Ya conocimos esta ciudad en 2019, y también bajando. Nos alojamos frente a la Estación de trenes, donde suele haber siempre hoteles en todas las ciudades, y además, a las horas en que lo intentamos, tampoco se suele aparcar mal por esas zonas. El caso es que nos dirigimos al mismo de la cadena BB donde nos habíamos alojado hacía seis años. Recuerdo que entonces nos costó 68 euros, ahora nos pedían 98, pero habían construido uno nuevo hotel al lado y lo pulsamos por si nos ahorrábamos algo. Nos salía a100, pero ahí nos quedamos, porque la recepcionista era española.
Limoges sonó primeramente en mi vida porque tenía un equipo de baloncesto que jugaba la Copa de Europa en los años que yo seguía ese deporte, (el otro equipo francés que recuerdo era el Pau-Ortez, raro pues son dos localidades distintas). Limoges posee además una famosa cerámica, hace seis años mi mujer trató de comprar algún detalle para su madre pero eran bastante caros, ahora ni nos lo planteamos porque su madre murió.
Aunque lo más famoso es que de Limoges es la raza de vacas limusín, que está bastante extendida en España, y singularmente en el Sur de Salamanca donde vivimos.
Siempre me ha parecido una tortuga
Debajo de la concha.
Todavía pillamos en la cabeza la luz del atardecer, a las siete y diez de primeros de octubre.






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