domingo, 22 de febrero de 2026

Con la boca abierta

 En las últimas semanas he estado de dentista. En este blog fueron reflejados hace diez años los inolvidables implantes, las curas, el intento de endodoncia y la extracción que acabó tan mal y con tantos antibióticos y hondísimos dolores. Lo de ahora no ha sido para tanto, pero es otro "viaje" interesante para mi vida.

Día primero: recientemente he vuelto para que me restauraran los dientes más visibles pues se me están desgastando, debilitando y cayéndose a cachitos, con lo que peligraba mi autoestima proyectada en forma de sonrisa, que es de lo que más me gusta de lo que me legó mi padre.

Quien algo quiere algo le cuesta, y no recordaba cuántos pensamientos se cruzan por la cabeza arando mis circunvoluciones cerebrales cuando estoy ahí con la boca abierta oyendo el silbido del torno mientras cae un poco de agua por una pinza, y mi lengua hace lo posible por no estorbar. Creo que soy el paciente más dócil; un paciente al cuadrado o al cubo, un paciente que se contiene, que cierra los ojos que se concentra en respirar por la nariz, y que se dejaría meter un rinoceronte o una mesa camilla por la boca, porque en esos momentos estoy completamente vendido a lo que la dentista quiera hacer conmigo. 

Mi sordera, mayor a la de hace una década, es bendita: es decir que soy menos sensible a las frecuencias agudas con lo que el silbidito del torno lo oigo con sordina, a cambio de ese beneficio no entiendo casi nada de lo que dicen los dentistas, que tienen siempre mascarillas enfundadas para peor entenderlos, con el añadido de que no les conocería se les viera por la calle. Procuro pensar en otras cosas, fantaseo como para querer dormirme, pura evasión, creo que a veces pienso alguna "idea genial" que  sí se me ocurren cuando estoy así, con las piernas un poco cruzadas y agarrándome las manos, pero al no apuntarlas y querer al final salir de allí lo más indemne posible olvidando todo lo malo; los miedos y el dolor.

Fueron cinco empastes en total: quinientos diez euros costó el primer día y creo que lo vale mi sonrisa restaurada. Tengo ganas de enseñársela a mi madre, que es quien más me quiere en el mundo, aparte del espejo, con el que últimamente no terminaba de sincerarme.

Quedó pendiente para un segundo día un empaste de muela que se había quebrado y mi lengua tropezaba por esa discontinuidad rasposa recordando a mi sabio -por malas experiencias- cerebro, que podría invadirme una oscura caries: preludio de dolor y despojo, si no se tapaba pronto. En esa sesión me advirtieron de que podrían ponerme una anestesia o no; rechacé la droga y sus consecuencias de tener dormida parte de la cara un montón de horas, y terminar mordiéndome la drogada cara interna de mi boca. Tuve que concentrarme en aguantar como un hombre: llegaron cerca del nervio, lo presentía, y me dolió y luché para aguantarlo, pero todo acaba, mi consuelo y mi conocimiento es que todo acaba. La sesión acabó pagando otros ochenta y cinco y comprobando lingüísticamente que el hueco había sido rellenado.

Lo malo es que la dentista me recomendó una "limpieza" además de un mantenimiento de los costosos implantes de hace una década. Volví ese día con la tristeza a casa de no haber acabado, de no haber sido absuelto de ese sillón abatible donde tanto sufro a causa de pretéritas desidias. De lo que estoy seguro, caso de volver a nacer, es que de los utensilios más baratos y útiles del mundo son los periódicos cepillos de dientes y sus tubos de pasta, empleados con la constancia inteligente tres o cuatro veces al día. El hacerse un implante, que viene a ser agarrar un tornillo al hueso y, una vez curado el enganche, encargar una muela de porcelana que se fija con una tuerca etc, lo cual conlleva un mantenimiento (palabra muy de moda en España por lo que ha pues su falta ha causado un terrible accidente ferroviario y muchos temores de que se pueda repetir) Yo llevaba desde antes del covid sin pasar este tipo de revisiones y no me quedaba más remedio que comparecer en esa sala blanca.

No tenía memoria de la brutalidad de la "limpieza" ahí si que deposita uno toda la confianza, pensé en el final de la segunda guerra mundial en Berlín, qué destrozos de la artillería soviética que caían sobre las ruinas de la ciudad ya bombardeada con saña por los aliados occidentales, se me hizo larguísimo, después el dentista acometió el mantenimiento y lo hizo elogiándome cómo me había limpiado estos años y lo bien que los había encontrado. La operación de este tercer día, que se me había hecho eterna, duró menos de treinta minutos y me costó en la caja ciento ochenta euros.

