sábado, 18 de julio de 2026

Estamos acabando el viaje y es que parece que no me quiero terminar de ir

 

Deliciosa ribera del Tarn, y además aquí durmió nuestro coche su última noche francesa.

Mi mujer fotografiando un mural urbano al otro lado del mentado río


Creo que este monumento está dedicado a los caídos en la guerra de 1870, que los franceses perdieron contra Bismark
Esta iglesia de Santiago (Saint Jacques) tan hermosa, que además siempre encontramos abierta, no así la catedral.

Yo no creo en Dios, pero reconozco que, siendo europeo, con la cultura que he mamado, he de buscar siempre el arte religioso en todos nuestro viajes. 
No merecería el riesgo, el gasto, la incomodidad, las discusiones que tenemos, si no nos gratificaran con estas imágenes. Europa no merecería la pena.
Tengo un amigo colombiano que abomina de la conquista sobre todo porque los españoles les introdujimos la religión castradora; yo digo de mí mismo y de él, que somos como somos, porque así nos educaron y aunque lo rechacemos racionalmente y conozcamos sus defectos, ese vacío que nos llenaron tendría que contener algo, porque nosotros (los dos somos buenas personas) nos sustentamos en una moral que se basa en el miedo al infierno y eso quizá nos haga hacer obras más altruistas y también tener miedo de ser "malos". 
Volviendo al arte y a la arquitectura, al empeño irracional de buscar pigmentos para construir colores, de cocer ladrillos y tirar plomadas, de morir caídos del andamio: admirar el arte religioso actual es un homenaje a los trabajadores y a los que colaboraron con sus planos y entusiasmos, aunque no pusieran ningún ladrillo.
Mi hija, que no fue bautizada ni ha ido más que a cuatro misas con mi madre, desconoce toda la historia que a su abuela, a su madre y a mí nos hicieron tragar, pero en sus viajes actuales no deja de entrar a admirarlo, porque nos lo ha visto hacer y porque también es su cultura; su configuración de lo que debe ser una ciudad que reserva lo más alto a un templo dominador.
Hoy es 18 de julio y os recuerdo el desbarajuste que se produjo tras el alzamiento militar de hace 90 años, muchos templos ardieron, y mucha imaginería se rompió y se quemó por pura saña antirreligiosa. En la segunda guerra mundial serían bombas para amedrentar a las ciudades recuerdo el esqueleto de la catedral de Colonia, y otros esqueletos y fragmentos que vimos recientemente y que quedan en Tours, pero en aquellos bombardeos no había ese pérfido objetivo de destruir lo que otros construyeron con veneración porque representara el poder irracional de las sotanas, el sometimiento de las clases populares al temor del infierno y al orden tradicional establecido. También en el día de hoy hace 90 años en España comenzaron a matar curas, monjas y frailes, en un número superior a 8.000 solo por el hecho de serlo; para salir del oscurantismo, como en la revolución francesa.

Afortunadamente hoy eso no existe y se respeta no solo aquel trabajo, sino los actuales usos que se siguen haciendo por los creyentes que siguen su tradición. Yo también lo respeto y admiro, sobre todo su música en Francia. Ese empeño, que puede ser solo musical, por el placer de cantarlo o tocarlo aunque no se crea ya en los evangelios, me emociona y nos deleita cuando lo encontramos.



Un detalle del museo Ingres, cuyos ladrillos se machihembran con los del puente sobre el río Tarn.

Una foto simplemente bonita.
Los caídos de la parroquia de Santiago
Un patio romano; no sé lo que significa el galgo de abajo.

Montauban está enladrillada. Abajo se aprecian arcos de descarga, muy romanos, que ya los hay en el Panteón de Roma.
Cariátides


Un obstáculo para evitar atropellos suicidas, recordando Barcelona, Niza y otras muchas ciudades.


A veces una persona figurante da sentido y equilibrio a una fotografía.

 


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