viernes, 15 de marzo de 2019

Armas de destrucción masiva

Las armas automáticas no pueden estar a disposición de la gente. En las antípodas de España, el dulce país de Nueva Zelanda hoy ha sufrido un tiroteo en varias mezquitas que lleva 49 muertos. Nadie podría hacer eso con un cuchillo, con una ballesta, o con una escopeta de cartuchos.

Puede que no podamos erradicar el odio al diferente pero como mundo no podemos facilitarles a los odiadores las masacres. En otros continentes hay gente que tiene miedo y compra armas de fuego para defenderse; es otro concepto diferente del de mi vieja Europa donde confiamos a la policía el monopolio de las balas. Nos va mejor, no se si se enteran los demás países.

Ahora entra mi vena egoísta, no sé si lo siento más por la pobre gente masacrada o herida o tengo más miedo a las represalias, -que las habrá- en cualquier otra parte del mundo.
A nadie de mi familia le pueden matar en una Mezquita, (solo hemos entrado en la mezquita de Córdoba, que no se usa como tal) pero somos tan humanos y tan carentes de resistencia a las balas como los muertos musulmanes de hoy.

Lo ideal sería que todos tuviéramos una buena educación y que no hubiera tan malas cabezas como la de esos asesinos, hoy neozelandeses, ayer o mañana de cualquier otra parte del mundo.

Pero el mundo global no debe permitir que las máquinas de matar caigan en las peores manos.

Ya sé: soy un machacón, pero es que me sigue doliendo.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Mola malo.


Me he leído dos de los libros  de memorias Lo que yo supe y  Tempestad, calma, intriga y crisis que este nefasto hombre escribió en los primeros años de la República para tratar de justificarse.

Emilio Mola Vidal era un hombre pretencioso que sabía escribir bastante bien; quería la complicidad de los lectores y la intenta poniendo toda su carne en el asador y muchas páginas. Creo haber notado (a lo peor es el prejuicio que tenía contra él) que sí, que estamos ante un hombre capaz, muy capaz, con agudo sentido de la observación, y también con un buen conocimiento de la naturaleza humana, pero con sus libros busca trasladar un relato a su favor. Esto, que parece legítimo, es muy peligroso que lo tuviera alguien que ostentó, antes y después de estas memorias, mando en fuerza armada si, además, se siente poseedor de toda la verdad, y también herido e injustamente postergado.  Su despecho hacia la sociedad democrática se agrava con el hecho de estar en esos momentos siendo encausado y encarcelado por haberse excedido en el uso de la violencia.

Sucedió al final de la monarquía de Alfonso XII, que como Director General de Seguridad se empeñó en manejar a distancia la represión violenta de una algarada estudiantil. Los policías que estaban sobre el terreno, ante la desproporción de que les mandara disparar, exigieron las órdenes por escrito o dichas directamente por sus superiores, porque no lo veían claro. Mola no trata de escurrir el bulto negando que él diera las órdenes, (como algunos miembros del actual juicio del procés)  pero en el libro afirma que alguien le confundió sobre que había tres guardias civiles rodeados en una habitación por las masas y en peligro de muerte.
Mola actuó como un general que tuviera una especie de soberbia intuición. Un manejo sobre la vida ajena, mayor sobre el "enemigo",  ya lo había hecho en la guerra de África(1). Y lo volvería a hacer al montar la guerra civil.

Claro que cuando uno lee un libro cualquiera trata de acompañar y entender al personaje y sus motivaciones, uno tiende a ser dócil con lo que está leyendo, y va cayendo poco a poco en las intimidades del narrador, a no ser que tenga o le surjan cautelas.
No me ha convencido en ningún momento. Probablemente porque conozcía el final, un hombre, jefe de la conspiración con prestigio a la derecha del ejército, que se creía más listo que lo que era, un ser superior, pero a quien la chusma no solo no obedece, sino que le repudia. Un hombre que se siente mal pagado por la antiespaña dominante, por la paranoia del Komintern, por lo que ahora se diría "los progres" y no duda en organizar el golpe de estado, incluso reírse, en ese camino, de la prudencia de "Franquito".
Todos debemos de creer en nosotros mismos, en nuestra propia razón, pero si una gran mayoría de la gente está en otro lado deberíamos poner nuestras conclusiones en cuarentena. En cualquier caso, nunca usar la fuerza física, y muchísimo menos la fuerza militar que la sociedad ha puesto a  disposición, para que sea todo lo exquisitamente responsable que se pueda ser.

Para mí estos libros son los antecedentes psicológicos del cabecilla de la guerra civil, la clave de la conspiración que dio el peor momento de la historia de España.
El mayor odio nace de pretender el mejor amor, si entonces lanza su salto de sapo el rechazo, así los hombres matan a las mujeres que amaron, los políticos roban a espuertas (ahora tenemos delante el caso Zaplana) y `personajes como Mola conspiran para derribar por la fuerza al gobierno elegido.



(1)En la guerra de África hay una dudosa batalla que se llama Dar Akoba donde la unidad que mandaba Mola masacró a muchos marroquíes. A pesar de matar muchos moros no le valoraron tanto como a Franco: este es el problema de este señor. Su momento favorito de la historia es esa batalla, al punto de que ordena que se use Dar Akoba como contraseña de las fuerzas nacionales del Norte que se acercan a Arenas de San Pedro a encontrarse con el ejército que subía de África. Este nombre-contraseña figura en un papel secreto que encontré en el archivo militar de Ávila, o bien porque lo designara el general o porque lo eligiera alguno de sus subordinados con el ánimo de complacerle.

viernes, 8 de marzo de 2019

SER Y HACER



Hoy es el día de la mujer trabajadora y, en España por lo menos, de la huelga feminista.  Estos días a la supuesta patronal nos tienen fritos a reivindicaciones.
Yo solo les diré que el pasado no tiene remedio. Mi padre es el pasado y a pesar de que se lo hemos dicho muchas veces, desde que está jubilado no da ni golpe mientras mi madre se lo haga todo; bueno, alguna vez va a por el pan o baja la basura el solo. Mi madre está igual de jubilada y carga con todo, incluido llamar a los hijos y preocuparse por ellos. Es más generosa y yo creo que los hijos la reconocemos más. Yo querría más a mi padre si compartiera el trabajo con ella. Ahí está el camino de la estima.

Por seguir hablando del pasado, si uno mira cualquier pueblo o ciudad del mundo desde lejos, desde cerca, por arriba, o por abajo, encontrará que todo lo que hay lo han construido los hombres. Lisboa, Barcelona, París, Venecia o Candelario; 

es más, si se rompe alguna teja, hay un socavón, o un atentado terrorista, todavía lo recomponen los brazos masculinos. Pero las mujeres pueden y deben sentirse igual de orgullosas de quienes hicieron esos edificios, ya que los antepasados de nosotros y de vosotras son exactamente la mitad de cada género.
En el futuro, como en el presente, la lucha o la reivindicación de género que hablan, es y será hacer:  es la manera de hacerse valer.
Don Quijote dijo  “nadie es más que otro si no hace más que otro”. No hay atajos.

Una de las cosas que más veo en las pantallas del siglo XXI son programas de fábricas o de construcciones; los ¿Cómo lo hacen?. Me gustaría apreciar más mujeres haciendo estas cosas tan admirables, pero aún son minoría. También veo muchos vídeos de youtube, sobre todo de mi instrumento, la guitarra. Hay muchas mujeres maravillosas pero aún siguen siendo los hombres los que aparecen más. La reivindicación se hace reivindicándose, como ella:

miércoles, 6 de marzo de 2019

Fútbolcojones.

De pequeño jugué al fútbol, aunque nunca tuve un balón de reglamento. Costaban más de mil pesetas, cuando mi padre a lo mejor no ganaba ni diez mil al mes.
Entrenaba en el corral de mi casa jugando solo, con un balón de goma pinchado. Me inventaba jugadas y metía goles en la puerta del pajar. A veces hasta me las narraba radiofónicamente, pensando que estaba en las eras, o que era un jugador del Atlético de Madrid.