Soy un tacaño y sabéis que no me importa presumir de ello, pero declaro solemnemente que no estaría dispuesto a pasar por esa media hora aunque me pagaran ciento ochenta euros por hacerlo. Los ricos muy ricos aún no pueden pagar a un criado para que vaya al dentista por ellos, y yo tampoco: en algo existe la igualdad humana, ante el torno del dentista todos somos carne y huesos sensibles y acojonados. Perdón por la última palabra: no la encontré mejor.


sábado, 21 de febrero de 2026

Amboise, de cuento

Entramos en un sitio tan turístico rodeados de turistas y sentimos que debemos contribuir, que todo lo han arreglado para que uno lo subvencione, se tome un café, coma, compre un recuerdo y lo fotografíe y se maraville contándolo, sembrando semillas de emulación. Está bien, el turismo es un buen invento, todos sostenemos con nuestras entradas, con nuestros gastos para que eso esté así de bonito y se conserve. Francia es el país más turístico del mundo por delante de España; nuestro fuerte son las playas, y el suyo, la cultura.

En el castillo-palacio lo que más abundaba ese día eran británicos pero también encontramos una excursión de valencianos. Y al oír hablando a otro grupo en español también entablé conversación con un mejicano, era un grupo de mucha pasta con un guía en español; se estaban haciendo Europa en poco más de una semana; venían de Inglaterra, y después de Amboise iban a ir a París, y lo siguiente Alemania, concretamente Colonia, donde está la catedral gótica más alta. A mí me parecía como una locura moverse tanto para dejar tantas cosas al lado sin ver. Recordé a un amigo internauta argentino, hijo de un cardeñosense emigrado, le molestaba vivir en un lugar tan lejano del "centro": tantísimas horas de avión desde Argentina para llegar a París o Roma. Yo le comenté esta afirmación al mexicano, y la suerte que era para mí poder venir cada año en mi coche, con toda la libertad de decidir y de escoger. 

Cuando viajo y cuando comento mis viajes me doy cuenta de que somos unos suertudos. 

Un señor palacio donde también vivió Francisco I, ese rey que se metió en una batalla y fue capturado por los tercios españoles y llevado a Madrid. Me imagino que sería pagando un rescate, y humillado, fue devuelto a Francia. Su espada se quedó aquí como trofeo. Pero los napoleónicos, tan republicanos ellos, se la llevaron en la guerra de la Independencia. 

Pilares de un puente bombardeado o dinamitado en la segunda guerra mundial.

Tras esa rampa había una taquilla donde pagamos dieciséis euros cada uno. Vale la pena, como veréis, además adentro encontramos a la excursión de los mexicanos, si les habían traído aquí y no a otros será porque es importante. Me gustó mas Chambord, pero hay que tener en cuenta la luz, que aquí no fue tan hermosa. 



Aquí hay una gruesa torre por la que saldremos después de la visita, tiene una ancha rampa que da un montón de vueltas con poca pendiente para que suban los carruajes para que los señores nobles no tengan que subir andando. Supongo que también sirvió para que subieran materiales vituallas etc.
 
Cuento muy bien mantenido.


 

viernes, 20 de febrero de 2026

Castillos del Loira, ya que estábamos allí.

 Cruzamos a la ribera norte del Loira con dirección a Blois que estaba recuadrada en verde, luego es un destino recomendado por la guía Michelín, que es dirimente en nuestros planes.

Pero por la carretera paralela al río divisamos un lugar excepcional: el pueblo y el castillo de Amboise, donde no podíamos dejar de parar.

Seguramente estas llanuras de la maquinaria hoy estén inundadas




Acercándonos a este lugar vimos que era demasiado coqueto como para que acertáramos a colocar el coche ahí, pero antes de entrar en el cogollo había un segundo puente en una isla nacida en el centro del río, y en ella atisbé un lugar donde aparcar.
Justo debajo de un puente que cruzamos andando por precaución. No hubiera sido fácil aparcar en el casco urbano inmediato a lo monumental.


Porque es una localidad de cuento, muy turística, en cuyo castillo supuestamente está enterrado Leonardo da Vinci nada menos. Vimos grupos de turistas conducidos por guías. Ya os contaré.  


jueves, 19 de febrero de 2026

Creo en el dios de Savater

 Y yo que creía que tenía resuelto el tema de dios desde los quince años; ahora voy y escucho esta sabia conversación por el puro placer de oír expresar sus razonamientos a este filósofo, convirtiéndome en un converso.

No era un tema que me interesara pero supieron hacérmelo interesante. Creo, ¿por qué no? en un dios extraterrestre, porque "algo tuvo que haber" como dice tanta gente usando esa frase tan manida; como dice una canción de Sabina "llámalo energía".

Bueno, voy a invitaros a una hora de inteligencia sobre un tema clásico. A mí me quedó claro así. Y pensar que ha habido tantas inmolaciones y catedrales, tantas herejías y guerras de religión, tantas profanaciones e iconoclastias...

Nadie pudo creer en aquellos tiempos que era así de sencillo, aunque  en estos de ahora no sea sencillo encontrar una hora para un tema tan fundamental en la historia del hombre. Buscad ese tiempo, creo que merece la pena.

