domingo, 16 de marzo de 2025

El tostón de Proust


 

Ya me lo pareció hace unas décadas cuando abordé "Por el Camino de Swan". Lo dejé, no avanzaba, es un aristócrata finolis que trata de hacerse el interesante, el profunnnndo. Yo sé que hay mucha gente que le ama sobre todas las cosas, pero para mí es un emplasto; en mi casa se dice un implasto, o himplasto, por ser alguien mezcla de himplado y emplasto: un empachoso. 

Transito la mitad de "La fugitiva" y entre sueños y contrasueños, entre dolores y evocaciones, lucubraciones y lubricaciones, se resume en que a un hombre que vive de las rentas le abandona una amante más joven que él, y queda planchado porque era él quien quería dejarla a ella, (a pesar de que la había ofrecido un Rolls Royce y un yate de verdad, que estaban encargados). Y al tipo no le llegan los brazos a las mangas, pide ayuda a algún criado o conocido para buscarla, y ella se entera de su sonambulez y entonces le escribe diciendo "si quieres vuelvo" y él que "mejor no, que ya que teníamos pensado dejarlo, mejor sigue en el pueblo donde te has marchado". Pero lo dice pensando en que ella no hará caso a sus palabras escritas y volverá. Y se tortura y se tortura. Luego vuelve a escribirle ella ofreciéndose, pero él le dice que mejor va a apañarse con su amiga Andrea. 

Pero el tipo lo que espera es que vuelva no obstante muerta de celos, cuando va y se cae de un caballo y se muere, pero en medio había escrito una carta diciéndole que le quería y que iba a volver.

Y entonces comienzan las tribulaciones del tiempo perdido, los sueños, y los cotilleos que le van llegando de que efectivamente era una lesbiana y se lo hacía con duquesas pero también con lavanderas. Le da un poco igual que lo haya hecho con una lavandera porque "no cuenta". Un poco clasista, vaya. Y vueltas y vueltas, y me pierdo pasando páginas, y tomo un lápiz para subrayar algo, mientras él a veces no se cree que esté muerta, y otra vez quiere hacerse a la idea para superarlo... y buscar otra chica, pero cualquiera le va a recordar a Albertina, que es el nombre de la Fugitiva, que le ha puesto los cuernos y se ha marchado. La entiendo, aunque nunca he montado en yate ni en Rolls, ignoro lo diferencial de esos placeres, pero un tostón como este protagonista no es recomendable por muy oyente de Wagner que sea.

 No sé si lo voy a acabar. No me aclaro, o a veces sí, como el autor. Pero da tantas vueltas que marea.

A pesar de ser Proust un homosexual y haber tenido de pareja al compositor venezolano-francés Reynaldo Hann considera (o hace como considerara) muy vergonzante el lesbianismo, no creo que las lesbianas actuales no le critiquen por ello al leer la indignación de su protagonista por esas prácticas.

Pero tanta gente le idolatra... yo he acudido esta vez a sus libros para poder decírmelo. En otra última novela, que tampoco me gustó, de Zoé Valdés "Café Nostalgia" creo que sale incluso este concreto libro. 

Yo quería decirme de una vez "también he leído a Proust", pero no, "tampoco he leído el Ulises" que me ha rechazado dos veces y no creo que lo intente una tercera en el tercio de vida que me queda. Quizá sea una lectura para gente más joven, de esos que amábamos a los profunnndos y apretábamos a la vez los dientes y el esfínter del culo para ver si entraba, o salía. Puede que como las "Soledades" de Góngora, no fuera escrito para mi impaciencia.

Pero voy a intentar seguir, más lentamente, más seguramente, subrayando más; o mejor, más rápidamente, a ver si acabo con este tostón.

Joder... me queda todavía la mitad. 

Lo que hay que hacer para ser un lector olímpico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario