sábado, 3 de octubre de 2015

COSAS QUE VI EN PARÍS (8)

Soy muy poco viajado. Nunca he visto tanta riqueza y ostentación como en París; Los Campos Elíseos, los alrededores de la plaza Vendome: un lujo, unos precios, una exclusividad... que no son de este mundo conocido. Viajar sirve para eso, para aprender que hay otros mundos, y que aquel salario mensual que a uno le puede parecer muy digno, y más que suficiente para comer, vestir, invertir, ahorrar... otras personas pueden gastarlo en un adorno o una noche de hotel, y lo hacen como la cosa más natural del mundo, como si yo me compro una bolsa de pipas.
Resulta insultante, pero mucha gente vive de eso, de servir, de llevar una gorra de plato, de inclinar la cabeza, de lustrar un coche negro para que no se adivine una mísera mota de polvo en su carrocería.

Pasamos delante del hotel The Peninsula, de la Avenida Kleber, a pocos metros del Arco de Triunfo y supimos que no éramos de ese mundo. Yo no tendría, con mis sandalias y mi mochila, valor para intentar entrar. Estoy seguro de que muchas cámaras me escrutarían antes para deducir en segundos que no soy un millonario excéntrico. Vamos, que soy lo que aparento. Alguien se me cruzaría en la puerta, muy educadamente, para decirme algo así como ¿adonde va el señor?, o ¿tiene usted reserva? para muy sigilosamente evidenciarme que ese hotel no es para gente.
A la puerta había muchos coches negros, Mercedes Audi de altísima gama con su chófer esperando solícitos una mínima orden encontramos aparcadas estas extravagancias

este azul y blanco es un Rolls Royce


La más obscena ostentación viene de los Emiratos Árabes. Entre los anodinas túnicas morunas se atisban impresionantes joyas y viéndolas actuar, comprar todo lo que les apetece como si la tarjeta de crédito fuera un río, con frecuencia estas señoras tienen mucamos que cargan los paquetes. No me atreví a fotografiarlas no fuera a ser que el mucamo se transformara en matón. y me aplastara la cámara. 


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