Dios de Fernando Savater

miércoles, 18 de febrero de 2026

La crisis de la verdad.

Hace un tiempo en los Facebook de fotos de mi pueblo se puso de moda poner imágenes retocadas en los que las calles brillaban como mojadas y las piedras con los colores tan subidos que parecían estar recibiendo la luz del atardecer, o ser un cuadro. Por mi parte nunca he querido que mi cámara mintiera porque me parece que debía encontrar las fotos más bonitas de los paisajes buscando encuadres, luces, nubes... 

Las fotos siempre han sido un poco mentira: una selección que hacemos buscando lo más armónico, lo más resultón. Posamos y hacemos posar hasta a los paisajes. Hablando de posar: últimamente las adolescentes posan como nunca, se estudian, también se maquillan (parece que las influencers trabajan mucho ese oficio) se falsifican.

En otro orden de mentiras, a mí me da asco la pornografía dura de luz y de primeros planos de grandes pollas y grandes tetas, y un ritmo machacón, y corridas en la cara, y tipos cachas que son  el limpiador de la piscina o el cartero sin diálogos ni argumento, sin pretexto. Como cuando empecé a curiosearlo (he visto muy poca y nunca películas enteras, lo que me excita puede ser el cine italiano de los años 70, porno blandísimo centrado en el cuerpo de Laura Antonelli, concretamente mi preferida es la película Malizia) ya sabía o estaba a punto de saber lo que eran las relaciones sexuales de verdad no me he visto influido por ello. Pero es posible que cualquier adolescente impúber tenga acceso a las gargantas profundas y folladores empotradores donde se ve todo lo invisible de los rozamientos; -no sé si por entonces me di cuenta de que los testículos son/eran los únicos -testigos- del acto sexual, pues antes de que se inventaran las cámaras nadie que participara podía ver eso).  Puedo decir que eso es mentira: el sexo no es eso, pero mucha gente curiosa (¿Quién no lo es en la adolescencia?) pensará que es así, y puede que le decepcione que su novia no tenga esas grandes tetas, y ella que él tenga un pene ridículo al lado del bombero o del limpiador de piscinas de la película.

Pero últimamente, con esto de la inteligencia artificial, nos ofrecen visiones de paisajes o de ciudades tomadas con drones y embellecidas con efectos y colores que no son posibles de ver en la realidad turística. Que son bellas las ciudades, los puentes, las catedrales, al natural es cierto, pero es posible que quien vaya a cualquiera de ellas ahora se decepcione si antes ha visto un elaborado de esos. Ayer vi uno sobre la ciudad de Salamanca preciosa en semirruinas y con vegetales colgando, además una chica tocando la guitarra acústica, dicen que imitan los fondos de los videojuegos. Hoy le han mandado otro de la misma factura sobre Ávila a mi mujer.

Reconozco que se hacen cosas bellísimas y que si uno se deja llevar son adictivas. Pero yo prefiero ignorar la mentira y saber la verdad.



martes, 17 de febrero de 2026

Arquitecturas modernas de Tours


Lejos, para no competir con la magnífica catedral, fuimos a buscar otra ciudad, la de los grandes espacios, la de la funcionalidad. Era nuestro segundo día, entero, el coche descansó todo el día al borde del Loira (no sé cómo estará ahora mismo aquel aparcamiento con la que está cayendo, aunque parece que lo más gordo está al Sur, en la cuenca del río Garona)


Amplias y rectas avenidas


Con el llamado "arte urbano", contemporáneo para nuestra generación.
Los franceses son muy deportistas.
Una bandera palestina, pienso que de un piso de estudiantes.
Las vías del tranvía integrador



Los trenes, tan importantes en Francia.



magnífico edificio de cristal multiplicando espacios.

Un templete de madera en un parque. Los franceses son grandes artistas de la madera.

La ribera del Quer
Un pegaso cerca del Loira
Al ir a nuestro coche para marcharnos, comprobamos que habríamos tenido compañía la segunda noche de no haber encontrado hotel.







 

lunes, 16 de febrero de 2026

Aledaños del barrio universitario de Tours

 

Lo habíamos visto, sin verlo, por la noche, y ciertamente la luz favorece este paraje, que supongo que es algo arqueológico que han ajardinado como ellos saben tan bien.


Alguien puso así de bien esta bicicleta, seguro que no fui el único en fotografiarla en este marco


Estos edificios son parte de la zona "de marcha" de Tours que hemos visto tan animada dos noches consecutivas de entresemana.

Íbamos camino de alguna facultad.


Esta calle me recuerda a la oposición a la guerra de Vietnam.

Un paso elevado para ir a la facultad de Letras.

El tráfico que queda por debajo.

Planos generales del campus



Una de estas chicas me sorprendió fotografiando a su grupo con mi móvil y me sonrió.
Entonces puse el "modo retrato" por primera vez y la cámara del teléfono se enamoró de ella en este segundo.