lunes, 30 de marzo de 2015

Luis Landero


Hay pocos personajes públicos que me caigan mejor: es un grandísimo escritor y le he oído tocar flamenco en la guitarra; con lo primero sería suficiente, pero lo segundo lo hace admirablemente bien. También ha sido, hasta que se jubiló, a pesar de su celebridad y de que hubiera podido dedicarse al completo a escribir,  profesor de literatura en institutos de Madrid, de esta manera me recuerda a mi mítico maestro Jacinto Pérez Moreta, lo cual es otro punto más a su favor para mís simpatías.
Sus libros son un prodigio de chispa entre el humor y la reflexión, la lástima es que los personajes se repiten como si fueran un corral pequeño, un género, género Landero (aunque no exclusivo de él), impostores, charlatanes, ilusos... Luis Landero es como Federico García Lorca (excluyendo poeta en Nueva York) excelso, pero autorestringido. Tengo que decir que me faltan las tres o cuatro últimas novelas, pero tengo la firmísima intención de leerme todo lo que ha escrito y escriba.
El otro gran novelista español de esta generación es Antonio Muñoz Molina del que creo que no necesito renovar públicamente otra vez mi admiración. También me gusta mucho Juan José Millás que oficia de un género  costumbrista humorístico, hijo de Cortázar, nieto de Kafka.
Pero creo que el de más limpia y rotunda escritura es Luis Landero y probablemente sea por su oficio de profesor: palabrero, el hecho de enfrentarse a la música y al ritmo de las frases y a las caras de un auditorio que tiene que entenderlas en el acto, y hacerlo tan cotidianamente, hace que uno sea más claro. Esto lo he visto yo hace poco al dar mi  conferencia, frases que se sostienen y se entienden perfectamente por escrito no salen igual de claras, al respirarlas. Mientras uno está leyendo algo escrito se pregunta si lo estarán entendiendo, si uno se plantea toda  la mayor parte de la conferencia como hablada, no tendrá estas dudas (creo- espero).
Hay un poema profesional, que atribuye a un personaje, pero creo que le vale a todo escritor de ficciones.

Escribir es soñar.
Sueñas que escribes,
y luego, al despertar
sueñas que vives.

Bueno, que me he sacado tres libros de Luis Landero y me vendrán muy bien para escribir mejor.  

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