Donde más jugué al fútbol fue en las eras de mi pueblo. Jugábamos en otoño, invierno y, sobre todo en primavera, después de la escuela, cuando alargaban las tardes con el cambio horario.

En verano no podíamos jugar porque las eras se empleaban para trillar. Yo pensaba que tampoco se jugaba la liga porque también trillaban en los estadios.




Cuando a los 13 años fui a vivir a Ávila, me di cuenta de que era muy mal futbolista. Luego he jugado con los amigos en el pueblo hasta los 20 años. Éramos, no por mí, sino por mis compañeros, los mejores de mi pueblo. Creo que el último partido improvisado que jugué en unas fiestas de mi pueblo, un joven mayor que yo, me quitó el balón y le hice falta, entonces cayó mal y se hizo daño en la mano. Me duele todavía porque me dijeron después que tuvo que llevar escayola. Cuando me acuerdo, como ahora, pienso si a ese hombre le dolerá el brazo cuando haya revuelta metereológica, (la verdad es que no me gusta pensar en ello, pero os lo escribo por hacer algo de contrición).

una foto de ese día: yo soy el del pantalón rojo que toca la hierba con los dedos 

Aborrezco todo lo que rodea al fútbol: los dineros, las apuestas, las banderas, los cánticos, el nacionalismo, la violencia, el machismo, el odio, la guerra...,  la conmoción nacional.

Es frecuente oír a los futbolistas, "nos dejamos la piel en el campo", "tenemos que luchar a muerte por nuestros colores"; sí, a muerte, dicen.  Ayer ha caído definitivamente en desgracia el último entrenador del Real Madrid, un argentino que habla bien (faltaría más)  pero lo que dijo cuando debutó y jugaban contra un equipo de ínfima división es "hay que echarle más cojones".
¡Qué horrible!

Los cojones son muy malos para el fútbol; cualquiera que haya jugado mucho menos que yo ha recibido balonazos ahí: duelen "de cojones", verdaderamente.

Creo que el hecho de que por ser un deporte barato, machista y universal, los nacionalismos y el dinero más obsceno se han apoderado de él definitivamente, para que no sea más un juego de jugar, sino un juego de millones y de cojones.

sábado, 2 de marzo de 2019

DOS PROPUESTAS ELECTORALES

Tengo dos propuestas para que los partidos políticos que concurran a las próximas elecciones contemplen en sus programas. Trataré de hacérselas llegar por internet. A ver si tenemos suerte.

La primera es limitar el ruido festivo que padecemos los ciudadanos que no queremos sumarnos a las fiestas populares.
a) limitación de decibelios en las actuaciones al aire libre.
b) que ninguna actuación musical al aire libre vaya mas allá de dos horas y media después de la puesta de sol.

La segunda es facilitar a los ciudadanos la cancelación de un servicio: seguros, seguridad privada, telefonía, electricidad, etc.
a)Que todas las empresas pongan en su página Web un botón de desenganche, sencillo, claro y visible.
b)Que el estado facilite una dirección postal o teléfono público (como el 112) donde los ciudadanos puedan sencillamente romper la cadena con cualquier compañía.

Sucede que ayer me dieron la murga hasta altas horas de la noche con una discoteca móvil de los carnavales, y también sucedió hace poco que tuve que pelear mucho para cancelar mi anterior seguro de coche; además de que me toca, por mi trabajo, ir a pedir dinero a gente que no supo cancelar fácilmente este tipo de servicios.
Las compañías lo ponen muy difícil: es un abuso.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Una situación muy esponjosa.


Esta novela, de la que en estos momentos llevo 38 páginas, me ha dado una gran lección y os la cuento:

nunca se debe comenzar a leer un libro, ni antes de siesta, ni a partir de las diez de la noche.

