miércoles, 10 de abril de 2019

Extremización.

Ayer salieron encuestas sobre el voto del próximo día 28. El País destaca que, en Barcelona el partido  de ultraderecha Vox triplicaría al Partido Popular y superaría al partido Junts per Catalunya, que es el partido independentista de centro derecha donde militan Puigdemont y Torra, los dos últimos presidentes de esa autonomía.

Es una mala noticia: aumenta Esquerra Republicana, que es más independentista y más coherente que Junts per Catalunya; pero también una considerable parte de los españolistas se hacen más radicales en este camino. Estoy seguro de que hoy existen pequeños enfrentamientos físicos entre catalanes españolistas e inependentistas, porque los dos se han radicalizado, no cabe duda. Serán discusiones, insultos, boicots, putaditas, algún empujón, puñetazo, vandalismo... Nada que merezca salir en los periódicos.

Es lo que trajo la crispación del referéndum. Donde había convivencia, más o menos, ahora hay mucho maltrato, obcecación, ruptura... Pasa lo mismo con un matrimonio, a veces las situaciones se crispan y, en el mío por lo menos, hasta ahora se  reconducen, con más tiempo y desgaste o menos tiempo y menos desgaste: el problema es cuando se contrata un abogado que presenta unos papeles ante el juez, ahí ya todo el mundo se queda retratado, encarado, es una foto casi fija que cuesta mucho revertir. Creo que en mi historia profesional jurídica alguna vez alguien retiró los papeles pidió la cuenta a los abogados y siguieron como matrimonio, pero si ha sucedido esto alguna vez, que no estoy seguro, será una entre cien. Lo más normal es que ante la vacilación uno, o una, haya dicho: "ya que me he metido en esto, voy hasta el final".

La guerra civil española (aprendamos de la historia) nos puede ayudar. Afortunadamente no estamos ahí: hoy casi todos tenemos casa, coche, dinero, trabajo, y eso nos evita precipicios como el de 1936, pero sí sucedió y hoy vemos lo mismo, que a partir del golpe militar todo el centrismo desapareció: todos se hicieron extremos, los de la Ceda y otros partidos de derecha o de centro, se hicieron falangistas y los de izquierda republicana y similares se hicieron comunistas, o anarquistas. Tomaron la calle los brutos, y nadie les paró, ni en fusilar izquierdistas, ni en fusilar curas monjas o derechistas, maestros, quemar iglesias, rapar mujeres, pegar palizas...

Es el mal camino: pegar una patada en la mesa.

Sigamos confiando en que los bienes materiales no fallen, porque si no veríamos otra vez sangre de verdad. Y creo que parte de estas reflexiones también se pueden aplicar al Brexit de pasado mañana.

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