama inteligencia, y máquinas muy superiores, dieron con el lugar donde estaba Maduro y lo secuestraron matando a la estúpida guardia pretoriana de cubanos que le protegían, seguramente porque no se fiaba de los venezolanos.
Yo tenía miedo de una masacre, y lo escribí; de una destrucción bárbara como está sucediendo en Irán y en los rebotes que da el régimen, el sólido régimen, indomable para un viejo de 80 años, acostumbrado a ganar yendo de farol o empujando un poco.
Seguramente los iranís se están uniendo para soportar lo que les eche, orgullosos de que su gobierno (quien quiera que sea) o la estructura resista y responda firmemente. Creo que yo también lo haría.
En esto llegó lo de ayer, el cabreo y las palabras soeces. Lo que en cualquier discusión determina que el interlocutor ha perdido los papeles. No da miedo a nadie porque ya no puede. Porque últimamente tiene que conformarse con rescatar a los pilotos de los aviones que le tumban cuando lleva semanas diciendo despreciativamente que no pueden, que se van a rendir, que él ha ganado la guerra.
¿Será capaz de tirar una bomba atómica?
Yo no lo descarto. Después de esa salida grosera, de esa bravata de matón desairado creo que puede hacer cualquier cosa. Y puede, porque nadie a su lado le puede parar: es el jefe, y el jefe de todos los enanitos que le rodean, y despide a quien no le baila el agua. Es un autócrata peligroso.
Me motivó escribir el recuerdo de la estúpida escena en que María Corina Machado le entregara el Premio Nobel como a un niño caprichoso.
El mayor arsenal del mundo está en manos de un niño caprichoso. Es posible. Esa salida de pata de banco evidencia la fuerza bruta, el descontrol, la arrogancia más soez y desnuda.
Lo que está clarísimo es que el Premio Nobel de la Paz, si quiere representar a algo decente de la humanidad, no puede ser dado a un hombre que escribió esas palabras de esa manera.
Nunca.
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