Yo esta mañana estaba de mala leche. Ayer tarde me salieron mal algunas cosas de poca importancia, y quise irme a la cama tomando la lectura de este librito que me ha regalado su autor.
Lo que me sucedió es que pretendí leerlo más deprisa de lo que mis entendederas asimilativas requerían, (me pasa con la poesía: no soy buen lector de ese género). También sucedía que este libro era una autoedición y yo quería o que me convenciera, (me cae muy bien su autor) o que no me hiciera perder el tiempo, como otras tantas autoediciones que he leído. Comencé con impaciencia después de las diez de la noche y me caí de ese caballo.
Con la caída monté en cólera y me dije: barroquismo enrevesado, excrecencias de quien cree graciosa la vista de su ombligo, falta de autocrítica entre los amigos que le celebran aunque por lo bajini desean que fracase en letra impresa... incluso acuñé esta frase:
No vuelvo a leer un libro en el que tenga yo que poner más comprensión en su lectura que el autor ha puesto en su escritura.

 Y me fui a la cama, y dormí con esa sensación que se tiene cuando le han salido tres cosas mal una tarde; bueno, maldormí.

Por la mañana de hoy me dije "vale, voy a subrayarlo, a escribir cosas en el margen, para destriparlo y poder darle razón a su autor de que lo he leído".
Eso empecé a hacer pero su gracia me ha atrapado, ahora estoy orgulloso de haber conocido a su autor que, aunque es demasiado viejo para triunfar, es bueno, es ingenioso y mi egoísmo me indica debo seguir cultivándole para mi provecho.

Si no hubiera dado otra oportunidad, en buenas condiciones, al libro, este fracaso de lectura habría gravitado en la relación con Luis Aguilera; sería como una comida que sienta mal y uno la vomita.  Con el resabio del vómito es difícil que la misma comida proporcione luego placer.

Conclusión: que puse en peligro esta incipiente relación amistosa y también hubiera sido injusto con este libro tan divertido y bien escrito; solo por no tener cuidado. Amén.

lunes, 18 de febrero de 2019

¿MATARÁN LOS RUSOS A GRISHA GORYACHEV?


No sabemos si los dinosaurios tenían inteligencia pero creemos que no, porque aunque dominaron la tierra, después se extinguieron. El género humano parece dotado de raciocinio, pero si al final nos autoextinguimos, los siguientes que aparezcan, millones de años después, dirán “ no era exactamente inteligencia eso que tenían los humanos, poseían muchas habilidades pero no la fundamental, que es la de no suicidarse”.


El siglo XXI empieza con menos guerras que el siglo XX, Parece que estamos mejor: en Europa hace cien años acababan de terminar la primera guerra mundial y en España hace 100 años andábamos en guerras coloniales en el Norte de Marruecos, (por cierto la mayor parte de los sublevados de la Guerra Civil tuvieron su origen y letal camaradería con motivo de esta guerra).
Verdaderamente todo eso de las guerras parece lejano por aquí, pero hace muy poco Putin y Trump decidieron deshacer las obligaciones de no seguir preparando guerras atómicas. Curioso es que hace un año parece que inquietaba Corea del Norte, pero su capacidad es, aparte de dudosa, incomparablemente menor. La de los dos países meganucleares basta y sobra para convertirnos a todos en dinosaurios en un par de horas.

Los chicos de mi generación de los años 80 teníamos miedo a la heroína que, con el sida, se llevó a un montón de jóvenes de nuestra edad. Con el paso del tiempo nuestros hijos no saben ni qué fue aquello y podrían volver a caer porque desconocen ese peligro. Lo mismo nos pasa como humanidad con el peligro nuclear; aquella cosa superada: los refugios, la bomba de neutrones,   aquella película de Stanley Kubrick... parecen cuentos de viejas, pero estos dos países van a volver a invertir mucho dinero, no debe ser ninguna broma. Supuestamente nos fiamos de la racionalidad de esos dos señores que mandan; tanto o menos como los alemanes de 1940 se fiaban de Adolf Hitler.

Y es que no nos queremos creer que el mejor intérprete de guitarra flamenca del mundo, que es este ruso que vive en Estados Unidos,https://www.youtube.com/watch?v=gMCak0-0WNw pueda morir achicharrado por una bomba  rusa, de parecida manera que los jugadores americanos de baloncesto  que meten canastas y ponen tapones en el CSKA de Moscú.
¿Pero, a qué se está jugando entonces?