martes, 10 de julio de 2018

El arte de la conformidad

Ya sé que así no progresa mucho el mundo, pero yo lo considero una virtud. Se trata, más o menos, de intentar ser feliz con lo que se tiene y organizarse la vida, mirándolo con buenos ojos.
Seguramente  con esta feliz circunspección no se hubiera descubierto América, pero tampoco liado ninguna de las incontables guerras que han asolado a la humanidad que, si bien han dado mucho que ganar a los que las ganaron, también dieron mucho que perder a los mismos. Por otro lado, a los que las perdieron les hicieron perder todo; pero  nunca sabremos la magnitud de lo que nos hurtaron a la humanidad, pues millones de muertos y sus descendientes nos habrían podido proporcionar mucho arte y mucha ciencia. El músico Enrique Granados murió al ser torpedeado su barco, Antonio José y Lorca fueron fusilados en la flor de la vida, (por solo citar ejemplos que se me han venido inmediatamente a la cabeza)

Sí, con la guerra se inventó el radar, y los motores a reacción, y yo que sé cuántas cosas más, pero puede que sin guerras se hubieran inventado éstas y otras muchas que nunca pudieron crear ni inventar los muertos, ni mucho menos sus hipotéticos descendientes que no llegaron a ser.

Me he ido un poco lejos. En España tenemos problemas con una parte de los catalanes, quienes creen que si fueran independientes serían más ricos (alguien se lo hizo creer; aunque de pronto se han empobrecido algo) y lo más cierto es que nunca hasta ahora habían sido tan ricos, ni tuvieron más posibilidades de ser felices. Ahora lo son menos, estoy seguro.

También le ha pasado lo mismo a los ingleses, que hoy mismo tienen montado un nuevo kilombo interno a cuenta del Brexit. Creían que iban a ser más dichosos, cuando parece que no lo están siendo. De los ingleses podríamos pensar en su aislacionismo y en su independencia psicológica de los continentales, pero no es así; nos necesitan para "dar la nota", no se pueden estar quietecitos: en los pasados días armaron enorme tumulto en Benidorm, para celebrar la clasificación de su selección de fútbol. Ese infantilismo de querer llamar la atención ante los demás es para mirárselo.

Y aquí está la conclusión de mi artículo de hoy: Europa con los Brexit, o la pretendida independencia de Cataluña, (algo pasa en Polonia también) merma, se reduce, pierde... Seguramente nos creemos que porque las cuatro selecciones que disputarán el mundial son europeas, seguimos siendo el centro del mundo, y que seguiremos como los hooligans ingleses, comiéndonos el mundo. No es así.
El siglo XXI es ya, de Asia. Ellos van a ser los que inventen, abran mercados y corten el bacalao. El mundo tendrá que bailar al son que ellos toquen y a los demás solo nos corresponderá pedir que pongan de vez en cuando nuestra música -eso si estamos unidos y nos conformamos pacífica y cooperativamente-.
Supongo que la actualísima crisis del Brexit tiene que ver con esto: alguien lo ve, y otros no lo quieren ver. Con la también reciente guerra comercial entre Estado Unidos y China se va a marcar un cambio de tendencia: antes se abrían mercados y se tumbaban aranceles, ahora vamos -si nadie lo remedia- a lo contrario. A los que hemos dejado de ser el centro del mundo nos valdrá luchar por que permanezcan sólidas las pequeñas integraciones de algo tan conveniente como el comercio.
 Creo que Gran Bretaña le va a pillar la historia con el paso cambiado. El aeropuerto más importante de Europa no va a seguir siendo el de un país fuera de Europa, la famosa City londinense  se va a quedar un poco grande para el mercado local. Bancos, seguros, fábricas...
Y todo parte del inconformismo, alguien que promete algo parecido al paraíso nacionalista, y se llega a algo peor, si se les hace caso.
Mientras tanto yo me hago viejo y me concentro en esta huerta que me proporciona por varios meses la mitad de lo que comemos en mi familia; además, me sobran bastantes productos para regalar o vender. ¿no es para conformarse?

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