He tenido un sueño esta noche.
Mi mujer y yo viajábamos en nuestro coche (que era además descapotable) por Roma. Ya nos habían "sableado" en alguna compra, o en algún hotel o restaurante, y teníamos las facturas unidas por una grapa clip, pero era nuestro último día, y mi mujer me convenció para que pasáramos por el centro con el coche, yo también quería, estábamos embelesados, aunque ya conocemos Roma. Ella repetía con entusiasmo persuasivo, "¿ves cómo había que volver?". Paramos el coche en una plazuela donde no había ninguno más, con la idea de fotografiar una panorámica, a sabiendas de que estaba prohibido dejarlo ahí. Pero seguimos embelesados fotografiando, avanzando y descubriendo monumentos "monumentales" que desconocíamos, y mi mujer repitiéndome, "tenemos que volver otra vez más, esto es precioso". Nos entretuvimos además con una pareja, joven él muy alto y ella bastante bajita, que habíamos conocido antes y que estaban esperando como para hacernos de guías. Volvimos apresurados al coche. Estaba ahí todavía en la plazuela vacía, pero al entrar en él había, unida al grupo de facturas, una multa.
"Venga vámonos, cuanto antes" la multa tenía escrita la cantidad de 15.900, y arranqué con la primera idea de que sería en liras. Pero me desperté, ya apesadillado, con la horrible impresión de que era en euros.
Ando haciendo la declaración de la renta y ayer pensaba que me faltaba un dato de intereses del banco, pero descubrí que me los han pagado en febrero de este año, de manera que queda toda la anualidad para el año que viene y he concluido que me convenía más que me hubieran abonado en el ejercicio del año pasado (pagadera en este año). Supongo que parte de mi sueño viene por aquí.
Todavía en la cama, con la luz apagada, me he terminado de despertar más racionalmente con la idea de Elon Munsk y sus coches Tesla. Supongo que pensando para consolarme y mitigar la impresión de la multa que "peor sería que hubiera cometido el error de comprarme un Tesla". Fijaos que también parte del sueño va de que dejamos el coche en una plaza solitaria. Nadie puede aparcar tranquilamente hoy un Tesla en Europa, y pienso más concretamente en Francia. La libertad de viajar con un coche propio (por lo que cayó el muro de Berlín) y parar donde nos dé la gana, se acabó con los Tesla. No sé si la imagen de Munsk en otras latitudes puede resultar menos grotesca, menos estúpida, pero para mí esos gestos estrambóticos y ese "delfinato" oportunista que ejerce revoloteando sobre Trump, lo hacen detestable, odioso; aunque yo no sea un vándalo.
Pienso en Francia y en lo alfombrada que está de viñedos: muchos plantados y cuidados pensando en el rendimiento se sus cepas para cincuenta o cien años, pienso en el poder y brutalidad de sus agricultores, que tenían patas arriba casi todas las señales de nombre de los pueblos, pienso en los "chalecos amarillos" en el vandalismo con el que se producen, incluso nada menos que contra el Arco de Triunfo". La cuestión es así (además en las carreteras francesas vimos muchos Tesla blancos) : esos compradores de Tesla han perdido la libertad de aparcar en ningún lugar que no esté vigilado, la libertad fundamental de la Europa Occidental. Cualquier damnificado agricultor que tenga ahora que beberse ahora sus cepas porque en Estados Unidos no van a comprar más sus botellas de vino o de champán, también de los cultivadores de plantas aromáticas para los perfumes y cremas, y de todos los empresarios y trabajadores de los sectores afectados (ignoro si a los fríos suecos que trabajan en Ikea no les entrará una vena vandálica similar a la que atribuyo a los franceses) No creo que en estos días se venda un solo Tesla en el "resto del mundo". Yo no cambiaría un coche de esa marca por mi Dacia Sandero de 17 años, y si me viera obligado a hacerlo, nunca viajaría con él por Francia.
Después he seguido lucubrando que los dueños de los Tesla deberían tunear sus coches para que ya no parecieran un Tesla; aunque quizá no sea suficiente: deberían escribir en el coche una frase de disculpa, repudio del personaje y apoyo a los damnificados por los aranceles. Una penitencia pública, vergonzante, agresiva contra Munsk o Trump; por salvar la máquina, no más.
Pero me he levantado deprisa hacia el ordenador para que no se me olvidaran los detalles del sueño, que se escurren como el agua en las manos. Os informo, para mejor interpretación de este artículo, que hace pocas semanas volví a ver la película "Recuerda" de Hichkook.