lunes, 2 de octubre de 2017

El divorcio no es solución definitiva cuando hay muchos quereres. (buenos y malos)


A veces no hay solución. El único paliativo es envejecer y calmarse. Hablo por experiencia profesional. Por supuesto que es fácil divorciarse cuando los dos trabajan y no tienen deudas, ni hijos. Mejor todavía si no hay una vivienda comprada. Así hace un divorcio de común acuerdo cualquiera. Lo peor de los divorcios son las deudas compartidas, que de esas no hay quien se divorcie.Cuando este trabajador de la justicia va a pedir a ese tipo de exmatrimonios, le dicen que no pueden pagar, <<que le pidas a él que trabaja “en negro”>> o <<que te lo de el chulo que la mantiene a ella>>. Y las deudas siguen, con los intereses, gastos y costas, engordando como un tumor y haciendo metástasis, en el patrimonio de los dos y en la seguridad de sus descendientes. Porque luego están los hijos, yo con la niña mayor ya no me entiendo, pero la pequeña me adora, y a sus abuelos también que están muy tristes porque casi no pueden ver a su nieta favorita”,lo que me jode es que el cabrón de tu compañero duerma en el mismo techo que mi hija: no me fío”. O sea que el encabronamiento, aunque no haya convivencia, sigue: “Yo no se los dejo, mi ex está loco, mira lo que pasó con el Bretón” “mira, la mayor no quiere ni saber de él”
Un divorcio como solución salomónica de partir niños por la mitad deja muchas veces niños mutilados, que son tristes y conflictivos. Lo diré más claro: tengo “clientes” por lo penal que son hijos de divorcios contenciosos. No sé si también los tendría caso de que sus padres hubieran luchado un poco por “aguantarse” o por permanecer a flote.

Estoy hablando de Cataluña. No sería importante si no tuviéramos nada que ver, si fuera una historia fácil y corta como Chekia y Eslovaquia, que hasta el nombre se pudo separar sin romper (por cierto, mucha gente no se ha enterado de que aquello pasó y todavía siguen diciendo Checoslovaquia). En Cataluña hay cientos de matrimonios mixtos, de hijos mixtos, de hogares mixtos, de ríos mixtos, de carreteras y trenes mixtos, de empresas mixtas y de deudas mixtas.


Una frontera es una anomalía en el paisaje y en el paisanaje. Querer ponerla donde nunca la hubo, puede ser lícito y también es probable que sea la solución menos mala. Pero no me nieguen que eso es antinatural, y que hay que pensárselo mucho.

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