Desde Coillure salimos por una carretera costera, virada y con demasiadas bajadas y subidas; teníamos ya como imperiosas ganas de entrar en España para ver si nos planteábamos dónde dormir. El tiempo apremiaba a pesar de que era poco más que mediodía. Lamento por vosotros no haber parado a fotografiar nada. Recuerdo bien que en un puerto de montaña adelantamos a un montón de alemanes en bicicleta que llevaban un autobús auxiliar, que les portaría el equipaje y en caso de lluvia severa, su cuerpo también. Pensé que eran los mismos que vimos después de Sarlat y antes de la Roque-Gageac. Eran gente de nuestra edad o mayor, pero muy animosos.
Recomendable Port Bou. Deberíamos haber parado a fotografiar la localidad y su paisaje desde arriba, desde la frontera que ya no existe, pero empezábamos a proponernos ir a dormir a Zaragoza. No entramos en Figueras. Antes de llegar a Gerona nos echamos una siesta estirando los asientos atrás, Yo cuando cabeceo me hago a un lado si hay campo para ello; fue en una finca donde acababan de cosechar girasoles. Reparador.
La provincia y la capital de Gerona huelen a cerdo, les pasará lo mismo que a los de Lucena y otros lugares de Andalucía, que huelen a alpechín y ni lo notan. A mí me gusta el olor a alpechín, pero he limpiado demasiado la pocilga a mis cerdos en mi infancia, y debí saturarme no me gusta nada el olor residual del porcino.
Compramos provisiones en el Carrefour de Gerona, Casi imposible aparcar porque está al lado de un hospital y todo el mundo aprovecha el parking de los clientes. (Debimos pillar la hora punta de consultas).
Unos kilómetros más adelante nos encantó la fantasmal silueta de Montserrat, parecía una nube rarísima y luego nos dimos cuenta que era el famoso sitio, pasamos a kilómetros de allí, si no prometo que hubiéramos parado. Aunque había muchas "esteladas" para "saludarnos" en todo el trayecto.
Fuimos por autovía hasta Lérida y luego tomamos la nacional II, Pero se puso a llover así que retomamos la Autopista de Peaje costara lo que costase, aunque no nos cobraron en ningún momento. Nos llovió la mundial hasta que llegamos a Zaragoza donde seguía lloviendo a gritos (como dijo una vez Cortázar). Momento crítico porque nos estábamos meando y entonces acompañamos el agua de lluvia en el primer sitio donde pudimos parar. Yo, al salir del coche directamente. Maravillosa sensación de alivio a pesar de que nos estábamos calando. No había nadie que hubiera podido vernos, pero llevábamos dos horas sintiendo llover con el limpiaparabrisas al dos, y anochecido. Cualquier día no sé lo que va a pasar con estas incontinencias.
Nos colamos a callejear en la ciudad buscando alojamientos por el móvil y por un milagro apareció en una calle ante nuestros ojos un hotel BB; se deberían llamar BBB: bueno, bonito y barato. Es mi cadena favorita y no solo porque te dan los cafés e infusiones que quieras, (hay barra libre de esto (de chocolate también), además te puedes meter tu propia bollería a la hora del desayuno que no te dicen nada porque te lo sirves tú de una máquina, así que desayunamos solo por el precio de lo que nos dio por comprar en un Alcampo que había por allí. Los BB oportunos nos han salvado varias veces la vida. Salvo uno de Cartagena, que debían haber comprado de segunda mano, y que además tenía estropeado el aire acondicionado, todos han sido novísimos y satisfactorios. (Juro que no me pagan nada por publicidad todavía)
No es una foto. Teníamos, además, vistas a la basílica del Pilar.
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